La ciudad de Aquisgrán es uno de esos lugares a priori no tan conocidos de Alemania, pero que indagando un poco, descubres que tiene mucho que ofrecer. Llamada Aachen en alemán o Aix-la-Chapelle en francés, es la ciudad más occidental del país germano y se encuentra muy cercana a la triple frontera entre Alemania, Bélgica y Países Bajos. Los amantes de la historia seguro que han oído más de una vez el nombre de este lugar, ya que aquí nació Carlomagno, y fue su residencia favorita, además del lugar en el que posteriormente se coronó a los reyes alemanes.
Fue por tanto una de las paradas que marcamos en nuestra ruta por la región alemana de Renania, y allí pasamos un día conociendo el centro histórico de Aquisgrán y disfrutando también de sus animados mercados navideños. Y no fuimos los únicos turistas allí, ya que durante nuestra visita nos encontramos muchísimos grupos organizados visitando sus monumentos, principalmente de institutos y no sólo alemanes, lo que daba un ambiente bastante animado a la ciudad y da también una idea de la importancia histórica del lugar.

Nuestra primera parada, como es obvio en Aquisgrán, tenía que ser en la Catedral, o Aachener Dom, declarada Patrimonio de la Humanidad desde 1978 por la Unesco. Este templo, construido por mandato del emperador Carlomagno, es considerado como la Catedral más antigua del norte de Europa, y es que fue realizada a finales del siglo VIII, al menos en su origen, que es la llamada Capilla Palatina, núcleo a partir del cual luego fue creciendo hasta convertirse en una interesante mezcla de estilos arquitectónicos.


Y la verdad es que esta Catedral no deja indiferente a nadie. Ya por fuera tiene cierto atractivo, pero una vez dentro es fascinante, y además se puede visitar de forma gratuita o pagando si quieres verla con guía. Nosotros hicimos la visita por libre, y no somos expertos en arte ni arquitectura, pero la verdad que nos maravilló y nos pareció completamente diferente a cualquier Catedral europea que habíamos visitado antes, con la Capilla Palatina como joya principal.
Este espacio, con su planta octogonal, es una auténtica obra maestra, y es el principal exponente del arte carolingio. Originalmente era la iglesia privada del Palacio que había mandado construir Carlomagno, y merece la pena tomarte con calma la visita para admirarlo en todo su esplendor. Dividido en dos alturas y coronado con una gran cúpula central, los mosaicos y mármoles ennoblecen el lugar, con el trono de Carlomagno, como otro lugar destacado, una silla de piedra que posteriormente fue testigo también durante siglos de la coronación de los Emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico.








Merece la pena tomar con calma la visita para admirar los detalles y detenerte en los diferentes puntos de esta Catedral, que al menos nosotros encontramos bastante concurrida por las visitas de diferentes grupos, aunque pese a todo, disfrutamos mucho nuestro tiempo allí.



Tras esta visita, una vez salimos de la Catedral, en diciembre la plaza es sinónimo de mercadillo de navidad, que ya desde por la mañana tenía un gran ambiente por todos los puestos, así que fue nuestra primera parada para tomar el primer glühwein del día. Pero no sólo destacan aquí los puestos en Navidad, ya que también puedes ver varias tiendas en las que comprar Printen, unas galletas muy típicas y originarias de Aquisgrán, que se comen durante todo el año, pero especialmente en la época navideña.






Terminada la pausa, seguimos camino, subiendo hacia el Ayuntamiento o Aachener Rathaus, otro de los edificios emblemáticos de Aquisgrán, construido sobre las ruinas del antiguo Palacio de Carlomagno en el siglo XIV, y del que sólo se conserva hoy en día una torre. Se puede visitar de forma guiada, destacando la sala principal, en la que hay varios frescos que ilustran escenas de la vida de Carlomagno, y que es el lugar en el que cada año se hace entrega del Premio Carlomagno (como veis, todo en la ciudad gira en torno a la vida de este dirigente), una distinción a personajes destacados por su difusión de los valores europeos.







En nuestro caso, encontramos el Ayuntamiento con bastante ajetreo, ya que se estaban celebrando dos bodas, así que preferimos no entrar, y nos quedamos fuera, ya que enfrente se coloca otro de los mercadillos más importantes de la ciudad.
Con más protagonismo en este caso para los puestos de adornos navideños y artesanías, es una delicia pasear por sus casetas, pero el hambre comenzaba a apretar un poco, asi que decidimos explorar la última zona de mercado de Navidad que nos quedaba, situada en la parte de atrás del Ayuntamiento, entre este edificio del Rathaus y la Catedral, en la plaza Katschhof, un lugar con multitud de puestos de comida en los que escoger para disfrutar de la gastronomía alemana, al menos en nuestro caso, ya que optamos por unas salchichas y una ración de patatas.






