La región de Toscana tiene innumerables lugares para visitar, siendo los principales, en nuestra opinión, Florencia, como ya os explicamos en nuestra ruta de tres días por la ciudad, y Pisa, una ciudad que está en el imaginario viajero de todo el mundo desde bien pequeños, y que es un plan perfecto para combinar y poner el colofón a tu viaje por la región, ya que es fácilmente visitable en un solo día.
En nuestro caso, ese fue el plan, tras tres días en la capital florentina, nos desplazamos en tren hasta Pisa a primera hora de la mañana, desde la estación de Santa Maria Novella hasta la estación de Pisa Centrale, un viaje que duró unos cincuenta minutos, pero que puede variar un poco en duración según el tren que cojas, ya que hay bastantes opciones a lo largo de todo el día, aunque en general el tiempo de viaje ronda en torno a la hora, y el billete cuesta 9,30 euros por persona.
Una vez en Pisa, lo primero que hicimos fue buscar la consigna de la estación, para así dejar nuestro equipaje allí, ya que a última hora del día teníamos nuestro vuelo de vuelta desde el aeropuerto de la ciudad, y para llegar se coge un tren desde allí mismo. El precio de la consigna es de 5 euros por cada bulto que dejes, y la verdad que sin ser del todo económico, ya que sólo iban a ser unas ocho horas, nos salía mejor que otra consigna de equipaje que vimos que había cerca de la estación, contando además con la comodidad de que era allí mismo y en un sitio de confianza.
Estábamos ya listos por lo tanto para emprender nuestra visita a la ciudad, que se hace de forma muy cómoda, porque puede ser todo caminando. El primer destino, como no podía ser menos, era la Piazza dei Miracoli, nombre por el que es conocida la Piazza del Duomo, y de camino a ella, ya pudimos ver otra de las paradas imprescindibles en un recorrido por Pisa, la pequeña iglesia de Santa Maria della Spina, situada a la orilla del río Arno, justo antes de cruzarlo. Esta iglesia gótica del siglo XIII empieza a ser llamada así tras la donación de una reliquia de una espina de la corona de Cristo, y en la actualidad, lo que se ve es una reconstrucción de la original, trasladada en el siglo XIX a su ubicación actual, ya que antes se encontraba más cerca del lecho del río, lo que le ocasionó numerosos problemas a lo largo de los años.

Tras ésto, cruzamos el río por el Puente Solferino y seguimos camino hacia nuestro destino, no sin antes admirar la vista del río desde el puente, con las casas de colores a los costados.


Poco después, ya sí, llegamos a la Piazza dei Miracoli, que aglutina los principales atractivos turísticos de Pisa, como son la archifamosa Torre inclinada, la Catedral o el Baptisterio, pero también el Campo Santo y la muralla que rodea a todo este complejo.




Como es obvio, no esperes encontrar este sitio en calma, ya que son muchos los turistas que se juntan aquí a todas horas para disfrutar de este espacio, y sí, en muchos casos para hacer la foto típica ‘sujetando’ la torre. Nosotros no somos fans de ese tipo de instantáneas, pero es curioso ver este ‘espectáculo’ que se forma aquí para capturar la mejor y más original imagen.
Es conocido por todo el mundo que lo peculiar de esta Torre de Pisa no es sólo su belleza, sino su inclinación, que se produjo ya desde su construcción a finales del siglo XII. De hecho, el paso de los años iba agudizando esa inclinación, hasta el punto de estar en peligro de derrumbe, algo que pudo finalmente corregirse, pudiendo hoy en día disfrutarse este emblemático edificio y subir sus ocho niveles para contemplar la vista desde lo más alto. Erigida como campanario de la vecina Catedral, su peculiaridad ha eclipsado a ésta, siendo el principal reclamo de esta plaza.




Durante la mañana, nosotros aprovechamos para pasear con calma por la plaza y tomarnos con tranquilidad la visita, sin entrar a ninguno de los espacios, que son de pago excepto la Catedral, ya que uno de los dos ya lo había hecho en el pasado. Hicimos nuestras fotos, y disfrutamos de este lugar, recorriendo también uno de los mercadillos de souvenirs que hay junto a una de sus entradas, la conocida como la Porta Nuova.
Después nos dirigimos hacia el centro histórico, en busca de un lugar para comer, y también de recorrer un poco sus calles. Entre las opciones que vimos que podían estar bien, escogimos La Ghiotteria, un restaurante con platos de pasta típica italiana que resultó bastante bien, y a buen precio, en el que además no tuvimos problemas de esperas para coger mesa o ser servidos, así que consideramos que es bastante recomendable, ya que tienen buena variedad y nuestras elecciones, resultaron bastante bien.



