Ya es casi tradición para nosotros preparar un viaje navideño en el mes de diciembre, y cuando se empiezan a valorar las opciones de los destinos, es inevitable que los ojos se vayan a Alemania, porque la manera en la que viven esta época, la verdad que a nosotros nos gusta mucho. Nuestra primera experiencia de viajes centrados especialmente en la Navidad fue por Francia, visitando la región de Alsacia, y la segunda nos llevó a otra zona de Alemania, con un viaje por Baviera. Para esta tercera, al final nos decidimos por repetir de nuevo en el país teutón, pero cambiando de zona, y tomando como lugar principal del viaje Colonia, lo que nos llevó a plantear la ruta por toda esa parte del país alrededor de Rin.

Esta zona incluye dos regiones o estados-federados alemanes, Renania del Norte-Westfallia, por la que fue la mayor parte del itinerario, y Renania-Palatinado, en donde visitamos también algunos lugares. Se trata de la parte oeste de Alemania, haciendo frontera con Francia, Luxemburgo, Bélgica y los Países Bajos, siendo un potente foco industrial del país y una región densamente poblada, con grandes ríos como el Rin, que la atraviesa del sur hacia el norte y otros afluentes como el Mosela o el Ruhr.

En cuanto a clima, estamos en centro Europa, así que no esperes que en diciembre puedas dejar el abrigo en casa, o que puedas despreocuparte del paraguas. En general, aunque hace frío, no se dan unas temperaturas demasiado extremas, ni condiciones de lluvia o nieve que obliguen a cancelar visitas, así que con prepararte para un clima frío y con algo de lluvia, debería ser suficiente.

Son varias las ciudades importantes que se extienden por Renania, como Colonia, Mainz, Duisburgo, Dusseldorf, Dortmund, Bonn, Essen, Aquisgrán o Moenchengladbach, entre otras. Teníamos por tanto muchos posibles destinos entre los que elegir para nuestro viaje, terminando el itinerario final como exponemos a continuación, dados los días con los que contábamos; pudiendo también consultar si quieres el mapa con nuestros destinos en el siguiente enlace:

  • Día 1: Luxemburgo – Münster
  • Día 2: Münster – Aquisgrán
  • Día 3: Aquisgrán – Monschau – Colonia
  • Día 4: Colonia
  • Día 5: Colonia – Coblenza – Treveris

Emprendimos el viaje desde el aeropuerto de Luxemburgo hasta Münster, lo que supone unos 340 kilómetros en dirección hacia el norte, en los que se tarda alrededor de cuatro horas. El camino casi siempre se hace por autopista, pero atravesamos varias zonas de obras que te hacen ir más lento, pese a lo cual es bastante cómodo.

Se trataba del desplazamiento más largo de toda la ruta, así que nos tocó madrugar un poco, llegando así a Münster alrededor del mediodía, para dirigirnos directos al hotel para acomodarnos, dejar el coche y preparar un poco lo que sería la visita, que se puede realizar a pie sin ningún problema, más allá de la climatología, que en nuestro caso no fue muy favorable, ya que estuvo lloviznando todo el día que pasamos allí.

Münster es una ciudad que destaca por su numerosa población universitaria y por la gran cantidad de gente esplazándose en bicicleta con la que te encontrarás, y además, la ciudad ha sido protagonista de varios eventos históricos importantes, ya que por ejemplo allí se firmó en 1648 la Paz de Westfalia, que puso fin a la Guerra de los Treinta Años, que involucró a buena parte de los países europeos.

Nosotros nos centramos principalmente en un recorrido por el centro histórico, que se extiende en torno a la Prinzipalmarkt, en donde destacan las fachadas renacentistas y góticas, sobresaliendo sobre el resto de edificaciones el Historisches Rathaus o Ayuntamiento histórico, en donde se puede visitar el Salón de la Paz, escenario de la firma del tratado de paz que finalizó la Guerra de los Treinta Años.

Otros lugares destacados son la Iglesia de St. Lamberti, la St. Paulus Dom o Catedral de San Pablo y el el Schloss Münster, antigua residencia del Príncipe-Obispo de la ciudad y que en la actualidad es la sede de la Universidad de Münster, a donde se llega atravesando el Kuhviertel Quarter, una parte de la ciudad más conocida por sus restaurantes, locales de ocio o galerías de arte.

