Hemos de confesar que desde nuestro viaje a Alsacia en Navidad, nuestra devoción por esta entrañable época del año y por cómo se celebra en los países de la Europa central ha crecido exponencialmente, y cada año hemos ido buscando destinos que pueden ser interesantes para visitar y disfrutar del ambiente que se crea en los mercadillos. Así, a partir de esta premisa, surgió nuestro viaje para conocer la Navidad en otra de las regiones que más fama tiene en este aspecto, el estado alemán de Baviera, con muchos puntos de interés, entre los que diseñamos una ruta de seis días que no hizo otra cosa que reafirmar nuestros pensamientos y dejarnos encantados por la elección.

En primer lugar os contaremos un poco la ruta que hicimos nosotros, y luego, iremos desarrollando un apartado por cada uno de los lugares que visitamos, contando un poco nuestras impresiones y explicando como siempre la logística y todos los pormenores del viaje. Así que vamos con lo primero, que es explicar cómo fue nuestro día a día:

Tras la llegada de nuestro vuelo al aeropuerto de Munich, el primer día estuvo dedicado a la capital bávara, para salir al día siguiente camino al Castillo de Neuschwanstein y hacer noche en Rothemburg ob der Tauber. Desde allí nos fuimos el tercer día a Bamberg, con parada previa en Nordlingen, dejando para el cuarto día la visita a Nuremberg, terminando la quinta noche en Regensburg, donde pasamos el sexto día antes de volver al aeropuerto de Munich para emprender el viaje de regreso.

Puedes consultar aquí el mapa completo de nuestra ruta por Baviera en seis días.

Nuestro viaje comenzó en la capital bávara, y hemos de decir que ya desde que aterrizamos, nos conquistó esta región y su devoción por la Navidad, y es que en el propio aeropuerto nos encontramos con el primero de los mercadillos, algo inesperado y que la verdad nos vino bastante bien, ya que tuvimos un problema al recoger el coche de alquiler, y pasamos bastante más tiempo del esperado en el aeropuerto, así que no hay mal que por bien no venga, pudiendo disfrutar ya del ambiente festivo en este lugar.

El percance en el aeropuerto retrasó bastante nuestra llegada a la ciudad, así que entre que nos instalamos en nuestro hotel y nos pusimos en marcha, caía ya la noche sobre Munich. Por suerte, pudimos movernos siempre a pie, así que en cuanto pudimos, pusimos rumbo hacia Marienplatz, entrando ya en los mercadillos por las calles aledañas, y aprovechando los puestos para comer y tomar el primer Gluhwein, que es como se llama el vino caliente en alemán.

Toda esta zona del centro histórico de la ciudad, conocido como Altstadt, alrededor de la plaza principal está repleta de puestos, tanto de comida y bebida, como de adornos y cosas navideñas, así que durante esa primera tarde, lo que nos dedicamos fue a pasear, sin más objetivo que disfrutar del ambiente de Munich, explorando alguno de los principales puntos que teníamos marcados para visitar, pero sin estresarnos a la hora de poder ver todo, algo que decidimos hacer ya al día siguiente por la mañana, aunque retrasara un poco nuestros planes de visitas posteriores.

Lo que no quisimos perdernos esa noche, tras el paseo, fue la famosa cervecería Hofbräuhaus am Platzl, la más conocida de la ciudad, y con mucha historia, ya que fue construida originalmente allá por el siglo XVI y aún hoy es uno de los principales lugares a visitar en Munich si eres un amante de la cerveza. Son miles las personas que pasan por este lugar cada día, tanto turistas, como locales, y la verdad que merece la pena visitarla, aunque ni siquiera te sientes a consumir algo, ya que el ambiente en general merece la pena, con músicos tocando en directo música tradicional bávara y multitud de gente sentada compartiendo sus largas mesas para tomar algo tranquilamente. Fue la forma perfecta para terminar un agitado día de comienzo de nuestro viaje, antes de irnos a descansar al hotel.

Al día siguiente, una vez repuestas fuerzas, tocaba la visita exprés a Munich, dirigiéndonos de nuevo al Altstadt, al que entramos por la Karlstor, una de las puertas de la muralla, y que tiene en su parte exterior una gran pista de hielo.

Cruzando la puerta, en seguida te encuentras con la Iglesia de San Miguel, construida para los jesuitas en el siglo XVI. Muy cerca, y como curiosidad, podrás encontrar una estatua en bronce de un jabalí, situada frente al Museo de Caza y Pesca de la ciudad, y que es una imitación del famoso Porcellino de Florencia, así que si quieres, puedes también acariciarle el hocico para atraer la buena suerte.

Siguiendo el camino mientras nos adentramos en el centro histórico, la siguiente parada que hicimos fue en la imponente Catedral de Nuestra Querida Señora de Munich, o la Dom zu Unserer Lieben Frau, en alemán. Se trata del edificio más alto de la ciudad, siendo sus dos torres visibles desde muchos puntos. Comenzó su construcción en el siglo XV, acabándose ya en el siglo XVI, siendo característico su ladrillo rojo.