Era el momento para callejear un poco por esta zona antigua, paseando por la Piazza delle Vettovaglie o el Borgo Stretto, con su estatua dedicada a Galileo Galilei, una zona con numerosas tiendas y establecimientos de restauración.




Todo ello camino a otra de las plazas imprescindibles en Pisa, la Piazza dei Cavalieri, un lugar donde antiguamente se ubicaba el centro del poder civil de la ciudad, sede a partir del siglo XVI de la Orden de Caballeros de San Esteban, y que actualmente cuenta con la sede de la Scuola Normale Superiore di Pisa, situada en el Palazzo della Carovana, el edificio más destacado de la plaza.


Pasando por aquí, estás ya muy cerca de la Piazza dei Miracoli, y hacia allí nos dirigimos de nuevo, esta vez sí para visitar alguno de sus espacios, en este caso la Catedral, que como dijimos antes se puede ver de forma gratuita, aunque debes retirar una entrada en las taquillas, en la que se te asigna una hora para acceder al templo. Esta hora entendemos que es orientativa, al menos en este caso de la Catedral, porque nosotros fuimos antes, para ver si podíamos entrar ya, porque nos venía mejor no hacerlo muy tarde, y nos dejaron sin problemas.
El Duomo, o Cattedrale di Santa Maria Assunta, está dedicado a la Asunción de la Virgen, y su construcción fue iniciada durante el siglo XI, siendo consagrada al culto a inicios del siglo XII. El exterior en mármoles blancos y grises es de gran belleza, y su interior no se queda atrás. En nuestro caso, estaba en obras cuando fuimos, pero a pesar de los andamios en algunas zonas y los ruidos por los trabajos que se estaban realizando, mereció mucho la pena la visita.






Una vez sales de la Catedral para volver a la plaza, maravilla la vista hacia el Baptisterio, un edificio dedicado a San Juan Bautista y que es el más grande de este tipo de toda Italia, y girando a la izquierda, destaca también el Camposanto Monumentale, que también es visitable, y caminando más hacia la esquina de este complejo, se puede acceder también a lo alto de la Muralla que lo rodea.


En definitiva, este espacio es de esos lugares que se quedan en la retina para siempre, por su belleza y por el ambiente que se respira, teniendo además nosotros la suerte de que el día estaba soleado y con calor, lo que hacía que sentarse un poco en el césped para descansar, disfrutando del entorno, fuese un plan perfecto para la tarde.
Pero también se acercaba la hora de nuestra marcha, y teníamos que volver hacia la estación, y lo hicimos recorriendo un poco la ribera del río Arno, llegando hasta la Piazza Garibaldi, para cruzar después por el Ponte di Mezzo y atravesar el Corso Italia, la calle comercial más concurrida de la ciudad y que llega hasta la Piazza Vittorio Emanuele II.





Esta plaza está ya muy cercana a la estación, y en ella se encuentra la iglesia de Sant’Antonio Abate, importante no tanto por el templo en sí, sino por su exterior, ya que en una de sus paredes se puede contemplar el mural Tuttomondo, pintado por Keith Haring en 1989, cuyo tema es la armonía y la paz en el mundo, y que es una de esas perlas no tan conocidas, pero que merece la pena ver en Pisa.

Es el colofón perfecto para la visita a la ciudad, y un punto ya muy cercano a la estación central, desde donde se puede coger el PisaMover, un tren que en menos de diez minutos te deja en el mismo Aeropuerto de Pisa, y cuyo billete cuesta 6,50 euros por persona.
En definitiva, así se puede pasar un día para conocer la ciudad y sus imprescindibles, aprovechando la facilidad para recorrerla caminando, y con un presupuesto para todos los bolsillos, ya que nosotros, por ejemplo gastamos únicamente ochenta euros, entre dos personas, en los billetes de tren para llegar, la consigna para dejar las maletas, la comida, tomar algo y el tren para llegar al aeropuerto. Cifras que se pueden elevar o disminuir, en función del bolsillo de cada uno, pero que permiten disfrutar de una gran ciudad.
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