Lo primero, como siempre, es explicar cómo hemos llegado a la elección de nuestro destino, que en este caso fue la ciudad de Luxemburgo, en donde pasamos un día en el mes de diciembre, coincidiendo con la época prenavideña, en la que se pueden disfrutar de los mercadillos. La verdad que este destino lo teníamos apuntado hace tiempo como una opción de escapada de fin de semana o similar, y finalmente pudimos conocerlo en una visita de un día, en la que además visitar los mercadillos de Navidad.

El destino principal era otro, la vecina región alemana de Renania y varias de sus ciudades, pero el vuelo que mejor nos encajaba para ir era hasta Luxemburgo, así que se cuadraron las cosas de forma perfecta para combinar ambos lugares, y hemos de decir que fue un acierto, porque la capital luxemburguesa es un destino que merece la pena, aunque pueda resultar algo caro, y el encanto de sus mercadillos es muy similar al de las regiones limítrofes de Europa central, y permite ahorrar algo de dinero aprovechando para hacer allí las comidas.

En esta primera visita a este pequeño país, nos limitamos a visitar únicamente su capital, y la verdad que se puede hacer bien en un solo día. Cuenta además con la ventaja de que en todo el país el transporte público es gratuito, así que puedes ahorrar, como hicimos nosotros, y coger un hotel que no esté en el centro de la ciudad, y luego desplazarte en autobús de forma cómoda.

Ese fue nuestro plan, ya que tras llegar temprano y dejar las cosas en nuestro alojamiento, cogimos el bus y nos fuimos al centro, optando por una primera parada en la Oficina de Turismo que se encuentra en la Place Guillaume II. En esa misma plaza se puede ver el Hôtel de Ville, o lo que es lo mismo, el Ayuntamiento de la ciudad, y en teoría hay también mercadillo de navidad y pista para patinar sobre el hielo, al menos eso habíamos leído, porque en nuestro caso, lo que vimos fue que estaban aún montándolo, así que es probable que ya estuviera todo operativo algo más adelante.

Desde ahí continuamos el camino hacia el Palais Grand Ducal, o Gran Palacio Ducal, un edificio renacentista que es la residencia oficial de los Duques de Luxemburgo, jefes de Estado en este país. En temporada estival se puede visitar, y también es típico ver el cambio de guardia, pero nosotros no nos coincidió la hora, así que seguimos hacia el Hôtel de la Chambre des Députés, o Palacio de la Cámara de Diputados, que se encuentra contiguo al Palacio y que es la sede legislativa nacional de Luxemburgo.

Este tranquilo paseo nos iba llevando en dirección hacia el Chemin de la Corniche, seguramente la imagen más conocida de la ciudad, y con razón, ya que este paseo peatonal ofrece unas vistas espectaculares del Valle del Alzette y de la ciudad, con el barrio de Grund y la Abadía de Neumünster debajo. Es el punto más bonito de Luxemburgo, y merece la pena dedicarle un rato y exprimir cada rincón para obtener fotografías muy bonitas, ofreciendo también la posibilidad de visitar las Casamatas del Bock, una fortificación consistente en un entramado de galerías y pasajes utilizados como refugios para soldados en su momento y que hoy son una atracción turística.

Desde ahí se puede bajar caminando al Barrio del Grund, uno de los más bonitos y pintorescos de la ciudad, situado en su parte baja junto al río Alzette, y por donde merece la pena dar un paseo con calma.

Para volver a subir hacia el centro histórico, se puede ahorrar el esfuerzo de caminar la cuesta hacia arriba, que es bastante empinada, ya que hay un ascensor gratuito ubicado en la prolongación del puente de la Rue Münster. Una vez arriba de nuevo, nos dirigimos hacia la Catedral de Notre-Dame, un templo católico de estilo gótico, que es la principal iglesia del país, comenzando a construirse a principios del siglo XVII, y que alberga la figura de Maria Consolatrix Afflictorum, patrona de la ciudad y del ducado. Además se puede visitar de forma gratuita, así que es otra de las paradas imprescindibles en la visita a la ciudad.

Completamos la visita por el centro histórico paseando por la Place de Clairefontaine, donde se ubica la estatua a la Gran Duquesa Charlotte.

Y yendo hacia el Puente de Adolfo, otro de los lugares que ofrece magníficas vistas de la ciudad, sobre el Valle del Pétrusse en este caso, en donde también hay otras Casamatas, y con la Place de la Constitution en primer término, un punto donde se ubica el principal mercadillo navideño de la ciudad en esta época.