Además, se puede dar un paseo por el Promenade, un cinturón verde que rodea el casco histórico de Münster, o disfrutar del Lago Aase, aunque nosotros no hicimos estas actividades, debido al día lluvioso que tuvimos, y que son opciones más para época de primavera o verano, cuando el clima es mejor y los días se alargan más en sus horas de luz.

Nosotros nos centramos más en disfrutar los mercadillos navideños, siendo el principal el Rum um das Rathaus, que se sitúa alrededor del Ayuntamiento, pero habiendo otras opciones en esta misma zona de calles del centro histórico, como el X-MS Weihnachtsmarkt, en torno a la Harsewinkelplatz; el Lichtermarkt St. Lamberti, con sus características casetas blancas y azules junto a la Iglesia de St. Lamberti; o el Giebelhüüskesmarkt, situado en la Überwasserkirchplatz, junto a la Iglesia de Überwasser. Completan la oferta navideña en la ciudad el Weihnachtsdorf am Kiepenkerl, en torno a la estatua Kiepenkerl; y el Aegidii-Weihnachtsmarkt, situado en la plaza Aegidi.

Puedes consultar nuestra experiencia por Münster con más detalle aquí, aunque la verdad que nuestro día se podría resumir en que no tuvimos mucha suerte, desluciendo las cosas un poco la lluvia, dejándonos con la sensación de que esta ciudad seguramente en primavera luzca mucho más, aunque el ambiente de los mercadillos nos gustó y nos pareció bastante animado, siendo un lugar perfecto para visitar a pie durante un día.

El segundo día tocó madrugar de nuevo para emprender viaje, desplazándonos hasta Aquisgrán, o Aachen en alemán, en un viaje de unos 210 kilómetros, que nos llevó casi dos horas y media, y que se hacía en buena parte por las mismas autopistas que fuimos el día anterior, por lo que atravesamos también varias zonas de obras.

Llegamos a Aquisgrán sobre las 11 de la mañana, y en esta ocasión fuimos directos a la visita por la ciudad, y aquí, desde el primer momento, verás que hay una figura histórica que marca todo lo relativo al lugar. Esa figura es la de Carlomagno, el emperador que nació y murió aquí, convirtiendo Aquisgrán en su residencia favorita, y dejando un legado que hizo que posteriormente, durante siglos, se coronara aquí a los reyes alemanes.

Si hay un lugar en Aquisgrán que destaca sobre el resto, ese es la Catedral, o Aachener Dom, un templo construido por mandato del emperador Carlomagno, que es considerado como la Catedral más antigua del norte de Europa, y es que fue realizada a finales del siglo VIII, al menos en su origen, que es la llamada Capilla Palatina, un espacio de planta octogonal, que es el principal exponente del arte carolingio.

Muy cerca encontramos el Ayuntamiento Aachener Rathaus, otro de los edificios emblemáticos de Aquisgrán, construido sobre las ruinas del antiguo Palacio de Carlomagno, y en la plaza entre el Ayuntamiento y la Catedral, llamada Katschhof se puede visitar el Centro Carlomagno, para conocer un poco más acerca de la historia de la ciudad.

En esta zona del centro histórico podemos tomar un respiro en Elisengarten, ideal en días soleados para sentarte un rato y descansar, un pequeño parque junto a Elisenbrunnen, otro de los lugares más conocidos en Aquisgrán, una fuente integrada en una edificación de estilo neoclásico, que da fe de que la ciudad es conocida también por sus aguas termales.

Si optas por un viaje más enfocado al relax, puedes visitar las Termas, o Carolus Thermen, y además, algo más alejadas del centro histórico, puedes visitar dos puertas medievales que se conservan de la antigua muralla de la ciudad, Ponttor Kleinmarschiertor.

En cuanto a la Navidad, los mercadillos se extienden por las calles aledañas a Catedral y Ayuntamiento, y en el Katschhof entre ambos, y la verdad que están muy animados, pudiendo encontrar mucha oferta gastronómica, entre la que no falta las galletas tipicas locales o Printen.

Para consultar nuestra experiencia por Aquisgrán al completo, puedes verla aquí, pero a modo de resumen, sólo podemos decir que merece mucho la pena la visita, con una ciudad cargada de historia y con mucha vida, en la que encontramos numerosos grupos de escolares y de turistas, y en la que los mercadillos navideños tienen un encanto especial. Se puede incluso aparcar de forma gratuita no demasiado lejos del centro, y visitar todo a pie, así que si te planteas una ruta por la zona, Aquisgrán debe ser una de las paradas.