Desde allí, Marienplatz se encuentra ya muy cerca, y ejerce de centro neurálgico de Munich. En esta plaza se encuentran tanto el viejo como el nuevo Ayuntamiento, Altes y Neues Rathaus, y destaca también la Mariensäule, una columna con la Virgen María en lo más alto. En el caso del nuevo Ayuntamiento, destaca dentro de su impresionante fachada neogótica el Glockenspiel, o lo que es lo mismo, su carillón, que cada día a las 11 y las 12 del mediodía pone en marcha sus 43 campanas y 32 figuritas, algo que congrega a multitud de gente para contemplar este bonito momento.

La belleza de este lugar es innegable, pero el añadido que le dan los puestos de los mercadillos en la época navideña, la verdad que multiplica su atractivo, y durante todo el día le da un ambiente que merece la pena vivir.

Muy cerca de la plaza se encuentra también la Iglesia de San Pedro, Peterskirche, que es el templo católico más antiguo de la ciudad, con algunas interesantes reliquias en su interior.

Nuestro camino siguió hacia la Max Joseph Platz, con el monumento a Maximiliano I en su centro, frente al Teatro Nacional.

Esta plaza queda en camino hacia Odeonsplatz, otro de los lugares a visitar en el Altstadt, en el que destacan la Feldherrnhalle, una galería exterior construida en honor al ejército bávaro, y que cuenta con estatuas de líderes militares; y la Iglesia de los Teatinos y de San Cayetano, Theatinerkirche St. Kayetan. En esta plaza, durante el Tercer Reich alemán, existía un enorme estandarte, ante el que todas las personas que pasaban debían realizar el saludo nazi, algo que los contrarios a esta ideología evitaban transitando por un pequeño callejón junto a la plaza, Viscardigasse, en el que hoy, en honor a estas valientes personas, existe un sendero de baldosas doradas que recuerdan este gesto.

También en esta zona del centro histórico se encuentra otro de los lugares más destacados de la ciudad, la Münchner Residenz, un enorme Palacio que fue la antigua residencia de los reyes de Baviera, que hoy en día alberga un importante museo, y que cuenta con mercadillos navideño en esta época en algunos de sus numerosos patios.

En nuestro caso, nos quedamos con algo de ganas de poder visitarlo, igual que Viktualienmarkt, el mercado al aire libre más grande de la ciudad, pero que se coloca sólo de lunes a sábado, siendo nuestra visita justo el domingo. No tuvimos suerte en ese sentido, pero al final son cosas que nos quedan pendientes para el futuro, porque Munich tiene más zonas interesantes que merecen la pena, pero la premura de nuestra visita hizo que no pudiéramos exprimirlo como nos hubiera gustado, así que quedará para el futuro.

Y es que teníamos que partir hacia nuestro siguiente destino, el Castillo de Neuschwanstein, otra visita que no nos salió según lo esperado, ya que al haber tenido que dedicar la mañana a Munich, decidimos que no íbamos a entrar a visitarlo por dentro, pero sí teníamos ganas de ver su majestuosidad y belleza exterior. Algo que también se terminó torciendo, ya que el día que fuimos la niebla era la gran protagonista, y aunque daba un ambiente de lo más bucólico a la zona, impedía ver la estampa típica de este castillo.

Para llegar al castillo, nos dirigimos a la pequeña localidad de Hohenschwangau, un lugar orientado a la visita de este importante centro turísitico, en donde se debe dejar el coche, emprendiendo desde allí un camino a pie, en nuestro caso, para subir hasta Neuschwanstein. Es alrededor de media hora lo que se tarda en llegar, y el camino es relativamente cómodo, incluso con un día de niebla y medio lluvioso como nos tocó a nosotros, así que, en principio, no merece la pena usar alguno de los otros métodos de pago que hay para subir.

Una vez llegas arriba, está la opción de la visita al castillo, pero también merece la pena explorar sus alrededores, ya que hay algunos miradores desde los que admirar la grandiosidad de esta construcción que fue mandado construir por el rey Luis II de Baviera a mediados del siglo XIX. Nosotros queríamos llegar hasta Marienbrücke, el Puente de María, pero tampoco tuvimos suerte con ésto, ya que el camino que da acceso estaba cerrado, así que nos quedamos con las ganas.

Pudimos disfrutar sólo de alguno de los miradores más cercanos al castillo, junto al camino principal, y de las vistas también a otra de las atracciones de la zona, el Castillo de Hohenswangau, situado muy cerca, al otro lado del Lago Alpsee, y que es visible durante toda la subida hacia Neuschwanstein. Así que de esta manera un tanto fugaz transcurrió nuestro tiempo en esta zona, antes de emprender camino hacia la siguiente parada, y última para ese día.