Llegados a este momento, y tras haber pasado junto a ellos anteriormente, era momento de ponerse navideños, y explorar los mercadillos, empezando por el ya mencionado de la Place de la Constitution, una bonita plaza en la que se ubica también un monumento a los caídos en la Primera Guerra Mundial, y que en diciembre se transforma y alberga diferentes puestos de comida perfectos para aprovechar y comer ahorrándote un dinero en una ciudad que es cara en ese aspecto, pudiendo combinarlo con un buen vino caliente .y con compras de diferentes objetos navideños. Además, cuenta también con una gran noria, y cuando cae la noche, la iluminación le da un encanto diferente, además de que se anima con la gente que se reúne al final de la tarde, siendo el lugar perfecto para acabar el día antes de ir a descansar.

También está bastante animado el mercadillo situado en la Place d’Armes, también denominado Lëtzebuerger Chrëschtmaart, ubicado más en medio de la ciudad, y con puestos de comida de diversos tipos, destacando uno de los aperitivos típicos de la época invernal en Luxemburgo, con un nombre nada fácil de pronunciar como Gromperekichelcher, unas tortitas de patata fritas con huevo y harina.

Esa fue ya nuestra última parada del día antes de coger el autobús de vuelta a nuestro alojamiento, habiendo disfrutado y exprimido la ciudad todo lo posible, y quedándonos con una grata impresión sobre Luxemburgo y su manera de vivir la Navidad.

Plan de viaje y vuelos

Como solemos hacer habitualmente con nuestros viajes navideños, escogimos las fechas del puente de diciembre para hacerlo, y una vez más, tratando de evitar la subida de precios que se da al ser fechas festivas en España, aprovechamos la cercanía del Aeropuerto de Porto para volar. Buscando entre diferentes opciones, el vuelo con destino a Luxemburgo no estaba especialmente caro, y así fue como nos decidimos por el destino, ya que podíamos combinar la visita a esta capital con una ruta en coche por la vecina Alemania, en las regiones de Renania del Norte-Westfalia y Renania-Palatinado.

Las fechas en este caso, con vuelo ida y vuelta Porto-Luxemburgo fueron entre el 4 y el 9 de diciembre, y volamos con Ryanair, pagando en este caso el suplemento para poder viajar con maleta de cabina y mochila, por lo que el precio final de cada billete de ida y vuelta fue de 99,48 euros.

Una vez en Luxemburgo alquilamos coche, pero ese apartado lo explicaremos en detalle en el artículo sobre la ruta por Alemania. En este caso, para visitar la capital de Luxemburgo no sería necesario alquilar vehículo, ya que moverte en este país en transporte público es gratuito, por lo que simplemente sería necesario coger un autobús hasta algún lugar cercano a tu alojamiento.

Dónde alojarse

Como hacemos habitualmente, os dejamos aquí nuestra elección de hotel y los motivos que nos llevaron a esa opción, que como hacemos normalmente, escogimos a través de Booking. Como siempre, escogimos un lugar con cancelación gratuita, para ir luego evaluando si surgían opciones mejores, y buscamos también algo con baño privado, cercano al aeropuerto y con parking gratuito, ya que teníamos coche para la continuación del viaje, y no queríamos tener que preocuparnos mucho por él durante el día de visita a Luxemburgo.

No es un país barato, y las opciones económicas y con unos estándares mínimos de calidad no abundan, optando finalmente por el Mandarina Hotel Luxembourg Aeroport, que resultó todo un acierto, ya que su ubicación, justo al lado del Aeropuerto (se podría incluso llegar caminando), la disponibilidad de parking y la ubicación al lado también de la autopista para emprender el viaje al día siguiente eran perfectas. Cogimos la habitación sin desayuno, y la noche que estuvimos se quedó en 86,38 euros.

Además, pese a que llegamos a primera hora de la mañana, bastante antes de poder hacer check in, pudimos dejar allí nuestras maletas y el coche en el aparcamiento, dándonos el personal de recepción todas las indicaciones necesarias para coger un autobús hacia el centro, cuya parada se encontraba a escasos 100 metros del hotel, pudiendo así pasar el día con la visita a la ciudad, y ya a última hora volver para ocupar nuestra habitación.

La habitación además era bastante espaciosa y no tuvimos ninguna queja. El único punto a lo mejor no tan positivo es que nos asignaron una habitación preparada para discapacitados, por lo que el baño había que tener cuidado para que no se inundara mucho al ducharse, pero no era algo tampoco excesivamente importante.


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