Tercer día de la ruta, y tercer desplazamiento, moviéndonos en esta ocasión hasta Monschau, una pequeña localidad dentro del Parque Nacional Eifel, muy cerquita de la frontera alemana con Bélgica, un país en el que de hecho entrarás de forma testimonial en algún momento durante el viaje. El trayecto fue de unos 40 kilómetros, y se tarda alrededor de 50 minutos, casi todo por carreteras secundarias, así que, como consejo, tómalo con calma con el coche y respeta los límites de velocidad, porque los radares no están señalizados como en España, y las multas llegan.

Una vez se llega al pueblo, no se puede entrar en el casco urbano con el coche, habiendo varios espacios poco antes bien señalizados para aparcar. Nosotros de hecho fuimos en fin de semana y ya había una persona señalizando para entrar en uno de los parking más alejados, en el que tendrás que pagar parquímetro, siendo el precio de 2 euros la hora o de 7 euros por todo el día.

Este parking en el que dejamos el coche, está junto a uno de los lugares a visitar en Monschau, el Senfmühle o molino de la mostaza, un producto típico aquí y que se elabora de forma tradicional y que puedes comprar aquí, junto a otras cosas típicas. Desde ahí, se inicia el camino cuesta abajo hacia el pueblo en sí, tardando unos diez minutos caminando.

Desde que entras en Monschau te das cuenta de la belleza del lugar, con calles empedradas y bien cuidadas, entre edificios de entramado de madera, en un entorno natural idílico, entre las laderas de las montañas, y atravesado por el río Rur.

Son varios los puntos a visitar en el casco urbano, como por ejemplo la Rotes Haus, o Casa Roja, ya que literalmente es de este color. Esta mansión, ahora reconvertida en museo, perteneció a la familia Scheibler, importante en la localidad gracias al comercio de telas, una de las industrias que hizo florecer a Monschau. Además, muy cercana encontramos la Iglesia Evangélica con su torre coronada por un cisne.

También hay la posibilidad de realizar un pequeño camino panorámico llamado el Langer Pfad. Se realiza subiendo unas escaleras, que te llevan a las ruinas Haller, situadas en un alto junto a Monschau y desde donde tendrás las mejores vistas de este lugar. El camino es todo cuesta arriba, y si llueve hay que tener algo de cuidado, pero se puede hacer bien y merece la pena subir.

Desde aquí tendrás las mejores vistas a otros de los atractivos de Monschau, el Castillo, que se levanta en otra ladera junto al pueblo, y fue construido hacia el siglo XIII y que hoy en día funciona como albergue juvenil, después de haber estado en ruinas.

Recorridos estos puntos, sólo queda explorar las calles de Monschau, con algunos lugares con mucho encanto, y fuentes curiosas como la que homenajea a los que fueron trabajadores del sector textil. También merece la pena pararse en los puentes sobre el río y admirar no sólo el paso del Rur, sino las bonitas casas que se levantan a un lado y otro.

Destacar durante el mes de diciembre el bonito mercadillo navideño que se celebra por sus calles, que añade aún más belleza a un lugar ya de por sí muy fotogénico y en el que merece la pena pasar al menos medio día para visitarlo con calma y disfrutar de cada uno de sus rincones.

Tras el medio día que pasamos en Monschau, el resto de esa tercera jornada de la ruta nos desplazamos hasta Colonia, en un trayecto de unos 100 kilómetros que lleva algo más de 1 hora y cuarto, empezando por carreteras secundarias para pasar después a autopista en la segunda parte del viaje.

Colonia, o Köln en alemán, es una ciudad vibrante atravesada por el río Rin, que vive con intensidad algunas festividades como el Carnaval o los mercadillos navideños. Y además ofrece una amplia variedad de atractivos, tanto a nivel monumental como a nivel cultural, para hacer que tu experiencia durante dos días en la ciudad sea intensa y fructífera.

Lo primero que hicimos, fue dirigirnos al entorno de la Catedral o Kölner Dom, una visita obligada para admirar un templo declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y que impresiona. Pero son muchos más los puntos de interés que puedes encontrar en Colonia, como por ejemplo el Puente Hohenzollern o Hohenzollernbrücke, un puente ferroviario reconstruido tras la Segunda Guerra Mundial que se puede atravesar también caminando, ofreciendo unas vistas espectaculares con la Catedral al fondo.