Y esa parada no era otra que uno de los puntos álgidos de la ruta por Baviera, la visita al pueblo medieval de Rothemburg ob der Tauber, una pequeña localidad que merece la pena visitar y poder hacerlo con calma, algo que nosotros por suerte, ya sí, podemos hacer, disfrutando de un lugar con un encanto muy especial, que además, en época navideña, multiplica esa magia que transmite.

Nuestro alojamiento estaba justo en el exterior de las murallas, al lado de Galgentor, por lo que pudimos siempre movernos a pie tranquilamente, y a nuestra llegada, siendo ya de noche, lo que hicimos fue recorrer las calles para visitar los mercadillos y comer algo. Nos sorprendió mucho este sitio para bien, ya que todo el centro está compuesto por casas de entramado de madera, con calles adoquinadas, y con plazas y lugares con mucho encanto.

El mercadillo de navidad se estructura en torno a dos espacios, la Marktplatz y la Iglesia de San Jacobo o St Jacobkirche. En estas calles se pueden encontrar puestos navideños y de comida y bebida, y el marco en el que están, la verdad que le dan a la Navidad en este lugar un ambiente muy especial.

Hay que añadir además que en esta localidad se encuentra la tienda original de Käthe Wohlfart, muy conocida para los amantes de la Navidad, con innumerables artículos de decoración y para vivir esta época en su interior, y que además es inconfundible con su coche antiguo rojo cargado de regalos aparcado delante de la fachada.

Así, viendo un poco todo el centro histórico y disfrutando de su mercadillo, transcurrió nuestra noche allí, dedicando luego la mañana a la visita más en plan turístico del lugar, que os detallamos un poco más a continuación, explicando también algunos detalles históricos de Rothemburg ob der Tauber, que viene a traducirse como Fortaleza roja sobre el Tauber, dando ya a entender que en su momento, era un castillo sobre el río lo que dominaba la localidad, que actualmente también es uno de los lugares más visitados de la llamada ‘Ruta Romántica’.

La ciudad cuenta con una muralla del siglo XIV que rodea todo el centro histórico, siendo posible recorrerla en muchos puntos, lo que da una perspectiva diferente y muy bonita de Rothemburg.

Son varias las puertas y torres en todo el recorrido de la muralla, destacando la Puerta del Castillo o Burgtor, que da acceso al Jardín del Castillo o Burggarten, una pequeña zona de parque desde contemplar el valle del Tauber.

Otro de los puntos a visitar, es el centro neuráligico de la localidad, la Marktplatz o Plaza del Mercado, donde se ubica el mercadillo navideño, pero también podemos encontrar el Ayuntamiento o Rathaus, un edificio dividido en dos estilos, gótico y renacentista; y la Taberna de los Concejales o Ratstrinkstube, que actualmente es la oficina de turismo.

También junto a esta plaza se destaca la Herterichsbrunnen o Fuente de San Jorge, protegida del frío y la nieve por una mámpara durante los meses de invierno, y que se sitúa justo frente a dos de las casas de entramado de madera más bellas de la ciudad, Marienapotheke y Fleisch-und Tanzhaus.

Siguiendo el camino por Rothemburg, una parada imprescindible, y si has hecho una búsqueda de lugares en instagram lo sabrás, es Plönlein, la imagen más típica de este lugar y que se sitúa en la intersección de dos calles con dos torres de fondo, a la izquierda la Torre de Sieber, y a la derecha y más abajo, la Torre de Kobolzeller.

La Iglesia de San Jacobo o St Jakobkirche también es un punto importante en la localidad, originalmente católica, pero actualmente evangélica luterana, fue construida entre los siglos XIV y XV y se encuentra en la ruta de peregrinación medieval hacia Santiago, un santo del que hay una estatua en el exterior junto a la puerta. En el interior destaca el Retablo de la Santa Sangre y un gran órgano.

Otro de los puntos más fotogénicos en Rothemburg es el que tiene de fondo la Torre de San Marcos y el Arco de Roder, una muestra más de la belleza en este lugar, ya que callejeando encuentras mil y un sitios con encanto. En nuestro caso, además tuvimos suerte, ya que cuando estuvimos, pese a haber gente haciendo turismo también, no notamos Rothemburg nada masificado, así que pudimos disfrutarlo y exprimirlo al máximo sin problemas y sin esperas para hacer fotos y llevarnos los recuerdos de este lugar que nos encantó.

Además, y como sugerencia final, hay que hacer también una sugerencia gastronómica de este lugar, ya que el dulce típico, es también un complemento perfecto para la navidad, las llamadas Bolas de Nieve o Schneebollen, que puedes ver en muchos lugares y que merece la pena probar. Se trata de unas bolas hechas a base de masa frita en aceite que luego son rebozadas en azucar glaseado, lo que les da ese aspecto de nieve, aunque también las hay en otras muchas variedades, así que merece la pena comprar una caja con varios sabores para probar.