Tras la comida, nos acercamos hasta Elisenbrunnen, otro de los lugares más conocidos en Aquisgrán, una fuente integrada en una edificación de estilo neoclásico, que da fe de que la ciudad es conocida también por sus aguas termales. También aquí se integra la oficina de turismo de la ciudad, por si quieres coger algo de información, y además, tras el edificio, se extiende un pequeño parque, Elisengarten, ideal en días soleados para sentarte un rato y descansar durante tu visita a Aquisgrán.



Quedan algunos lugares más para visitar si quieres, como el Centro Carlomagno, que se ubica en Kastchhof, entre el Ayuntamiento y la Catedral, con un precio de 6 euros por persona, y en el que se explica la historia tanto de Carlomagno como de Aquisgrán. También destacan en la ciudad las Termas, o Carolus Thermen, y dos puertas medievales que se conservan de la muralla, Ponttor y Kleinmarschiertor.
En nuestro caso, todos estos lugares no los visitamos, ya que preferimos dedicar el resto de la tarde a disfrutar de los mercados de Navidad, haciendo diversas compras y tomando algo, ya que nos gustó mucho el encanto que tenían.











Así estuvimos hasta última hora de la tarde, cuando nos desplazamos ya a nuestro hotel, que en este caso estaba a unos 20 kilómetros de Aquisgrán, en Eschweiller, una pequeña localidad mucho más tranquila y en la que, como no, también hay mercado navideño, mucho más modesto, pero al que acudimos después de hacer el check in en el hotel, para disfrutar de unas Reibekuchen para reponer fuerzas, que son unas tortitas rebozadas de patata, que se suele tomar con compota de manzana y que ya vimos en más lugares de esta zona de Alemania o en Luxemburgo, en donde se llamaban Gromperekichelcher.


Al final fue un día largo, pero bastante bien aprovechado por Aquisgrán, una ciudad que creemos que merece mucho la pena y que nos gustó mucho, tanto en su vertiente histórica como por su ambiente navideño, ya que a cualquier hora encontramos siempre los mercadillos muy animados, quedándonos únicamente la pena de no poder aprovechar hasta más tarde al no poder alojarnos en la misma ciudad, pero bueno, pese a todo mereció mucho la pena.
Plan de viaje
uestra visita a Aquisgrán formó parte de una ruta por la región de Renania que hicimos en Alemania, habiendo llegado en avión primero a Luxemburgo, donde alquilamos un coche. El vuelo, de ida y vuelta, fue entre Porto y Luxemburgo, y las fechas entre el 4 y el 9 de diciembre, volando con Ryanair. Pagamos el suplemento para poder viajar con maleta de cabina y mochila, por lo que el precio final de cada billete de ida y vuelta fue de 99,48 euros.
En cuanto al coche, alquilamos en el mismo aeropuerto de Luxemburgo, y por los seis días del viaje pagamos un total de 245’62€, alquilando con Hertz un Ford Puma, que resultó bastante cómodo para hacer toda la ruta planeada.
Y es que tras pasar el primer día en la ciudad de Luxemburgo, luego emprendimos camino al segundo día hasta Münster, dirigiéndonos a continuación hasta Aquisgrán. Todos los detalles sobre distancias, tiempos y carreteras de los viajes estarán en la entrada sobre la Ruta completa por Renania que realizamos.
Dónde alojarse
Debido a que no pudimos buscar alojamientos con demasiada antelación, las opciones que encontramos en Aquisgrán la verdad que no eran nada económicas, y además no se nos ajustaban a llegar en coche, así que finalmente optamos por la opción menos mala, que fue quedarnos en una localidad a unos 20 kilómetros de Aquisgrán llamada Eschweiller.
El trayecto hasta allí era cómodo, y las opciones mucho más económicas, además de poder dejar el coche sin problemas en el alojamiento que escogimos sin pagar ningún extra. El hotel que escogimos fue el Triple Twenty, un lugar recientemente reformado y que sin tener grandes lujos, la verdad que nos pareció que estaba bien, con una habitación amplia y tranquila y un baño algo sencillo, pero equipado de sobra para nuestras necesidades. El precio por la noche fue de 81 euros, y como dijimos antes, el hotel cuenta con un espacio propio, al aire libre, para aparcar el coche.


Como curiosidad, la verdad que al reservar nos llamó la atención el nombre del lugar, eso de Triple Twenty nos resultaba curioso, y no tuvimos que esperar demasiado para descubrir el por qué, y es que entramos por un bar que tiene en el piso de abajo, y allí estaba bastante gente en un campeonato local de dardos, que parece ser que juegan allí semanalmente. De primeras nos asustó un poco, porque estaban armando algo de jaleo, pero luego al pasar a la zona de las habitaciones, la verdad que estaba bastante aislado del ruido de esa zona y no tuvimos ningún tipo de problema durante la noche.
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