También en la ribera del Rin, pero ya del lado del centro histórico de nuevo, puedes encontrar lugares tan fotogénicos como Fischmarkt, una antigua plaza de la época medieval en la que se vendía el pescado fresco que llegaba a través del río. Tras esta plaza se puede divisar además la Gran Iglesia de San Martín o Gross St. Martin, uno de los templos de estilo románico que hay en Colonia.

Adentrándote más hacia el centro histórico, son muchas las plazas y calles por las que perderte en tu paseo, con lugares como el Ayuntamiento Kölner Rathaus, que es el más antiguo de Alemania, al tener más de 900 años de historia. Destacan también lugares como Altermarkt o Plaza del Mercado viejo, donde puedes entrar a alguna de sus cafeterías a probar una Kölsch, la variedad de cerveza propia de Colonia, que te servirán en un vaso de 20cl para que puedas tomarla siempre fresca.

Muy cerca también está Heumarkt, otra histórica plaza, presidida por la enorme estatua ecuestre de Friedrich Wilhelm III, desde donde se puede emprender el camino hacia Schildergasse, la principal calle comercial en la actualidad de Colonia.

Una vez atravesada esta calle repleta de las tiendas de moda, llegarás a otra de las plazas más conocidas de Colonia, Neumarkt o Plaza del Mercado nuevo, desde donde empezarás a divisar la bonita Basílica de los Santos Apóstoles o Basilika St. Aposteln, otra de las iglesias románicas de la ciudad. Esta es sólo una parada antes de llegar a Hahnentor, una de las puertas de la antigua muralla defensiva con la que contaba Colonia en la época medieval.

Esta podría ser una opción de ruta por Colonia con lugares para visitar durante dos días, pero en el mes de diciembre, a todo eso hay que añadir la presencia de los mercadillos navideños en la ciudad. Sin tener los mercados con más tradición, ya que aquí comenzaron a celebrarse en el siglo XIX, sí que Colonia cuenta con gran variedad y mucho encanto en todas las opciones que ofrece a los visitantes que buscan estos lugares.

Nosotros pudimos conocer hasta cinco diferentes, y todos con una ambientación diferente. El principal, se sitúa en Roncalliplatz, junto a la Catedral y es el denominado como Weihnachtsmarkt am Kölner Dom.

Desplazándote hacia Altermarkt, puedes encontrar el Heinzels Wintermärchen o mercado de los enanitos, que se extiende por esta céntrica plaza y la cercana Heumarkt.

La tercera de las opciones de mercadillos navideños la encontramos en Neumarkt, con el Mercado del Ángel o Markt der Engel, con sus típicas casetas de madera blancas.

Tampoco te puedes perder el Mercado de Nikolausdorf, en Rudolfplatz, junto a Hahnentor, con sus típicas casetas de entramado de madera.

Por último, junto al río y al lado del Museo del Chocolate, encontramos el Kölner Hafen Weihnachtsmarkt, un mercadillo en el que los puestos se instalan en carpas blancas que simulan las velas de los barcos que surcaban el río, y en el que también destaca la gran noria.

Como ves, hay un sin fin de cosas para hacer en Colonia, pudiendo incluso completarlo con la oferta cultural que ofrece la ciudad. Lugares como el Museo Ludwig, con una importante colección de arte contemporáneo, el Museo Romano-Germánico para entender mejor la historia de la ciudad, el Museo del Chocolate, ideal si vas con niños, o el Museo del Perfume, ya que aquí fue donde se creo el famoso Eau de Cologne en el siglo XVIII; son opciones estupendas para los viajeros, que pueden también visitar lugares singulares como el mirador del Koelntriangle, que ofrece unas grandes vistas de la Catedral y el Puente Hohenzollern.

Y es que Colonia es una ciudad con muchas posibilidades y en la que lo difícil es aburrirse, convirtiéndose así en una parada imprescindible si vas a hacer una visita por esta zona alemana de Renania. Si quieres, puedes consultar toda nuestra experiencia, con más detalle, siguiendo este enlace.

Comenzamos nuestro último día de ruta por Renania emprendiendo el camino de vuelta hacia el aeropuerto, pero no sin antes hacer algunas paradas, aprovechando que nuestro vuelo era a última hora de la tarde. La primera de esas paradas fue en Coblenza, o Koblenz en alemán, tras un viaje de casi 120 kilómetros y alrededor de una hora y cuarto.