Así pusimos rumbo a la siguiente parada, que fue la pequeña ciudad de Nördlingen, situada también en la ‘Ruta Romántica’ y que nos dejó una impresión algo fría, ya que no tenía el encanto que esperábamos, aunque si puede ser una opción para una visita rápida como la que hicimos, ya que no le dedicaríamos un día completo.

La peculiaridad de este lugar es que está construido sobre el cráter que dejó un meteorito caído en la zona hace varios millones de años, algo que se aprovechó para hacer sobre esa circunferencia la muralla de la ciudad, que hoy se conserva íntegramente y sigue rodeando el centro histórico, pudiendo recorrerse de forma gratuita. Además, el impacto que causó este cráter del Ries sobre el que se asienta la ciudad, produjo la formación de una piedra llamada suevita, que contiene pequeños trozos de diamante, y con la que se construyeron innumerables edificaciones en la ciudad, por lo que se puede decir que hay toneladas de diamantes esparcidas por sus paredes.

Una vez que llegas, son varios los aparcamientos disponibles en la parte exterior de las murallas donde se puede dejar el coche sin necesidad de pagar y emprender desde ahí el camino para visitar Nördlingen, en donde destaca sobre el resto de puntos la llamada Torre de Daniel o Turm Daniel, visible desde casi cualquier punto, y que es la torre de la iglesia. Desde sus 90 metros, deja unas grandes vistas de toda la ciudad, pudiendo verse con más claridad esa circunferencia del Cráter del Ries. La entrada son 4 euros, y hay que subir 350 escalones, pero merece la pena por disfrutar de las vistas.

De vuelta ya de nuevo a la calle, también merece la pena la visita de la Iglesia de San Jorge o St Georgskirche, que se puede hacer de forma gratuita. También a su alrededor es donde se coloca el mercadillo navideño, aprovechando esas calles, y en el casco histórico destaca también el edificio del Ayuntamiento o Rathaus.

Saliendo un poco del centro, se puede pasear también por el Barrio de los Curtidores, con diferentes puntos destacados que visitar, y por los que completar tu visita a una ciudad que, como curiosidad final para los futboleros, es donde nació el goleador histórico de la selección alemana de los años 70, un Gerd ‘Torpedo’ Müller que tiene una estatuta por las calles de Nördlingen.

Pero como ya indicamos, Nordlingen sólo era una parada en el camino, ya que el destino final de ese día era Bamberg, una ciudad Patrimonio de la Humanidad que tiene una singular ubicación sobre siete colinas, llena de lugares para visitar y que además cuenta con una cerveza propia y muy peculiar, así que era una parada obligatoria para nosotros.

Como fue la tónica habitual del viaje, la llegada a cada sitio coincidía con la hora de caída del sol, así que esa primera tarde noche, la dedicamos a paseo tranquilo por la ciudad, y a disfrutar tranquilamente de su mercadillo navideño ubicado en MaximiliansPlatz. En este caso, Bamberg nos resultó una ciudad bastante oscura, en el sentido literal de la expresión, porque no contaba con demasiada iluminación, así que no invita demasiado al turismo de noche, razón de más para disfrutar de un mercadillo que, sin ser el más animado de los que visitamos por Baviera, no estaba mal, y como siempre, contaba con los habituales puestos de adornos navideños, comida, y bebida, un plan perfecto para las frías noches de diciembre, ya que un buen Glühwein siempre ayuda, además de las diferentes especialidades culinarias alemanas. Eso sí, en cuanto a la comida, toca siempre arriesgar un poco, ya que los carteles suelen estar únicamente en alemán, así que si no conoces el idioma, siempre pides un poco a ciegas, por lo que ves en cada puesto, aunque en nuestro caso al menos, eso nunca fue problema, ya que nos encanta comer en estos puestos y nunca hemos tenido queja.

Esa misma noche, tras cenar en el mercadillo, lo que sí quisimos hacer fue probar una de las peculiaridades de esta ciudad, la cerveza ahumada o rauchbier típica de Bamberg. Habíamos leído sobre ella y teníamos curiosidad por probarla, así que fuimos a uno de los lugares más aconsejados para hacerlo, la cervecería Schlenkerla, y la verdad que esta cerveza no te deja indiferente, porque sí es cierto que es muy ahumada y muy peculiar, no deja nada indiferente y a nosotros nos gustó, pero no esperes nada parecido a lo que conoces.

Para la mañana quedó la visita más turística, y en Bamberg, lo más típico es su antiguo Ayuntamiento o Altes Rathaus, edificado en medio del río Regnitz en una isla artificial. La leyenda habla de que los habitantes de la ciudad pidieron al obispo un terreno para construir su ayuntamiento, y como no les concedió ninguno, decidieron crear esta isla artificial para hacerlo. Sea cierto o no, la verdad que es un edificio muy singular, al que se accede por dos puentes peatonales, y que fue erigido en el siglo XV y posteriormente sus fachadas fueron recubiertas por frescos, lo que le da un aspecto muy diferente, actualmente, además, alberga el Museo de la Porcelana.