Esta ciudad, ya en el estado-federado de Renania-Palatinado, fue fundada por los romanos, y su centro histórico se puede visitar a pie sin problema, al no ser demasiado grande. Situada en la confluencia de los ríos Rin y Mosela, precisamente por ese punto comenzamos la visita, en el llamado Deutsches Eck o esquina alemana. En este punto en el que el Mosela vierte sus aguas al Rin, se instaló a finales del siglo XIX un gran monumento para gloria del Imperio Alemán recién creado, con una estatua ecuestre del Emperador Guillermo I de Alemania.

El monumento fue destruido en la Segunda Guerra Mundial, pero posteriormente se quiso resignificar el lugar y se ubicó un mástil con una gran bandera alemana en el pedestal en el que antes estaba la estatua, queriendo darle el significado como Monumento a la unidad alemana. Así se mantuvo hasta que en 1993 se decidió restaurar de nuevo la gran estatua, reconstruida y colocada no sin cierta polémica, quedando como se puede ver hoy en día.

La visita se puede continuar por la cercana Basílica de San Cástor o Basilika St. Kastor, cuyos orígenes se remontan al sigo IX. Se trata de un templo católico, con dos grandes torres, que cuenta con un interior bastante sencillo. En el exterior se puede ver también la fuente Kastorbrunnen.

En la zona cercana al río, en la parte del Rin, se encuentra también el Palacio de los Príncipes Electores o Kufürstliches Schloss, un gran edificio de estilo neoclásico francés en el que por ejemplo residió el entonces Príncipe y después Emperador Guillermo I durante algunos años.

Adentrándonos ya por el centro histórico, destaca la llamada Columna de la Historia o Historiensäule. Ubicado en la Josef-Görres-Platz, esta columna de 10 metros de altura narra la historia de Coblenza desde su fundación hasta nuestros días. En diciembre, esta plaza cuenta además con un pequeño mercado navideño, que le da un aire diferente.

Estamos ya moviéndonos por el centro histórico, y por aquí se ven en varios puntos puestos de los mercados de navidad, que cohabitan con otros puntos de interés turístico como la Fuente Schängel, uno de los símbolos de la ciudad, o la Iglesia de Nuestra Señora o Liebfrauenkirche, un templo que tiene su origen en el siglo XIII, en el que destacan sus vidrieras, su bóveda o su órgano.

Como decimos, por estas calles y plazas encuentras los puestos navideños, que le dan un encanto especial a la ciudad en estas fechas, y que fueron el broche perfecto para finalizar nuestro recorrido por el centro histórico.

Pero nos quedaba una última parada aún en Coblenza, cruzando a la orilla contraria del Rin para subir a la zona de la Fortaleza de Ehrenbreitstein, un lugar visible desde cualquier punto de la ciudad, y que domina desde lo alto la unión de los dos ríos. Se puede visitar, aunque dado que no teníamos mucho tiempo, no entramos. En nuestro caso, lo que sí aprovechamos es para subir a un mirador muy cercano a la entrada de la fortaleza, desde el que se tienen unas grandes vistas del Rin y el Mosela, además del Deutsches Eck y toda la ciudad.

Sólo fue una mañana en Coblenza, por lo que no pudimos exprimir la visita demasiado, pero la verdad que este lugar nos dejó un poco fríos. Tiene cierto encanto, pero creemos que si vas justo de tiempo, no entraría dentro de los imprescindibles. Puede que no la viéramos en todo su esplendor porque el día estaba lluvioso y era aún temprano, así que los puestos de los mercadillos aún no habían abierto en su totalidad. También nos faltó visitar el Castillo de Stolzenfels, situado a unos 9 kilómetros de la ciudad, y declarado Patrimonio de la Humanidad como parte del Valle central del Rin. Pero en definitiva, nos convención sólo a medias Coblenza, aunque tampoco es que sea una mala opción para visitar.

La ruta por Renania la íbamos a aprovechar hasta el último momento, así que teniendo que volver al aeropuerto de Luxemburgo para coger el vuelo de vuelta, la última parada del viaje no podía ser otra que Tréveris. El viaje desde Coblenza son casi 130 kilómetros, y se llega aproximadamente en una hora y cuarto, en un camino que transcurre siempre por autopista.

Tréveris o Trier en alemán, fundada por los romanos en el 16 a.C., es conocida como la ciudad más antigua de Alemania, en un honor que comparte con la localidad bávara de Augsburgo. Situada muy cerca de la frontera con Luxemburgo, a sólo 15 kilómetros, era una parada ideal para nuestra ruta, y no sólo por su ubicación, sino también por su rica historia. Y es que esta localidad del estado federado de Renania-Palatinado cuenta con la declaración de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco para el conjunto formado por sus monumentos romanos, la Catedral de San Pedro y la Iglesia de Nuestra Señora.

La verdad que no planificamos del todo bien, y al final nos arrepentimos del tiempo dedicado a Coblenza, en vez de haber podido pasar más en Tréveris. Llegamos allí sobre las 15:00 y lo primero fue dejar el coche en un aparcamiento privado céntrico. Llegamos así rápido a Hauptmarkt, donde se instala el mercadillo navideño de la ciudad.

Ahí teníamos que decidir si parar a comer o visitar de forma rápida un poco los monumentos cercanos, ya que la noche caería pronto, así que para aprovechar la luz de día que quedaba, decidimos lo segundo. Por tanto, emprendimos camino por Simeonstraße, una de las calles que sale desde Hauptmarkt, y que te lleva directamente hasta la Porta Nigra, el principal símbolo de Tréveris. Esta puerta monumental, construida en época romana, impresiona por su forma y tamaño. No es una puerta al uso como podría imaginarse o verse en otros lugares, sino que estamos ante una gran mole de piedra que se alza majestuosa, y cuyo tono oscuro le da su denominación, manteniéndose a lo largo de los años en pie y siendo testigo de los cambios que iba sufriendo Tréveris.

Muy cerca, podemos ver una estatua dedicada a uno de los personajes ilustres nacidos en la ciudad de Tréveris. No es otro que Karl Marx, cuya casa natal también se puede visitar, ahora convertida en Museo.

Volviendo ahora hacia Haupmarkt, por otra de las calles que sale desde esta plaza del centro, se puede divisar la Catedral de San Pedro de Tréveris o Dom St. Peter zu Trier. Se puede entrar de manera gratuita en este templo católico, y la verdad que merece mucho la pena. Se considera como la más antigua de Alemania, ya que la Catedral incorpora restos de una antigua iglesia del siglo IV. Con un interior bastante grande, los altares se suceden en los laterales, y si avanzas, se puede subir a una capilla tras el altar, que guarda el tesoro más preciado de la Catedral, la Santa Túnica, que eso sí, no se puede ver habitualmente. La capilla únicamente se abre durante los ‘dias de la Santa Túnica’ después de Pascua, por lo que normalmente sólo se puede ver el recipiente donde está guardado desde detrás de la puerta.

Saliendo de nuevo a la plaza donde se ubica la Catedral, contigua a ella encontramos la Iglesia de Nuestra Señora o Liebfrauenkirche. Esta iglesia, construida en el siglo XIII, de estilo gótico, cuenta con una portada destacada, pero nos quedamos con ganas de poder ver el interior, ya que estaba cerrada. Además, dada su cercanía a la Catedral, ambas están unidas por el Claustro, aunque tampoco pudimos acceder a esa parte.

Al final, ya a esas alturas caía la noche, así que decidimos dejar de andar con prisas, y disfrutar del mercadillo navideño tranquilamente, que la verdad que tenía muy buena pinta también. Lo primero era comer algo, optando en este caso por un Flammkuchen, que es el nombre alemán para la Tarte Flambée alsaciana. Esta comida también es típica de la región del Palatinado, y junto con un Glühwein, fue la mejor manera para despedirnos de la ruta de cinco días por Renania, que vivimos intensamente y exprimimos al máximo.

En cuanto a Tréveris, como ya pusimos antes, nos dejó con ganas de más, porque lo que vimos nos gustó bastante, y quedaron muchas cosas más en el tintero. Las Termas, el Anfiteatro o el Puente Romano, la Basílica de Constantino o el Palacio de los Príncipes Electores son lugares destacados también en la ciudad, incluidos la mayoría de ellos en la declaración de Patrimonio de la Humanidad. Por tanto, cuando volvamos a viajar por esta zona, seguro que volveremos a hacer una parada para poder ver con más calma y más a fondo la ciudad, que merece dedicarle un día.