Muy cerca, podemos contemplar también el antiguo barrio de pescadores, con origen medieval y cuyas casas cuentan en muchos casos con pequeño jardín y embarcadero en el río. Esta pequeña Venecia o Klein Venedig en alemán empieza a partir del edificio del antiguo matadero o Altes Schlachthaus y está formado por coloridas casas de entramado de madera, que se pueden contemplar bien desde la orilla contraria del río.

Otro de los puntos más destacados en Bamberg es la Catedral Imperial de San Pedro y San Pablo o Bamberger Dom, cuyos orígenes se remontan al siglo XI, aunque el edificio actual data del siglo XIII, con una mezcla de estilos románico tardío y gótico. Se puede visitar de forma gratuita, y en el interior alberga varios tesoros muy apreciados en la ciudad, como el Jinete de Bamberg o Bamberger Rieter, una estatua ecuestre de 1230. Además, también se puede contemplar la tumba del emperador Enrique II y la emperatriz Cunegunda, fundadores de la primera Catedral de la ciudad. También en este templo se encuentra el sepulcro del Papa Clemente II, único pontífice enterrado al norte de los Alpes.

En la misma plaza en la que se ubica la Catedral o Domplatz, podemos encontrar también el llamado Alte Holfhaltung, un conjunto de edificios de estilo renacentista alemán construidos sobre la antigua residencia del emperador Enrique II y de los obispos de Bamberg.

Y precisamente un poco más arriba encontramos la Neue Residenz, un gran Palacio utilizado como residencia de los príncipes-obispos de Bamberg hasta el comienzo del siglo XIX. Desde él se puede acceder también al Rosengarten, un jardín barroco que en primavera luce en su máximo esplendor con la floración de los rosales, pero que en nuestro caso, en diciembre, no pudimos contemplarlo en su mejor momento.

Siguiendo por los puntos destacados de la ciudad, en lo alto de una de las colinas que la forman, se encuentra la abadía benedictina de Michaelsberg, fundada allá por el siglo XI. Desde la Neue Residenz se puede contemplar su imponente silueta, aunque cuando estuvimos nosotros, se encontraba en obras.

Volviendo a la parte más concurrida del centro histórico, hay que destacar la zona del Grüner Markt, una plaza en la que se instala algunos días cada semana un mercado de frutas y verduras, y que en época navideña también cuenta con mercadillo. Además, destaca aquí una Fuente de Neptuno y la Iglesia de San Martín.

Era ya casi la hora de partir a nuestro próximo destino, así que fue momento para tomar algo en el mercadillo, y unas últimas fotos de esta pequeña, pero bonita ciudad.

Ya en nuestro camino hacia el hotel para coger el coche hacia nuestro próximo destino, hicimos dos paradas más en Bamberg, la primera en la Obere Pfarre o Iglesia de Nuestra Señora, un templo gótico del siglo XIV.

Y la segunda, ya acercándonos en coche fue en Altemburg, una fortaleza de origen medieval construida a las afueras de la ciudad y que ofrece unas bonitas vistas a ésta, lo que fue una buena manera de despedirse de Bamberg.

La siguiente parada era uno de los platos fuertes del viaje, ya que habíamos escuchado y leído mucho acerca del mercadillo de Nuremberg, y la verdad que hemos de decir que no defrauda, y merece mucho la pena visitar la ciudad en esta época que se vive aquí de forma intensa. El Ángel de la Navidad o Christkind es el protagonista, con su figura característica muy presente en muchos puntos de la ciudad y en los puestos, y la verdad que se nota la devoción por esta época en la ciudad, ya que es sin duda la más animada, con más gente y con más espacio dedicado a los mercadillos de todas las que visitamos en la región, así que vamos a ello y a contaros un poco cómo fue nuestra experiencia.

Lo primero es poner un poco en contexto la ciudad de Nuremberg, cuyo estatus de ciudad imperial en el Sacro Imperio Romano Germánico y su ubicación entre diferentes rutas comerciales le hizo tener un pasado esplendoroso entre los siglos XIV y XVI. Años más tarde, ese pasado imperial fue usado también por el Tercer Reich, siendo en esta ciudad donde se celebraron los mayores eventos multitudinarios del nazismo. Tras la guerra, fue también el escenario de los Juicios de Nuremberg, que juzgaron a los principales dirigentes nazis de una Segunda Guerra Mundial que dejó la ciudad muy deteriorada, obligando luego a una reconstrucción que hoy en día nos deja numerosos lugares de interés para visitar.