Este viaje lo hicimos a primeros del mes de diciembre de 2024, aprovechando los días del puente de la Constitución y la Inmaculada, y como ya nos había pasado en viajes anteriores, el vuelo lo cogimos desde el Aeropuerto de Porto, ya que nos salía un poco más barato. La salida fue el 4 de diciembre, y la vuelta el día 9 del mismo mes, y aunque la parte principal del viaje era por Alemania, el vuelo nos salía a mejor precio al Aeropuerto de Luxemburgo, así que ahí fue donde aterrizamos y pasamos el primer día y la primera noche, siendo después cuando comenzamos la ruta hacia Alemania, que duró un total de 5 días y 4 noches.

El vuelo lo hicimos con Ryanair, y pagamos suplemento para poder llevar maleta de cabina y mochila, quedando el precio final del viaje de ida y vuelta por 99,48 euros por persona.

Una vez llegados a Luxemburgo, cogimos el coche de alquiler ya el primer día, aunque no lo utilizamos en esa ciudad. Miramos para cogerlo el segundo día, ya que el hotel que cogimos estaba al lado del aeropuerto, al que incluso se podía llegar caminando, pero extrañamente el precio del alquiler por seis días nos quedaba un poco más caro que por cinco, y por eso lo hicimos así, quedando todo ese día aparcado el coche en el hotel. En esta ocasión alquilamos con Thrifty, una de las marcas con las que opera Hertz, en Rentalcars, quedando el precio final en 245,62 euros por los seis días, por un Ford Puma, con el que no tuvimos ningún problema durante el viaje.

Como siempre hacemos, os dejamos aquí las elecciones de hoteles que hicimos durante nuestra ruta, en vez de dejar varias opciones, ya que no nos gusta aconsejaros algo que no hayamos probado, así que solamente os podemos contar cómo fue nuestra experiencia en cada sitio, teniendo en cuenta la comodidad de la habitación y las instalaciones, y la ubicación en sí del alojamiento, que eso sí, siempre buscamos que sea una habitación para dos personas y con baño privado.

Las búsquedas son prácticamente siempre a través de Booking, y tratamos de hacerlas con la mayor antelación posible y con cancelación gratuita incluida, aunque en este caso sólo pudimos reservar con un mes aproximadamente de antelación, y dada la demanda que hay siempre en Alemania en diciembre, eso nos limitó un poco en algunas elecciones, como veréis en las descripciones. Además, en este caso, como el viaje lo hacíamos con coche de alquiler, indagamos también sobre las opciones de aparcamiento propio del hotel o la posibilidad de aparcar en la zona en la que esté, algo que solemos hacer a través de los comentarios de los hoteles en Booking, filtrando la palabra ‘parking’ para conocer la experiencia de otros viajeros que hayan estado antes en esos sitios.

Con todos estos parámetros, estas fueron nuestras elecciones para las cuatro noches que pasamos en Alemania, donde vaya por delante, según nuestra experiencia, los hoteles no son especialmente baratos, pero se puede encontrar cosas bastante decentes en un rango de 80-90 euros para dos personas por noche, sin grandes lujos, pero cumpliendo bien, y con suerte, incluso con desayuno incluido, aunque en nuestro caso, esta vez no fue así.

La primera noche en la ruta por Renania en Alemania fue en Münster, y la verdad que esta vez no acertamos demasiado en la elección que hicimos. No encontramos demasiadas cosas con una buena ubicación, al menos a un precio que no fuera excesivamente alto, así que al final nos decidimos por el Sleep Station Hostel, que estaba bien ubicado para visitar la ciudad a pie, y que contaba con espacios comunes en los que podías calentar comida o hacer café, pero que resultó algo incómodo, con una habitación muy pequeña en la que no había mucho más espacio que el de la cama, que tampoco era especialmente cómoda.

Tampoco vimos durante nuestra estancia a ningún trabajador en la recepción, pese a que marcaba un horario de atención presencial, pero bueno, al menos no nos salió especialmente caro, porque pagamos 78’42 euros, y nosotros tampoco somos de pasar mucho tiempo en el hotel, así que para una noche puede pasar pese a las incomodidades. Además en cuanto al aparcamiento, las calles en los alrededores son de pago, pero encontramos no muy lejos una calle residencial en la que preguntando, nos dijeron que creían que se podía aparcar sin pagar, y tampoco nos multaron al recoger el día siguiente, así que ese gasto pudimos ahorrarnoslo.