Para nosotros, la primera parada fue en la Plaza del Mercado Mayor o Hauptmarkt, la plaza principal de la ciudad, donde cada año se instala el Christkindlesmarkt, principal mercadillo navideño de Nuremberg, con sus característicos puestos de madera con toldos rojos y blancos que inundan todo el espacio, presidido por la Frauenkirche o Iglesia de Nuestra Señora, creando una bella estampa, con ríos de gente recorriendo los pasillos entre las casetas con adornos, figuritas y múltiples opciones gastronómicas, además del típico vino caliente.

No defrauda este mercadillo, con gran animación y con los puestos esparciéndose también por las calles aledañas, haciendo de este centro histórico de la ciudad un hervidero de gente local y visitantes disfrutando del ambiente, dedicando a ello nuestra primera tarde noche, con un paseo por el Altstadt y cena en los puestos del mercadillo, acabando luego en una cervecería, ya que Nuremberg cuenta también con una cerveza propia característica en esta zona, la llamada Rotbier, lo que nos sirvió un día más para terminar la jornada antes de irnos a recuperar fuerzas.

Al día siguiente, bien temprano, emprendimos camino de nuevo hacia el centro histórico, dirigiéndonos al Maxbrücke, uno de los puentes sobre el río Pegnitz, que ofrece unas bellas vistas, y que se encuentra muy cerca de Henkersteg o Puente del Verdugo, que es una construcción de madera llamada así porque hasta el siglo XIX el verdugo de la ciudad vivía en la torre al lado del puente.

La siguiente parada nos llevó hasta Weißgerbergasse, la Calle de los Curtidores, uno de los lugares con más encanto de Nuremberg, con un conjunto de casas con entramado de madera que en su día fueron ocupadas por el gremio de trabajadores del cuero.

Cerca de este punto, continuando el camino, llegamos a la Plaza Tiergartnertor, otro de los bonitos rincones de la ciudad, con la muralla y una de sus entradas al centro histórico y con la casa de uno de los artistas más famosos del renacimiento alemán, natural de Nuremberg, Alberto Durero, que hoy en día se puede visitar y conocer así un poco más sobre su vida y obra.

Siguiendo la muralla, nos dirigiremos hacia el Kaiserburg o Castillo Imperial, que fue uno de los más importantes en territorio germano en su época, y que está situado en la parte más alta de Nuremberg, ofreciendo unas bonitas vistas de toda la ciudad que se pueden disfrutar gratis.

Continuando la ruta bajando de nuevo hacia el Altstadt, nos topamos con la Iglesia de San Sebaldo, un templo protestante en el que descansan los restos del patrón de la ciudad, y que es la iglesia más antigua de Nuremberg, aunque el edificio actual esté reconstruido después de ser destruido durante la Segunda Guerra Mundial.

Desde aquí, estamos muy cerca ya de Hauptmarkt, donde podemos reponer fuerzas en los puestos del mercadillo, además de admirar la Schöner Brunnen, una fuente que se encuentra en una de sus esquinas que es una aguja gótica de 19 metros. También, como no, veremos la Frauenkirche, en la que, si llegamos al mediodía, podremos disfrutar del espectáculo de su carillón en movimiento.

Nos quedaría por conocer sólo una de las tres iglesias principales de Nuremberg, que es la Iglesia de San Lorenzo o Lorenzenkirche, también protestante, con dos torres de 80 metros y un gran rosetón que resalta en su fachada.

Otro de los puntos característicos del Altstadt es el Handwerkerhof, situado entre la Frauentor, una de las entradas al casco histórico y la Frauentorturm. Es un rincón con apenas un par de calles en las que encontramos comercios en construcciones que recrean la estética medieval, y que en navidad gana aún más encanto.

También podemos encontrar en Nuremberg lugares curiosos como la Ehekarussell Brunnen, que es una gran fuente en la que mediante diferentes esculturas, se muestran seis etapas del matrimonio, no sin cierta polémica, ya que todo va desde la parte bonita inicial hasta una parte más dominada por el aburrimiento al final, pero bueno, merece la pena acercarse y contemplarlo.

Esta sería un poco la visita de lo imprescindible por el casco histórico, que se puede hacer bien en un día y medio como fue nuestro caso, pero si cuentas con más tiempo, Nuremberg tiene más puntos de interés, más alejados del Altstadt, y ligados al periodo nazi que si eres amante de la historia, merece la pena conocer. A nosotros, en un viaje más orientado a los mercadillos navideños, no nos cuadró incluir estas visitas, pero nos quedan pendientes para poder verlas en el futuro.

Nuestra ruta de seis días por Baviera culminaba con una visita a Regensburg, o Ratisbona si se traduce al español, una ciudad medieval a orillas del Danubio que cuenta con un centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y que se puede recorrer de forma muy cómoda a pie, lo que hace que sea un lugar ideal para visitar en un día.