La segunda noche de la ruta fue en Aquisgrán, o más bien cerca de esta ciudad, porque no encontramos nada con precio razonable allí, así que nos tuvimos que ir a Eschweiller, una localidad más pequeña a veinte minutos, en la que nos alojamos en el hotel Triple Twenty, un lugar recientemente reformado y que sin tener grandes lujos, la verdad que nos pareció que estaba bien, con una habitación amplia y tranquila y un baño algo sencillo, pero equipado de sobra para nuestras necesidades. El precio por la noche fue de 81 euros, sin desayuno, pero el hotel cuenta con un espacio propio, al aire libre, para aparcar el coche, así que en ese sentido resultó muy cómodo.

Como curiosidad, la verdad que al reservar nos llamó la atención el nombre del lugar, eso de Triple Twenty nos resultaba curioso, y no tuvimos que esperar demasiado para descubrir el por qué, y es que entramos por un bar que tiene en el piso de abajo, y había bastante gente en un campeonato local de dardos, que parece ser que juegan allí semanalmente. De primeras nos asustó un poco, porque estaban armando algo de jaleo, pero luego al pasar a la zona de las habitaciones, la verdad que estaba bastante aislado del ruido de esa zona y no tuvimos ningún tipo de problema durante la noche.

Para la tercera noche y la cuarta noche repetimos sitio, ya que fueron los días de la visita a Colonia. Aquí tampoco tuvimos mucha opción de coger algo cerca del centro, porque se nos iba de precio, así que nos tuvimos que ir bastante a las afueras, y aún así fue el alojamiento más caro del viaje con diferencia. Al final, nos decantamos por el Hotel zum Jägerhof, que estaba a unos veinte minutos en coche del centro, y era el que más se ajustaba a lo que queríamos en precio, saliendo las dos noches por 217,35 euros sin incluir desayuno.

Había opción de ir desde el alojamiento al centro de la ciudad en transporte público, pero no era ni muy cómodo, ni demasiado rápido, así que nosotros optamos por movernos en coche y utilizar aparcamiento en el centro el primer día, y aparcar en la calle el segundo, que nos coincidió en domingo y no se pagaba. En el hotel había un mini aparcamiento para los huéspedes, con sólo tres espacios, pero en las calles aledañas al hotel se podía aparcar bien, así que no tuvimos problema en ese sentido.

En cuanto a la habitación, seguía un poco la línea de lo que hemos conocido habitualmente en Alemania, con un espacio bastante correcto, igual que la limpieza, sin grandes lujos, pero perfectamente funcional y permitiéndonos descansar con tranquilidad, que era lo que queríamos.

Finalizamos contando los gastos que nos llevó esta ruta, en los que incluímos el día previo al salto a Renania que pasamos en Luxemburgo. Por un lado, los alojamientos no son especialmente baratos, en una época de mucha demanda turística en la zona debido a los mercadillos navideños, aunque en general se pueden encontrar cosas decentes a un precio no muy elevado.

Además, como el objetivo del viaje eran precisamente los mercadillos, muchas de las comidas se pueden hacer en los puestos, que ofrecen mucha variedad y a un precio bastante más económico que si fueras a un restaurante, así que en ese apartado se puede ahorrar un poco. De la misma manera, esta vez no teníamos incluido ningún desayuno en nuestras estancias en hoteles, por lo que los hicimos comprando cosas en supermercados o directamente tomando algo cuando comenzábamos las visitas por las mañanas.

Por lo demás, el gasto del coche y de algún parking es inevitable, para poder visitar todos los lugares y desplazarte perdiendo el menor tiempo posible.

Con todo ésto, los seis días y cinco noches que estuvimos haciendo la ruta nos salieron por un total de cerca de 700 euros por persona, una cifra que podíamos haber bajado un poco de haber podido reservar los hoteles con algo más de antelación, pero que la verdad que no nos pareció demasiado elevada para todas las cosas que pudimos hacer.

Eso sí, como siempre ponemos en este apartado del presupuesto, la cifra está basada obviamente en nuestra experiencia, que no tiene que ser igual a la de otras personas que realicen el mismo viaje, pero tengan otros estándares a la hora de reservar alojamientos, comer o hacer compras. Por tanto, damos este valor como cifra aproximada si te quieres plantear un viaje en la misma época por esta bonita zona de Renania en Alemania.


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