Como siempre, nuestra primera tarde noche fue dedicada al mercadillo de Navidad, situado en este caso en Neupfarrplatz, un lugar en el que destaca la Neupfarrkirche, una austera iglesia luterana, y desde el que se pueden divisar también las torres de la Catedral. Regensburg no es una ciudad muy grande, cuenta aproximadamente con 150.000 habitantes, por lo que su mercadillo, parecido a otros de la región de Baviera, no está muy masificado, pudiéndose visitar con tranquilidad para disfrutar del vino caliente, los adornos y los diferentes puestos.

En nuestro caso, ese día nos apeteció más cenar en una cervecería, en vez de en los puestos del mercadillo, así que nuestra elección fue la Regensburger Weissbrauhaus, que nos resultó bastante apetecible, y al final fue todo un acierto. Comimos codillo y cerdo estofado, todo bien acompañado por buenas cervezas artesanas propias del local, que contaba con personal muy amable y que nos ayudó en todo momento con las dudas que pudieran surgir por el idioma, así que la experiencia fue muy buena para acabar la jornada.

Al día siguiente, como fue la tónica habitual del viaje, tocaba la visita turística, y esa, en Regensburg, debe empezar por el río Danubio, antes de adentrarte en el casco histórico, situándote en su orilla contraria, que ofrece unas vistas bellísimas con la silueta de la ciudad. Son varios los puntos a un lado y a otro del Puente de Piedra que dejan encuadres muy bonitos, y la verdad que merece la pena dedicarle un tiempo a este lugar antes de adentrarte en el resto de lugares destacados.

Para dirigirte a la ciudad, lo más recomendable es hacerlo atravesando el Puente de Piedra o Steinerne Brücke, un puente de arcos múltiples que data del siglo XII y que une el casco antiguo con Stadtamhof, una pequeña isla en medio del Danubio. Durante muchos años fue el único puente de la ciudad, y hoy en día sigue siendo uno de los emblemas de Regensburg, accediendo a la ciudad a través de la bonita Brückturm o Torre del Puente, y encontrando junto a ella el Antiguo Almacén de Sal.

Una vez ya en el centro histórico, lo más destacado en la ciudad es la Catedral de San Pedro o Dom St Peter, un templo gótico en el que destacan sus imponentes dos torres, con más de 100 metros de altura, aunque nosotros encontramos una en obras de restauración, cubierta de andamios. La Catedral comenzó su construcción a finales del siglo XIII sobre los restos del anterior templo, que sucumbió tras varios incendios. Se puede visitar de forma gratuita, así que es uno de los planes imprescindibles.

El paseo por el Altstadt de Regensburg continúa callejeando entre los coloridos edificios, que datan en muchos casos de la época medieval, salvándose durante la Segunda Guerra Mundial de los bombardeos, lo que permite que esta parte histórica se conserve en su mayoría, con lugares destacados como la Haidplatz, con forma triangular y rodeada de edificios medievales restaurados.

Llegamos así al Antiguo Ayuntamiento o Altes Rathaus, en el que destaca su torre, una de las que se puede ver en esta zona histórica, ya que la construcción de casas-torre fue relativamente común en una época, por parte de familias adineradas, que mostraban así su estatus social, siendo la Goldener Turm uno de los ejemplos de esta arquitectura que aún se conservan en la actualidad.

También hay varias iglesias destacadas repartidas por Regensburg, como por ejemplo la Schottenkirche St Jakob, en la que destaca sobre todo la portada románica, protegida ahora con un espacio acristalado, teniendo un interior más austero.

Al contrario que la anterior, con un exterior más sencillo, que además encontramos en obras, y un interior mucho más elaborado, encontramos la Abadía de San Emerano o Kloster Sankt Emmeran, una abadía benedictina fundada allá por el siglo VIII, y situada junto al Palacio Thurn und Taxis, otro de los puntos destacados de la ciudad.

Por último, destacar también la Iglesia St Ulrich, en la parte trasera de la Catedral. Un pequeño templo, que junto con la obligatoria parada de despedida en el mercadillo navideño, fue lo último que vimos en la ciudad, cerrando así seis intensos días en Baviera, una región que ofrece mucho para ver, tanto en Navidad como en cualquier época y que es ideal para un roadtrip.

En nuestro caso, viajamos en el puente de la Constitución en diciembre de 2022, con lo que eso supone para el precio de los vuelos en España, que suele subir en esas fechas, aprovechando la alta demanda. Por ese motivo, y aprovechando que no nos queda demasiado lejos, buscamos el vuelo a través del aeropuerto de Porto, y así fue nuestro viaje, con salida el 3 de diciembre, y vuelta el día 9 de diciembre, volando con Lufthansa al aeropuerto de Munich, por lo que teníamos incluida maleta de cabina y mochila, pagando por cada billete de ida y vuelta 142,50 euros.

Una vez en Munich, y siendo la idea del viaje un roadtrip, teníamos contratado un coche de alquiler, algo que siempre hacemos a través de Rentalcars, con OkMobility en esta ocasión, optando por la opción más barata y por tanto por un coche pequeño, aunque al final tuvimos un upgrade inesperado, después de algunos problemas que nos entretuvieron más de la cuenta en el aeropuerto haciendo las gestiones, pero que gracias al buen hacer de la compañía y sus empleados pudimos solventar de la mejor manera, contando finalmente con un Audi A3, que la verdad que resultó muy cómodo durante todo el viaje. El precio final en este caso se quedó en 159,41 euros por siete días.

En este caso, más que dejar aquí una lista de diferentes opciones para cada sitio, os pondremos aquí los alojamientos que escogimos nosotros, y los motivos que nos llevaron a esa elección, así como los precios y una pequeña reseña de cada uno. La búsqueda la hacemos siempre por Booking, intentando que siempre sea con cancelación gratuita, por si con el tiempo encontramos una elección mejor, y también como segundo requisito indispensable, buscamos con baño privado. En este caso, dado que el viaje iba a ser en coche, también intentamos que los alojamientos contaran con aparcamiento, pero bueno, os vamos detallando uno a uno y así ya se queda aquí reflejado todo.

Para la primera noche en Munich, nuestra elección fue el Belle Blue Zentrum, un hotel situado a 15 minutos caminando de Marienplatz, que no contaba con aparcamiento en sus instalaciones, pero sí que vimos en reseñas que tenía un parking cercano por 15 euros al día. En este caso, el desayuno estaba incluido, y la habitación, sin ser una maravilla, cumplió bien con su cometido, quedando el precio en 64,37 euros. El barrio habíamos leído que no era demasiado recomendable, pero priorizamos el poder movernos siempre a pie, y al final, tampoco nos llevamos mala impresión de lo que vimos por esas calles.

El segundo día hicimos noche en Rothemburg ob der Tauber, y en este caso, el hotel elegido fue el Gasthof zur Linde, situado muy cerca del centro y con aparcamiento privado incluido en las instalaciones, por lo que en ese sentido, fue muy cómodo. La habitación seguía un poco la misma línea que en Munich, sin grandes alardes, pero cómoda y caliente para descansar, así que no tuvimos ninguna queja. También teníamos incluido el desayuno, y en este caso el precio fue de 55 euros.

La tercera noche nos llevó hasta Bamberg, y aquí dormimos en el Hotel Garni Altenburgblick. Habíamos leído que no estaba lejos del centro, aunque al llegar vimos que era una zona residencial, a 15 minutos caminando de las principales zonas de la ciudad, pero un poco apartada y solitaria, aunque no tuvimos tampoco problemas. Contamos también con aparcamiento privado en las instalaciones, y una habitación amplia, aunque las instalaciones en general del hotel estaban algo antiguas. En este caso el desayuno no estaba incluido, pero tampoco tuvimos queja en general, y el precio final fue de 60,97 euros.

La cuarta noche fue para alojarnos en Nuremberg, y la fama de esta ciudad en la época navideña se notaba a la hora de buscar alojamiento. Fue donde más nos costó encontrar algo que nos sirviese, y donde tuvimos que quedarnos más alejados del centro. En este caso, nos quedamos en el White Pearl Hostel 1, situado en un edificio algo antiguo, adaptado a habitaciones turísticas, algunas con baño privado, como en nuestro caso, otras con baño compartido. Fue el peor de los alojamientos que tuvimos en el viaje, al estar todo bastante antiguo, pero tampoco somos de grandes lujos, y la mayor parte del tiempo lo pasamos fuera, así que nos adaptamos bien, y contábamos al menos con la ventaja de tener aparcamiento privado, aunque eso sí, el lugar tampoco era muy sencillo de encontrar, porque se encontraba en un patio interior. En definitiva, la noche nos quedó por 64,78 euros, así que cuadró bien dentro de nuestro presupuesto, y pese a estar a casi media hora caminando del centro, optamos por hacer todas las visitas caminando sin problema.

La quinta noche, última en Alemania, fue para dormir en Regensburg, y en este caso optamos por el Hotel Amy, situado también algo alejado del centro histórico, a algo más de veinte minutos caminando, en una zona industrial a las afueras. Contaba con aparcamiento privado, y las instalaciones eran modernas, aunque nos tocó una habitación no muy grande, con una parte de buhardilla que limitaba algo el espacio. No teníamos desayuno tampoco en este caso, pero el precio fue el más bajo de todos los que pagamos, quedando la noche en 53,28 euros, así que la verdad que no quedamos descontentos con la experiencia.

Hubo una sexta noche y última del viaje, que fue en Salzburgo, pero esa parte del viaje tendrá su propio artículo y guía, así que ahí es donde os contaremos y pondremos todos los detalles también de nuestro alojamiento.


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