En esta ocasión, nuestros viajes nos llevaron hasta Colonia, o Köln en alemán. Se trata de una de las mayores ciudades del país, superando el millón de habitantes, y es además un lugar con un importante legado histórico y cultural, ingredientes que la convirtieron en parada imprescindible en nuestra ruta por la región de Renania, siendo además el lugar en el que más tiempo pasamos, con un total de dos noches, que nos sirvieron para conocer un poco esta ciudad y disfrutar de sus mercadillos navideños, que aunque no son los más tradicionales, ni los más antiguos del país teutón, nos parecieron de los mejores que hemos conocido hasta ahora.
Son más de dos mil años los que tiene esta ciudad que ha crecido a orillas del Rin desde la época romana, llegando a ser Ciudad Imperial, hasta la actualidad en la que cuenta con una gran población universitaria y es un importante foco industrial dentro de Alemania. Además, también destaca por alguno de sus eventos culturales, como la celebración del Carnaval, el más importante de centro-europa, y también en época navideña por sus mercadillos, que sólo se comenzaron a celebrar a partir del siglo XIX, pero que se han asentado a partir de ahí, contando a día de hoy con hasta seis grandes mercados de temática diferente que dan gran ambiente a la ciudad en el mes de diciembre.
En nuestro caso, llegamos mediada la tarde de un sábado, y tras instalarnos en el hotel que escogimos, situado en las afueras, nos dirigimos hacia el centro. Como la visita era en fin de semana, nos aventuramos a llevar el coche en vez de usar transporte público, y la verdad que sobre todo el primer día nos costó un poco de tiempo encontrar aparcamiento, ya que incluso los parking privados estaban llenos, pero el segundo día, que comenzamos nuestra visita bien temprano y era domingo, y por tanto no se pagaba por aparcar en la calle, ya fue bastante mejor la experiencia.
En esa primera tarde llegamos al centro ya con la noche cayendo, y cuando conseguimos por fin aparcar, nos dirigimos al entorno de la Catedral, que es visible casi desde cualquier punto de la ciudad, y la verdad que impresiona por su majestuosidad y belleza. Dada la hora que llegamos, ya no era posible visitarla por dentro, así que nos dedicamos al mercadillo que la rodea, situado en Roncalliplatz y denominado como Weihnachtsmarkt am Kölner Dom, que es el principal en Colonia, y que cuenta con numerosos puestos de todo tipo, tanto de adornos y motivos navideños, como de comida y bebida.


La verdad que aquí se puede ver una gran variedad en cuanto a comida, ya que no se limita a especialidades típicas alemanas, pudiendo encontrar opciones de múltiples lugares de todo el mundo. Lo que no falta es gente entre los puestos, pudiendo llegar a ser algo agobiante en ocasiones, al menos si tu visita es en fin de semana, como fue la nuestra, pero si encuentras tu rinconcito más o menos tranquilo para tomarte un Glühwein, la verdad que merece la pena pasar el rato aquí y disfrutar a los pies de un edificio tan imponente como la Catedral, en una plaza que se extiende por todo su lateral y que está presidida por un gran árbol de navidad. Además, en otra pequeña plaza adyacente, en este caso con una enorme pirámide navideña alemana en el centro, se puede disfrutar de un gran ambiente festivo con música y puestos de comida.





Así pasamos nuestra primera tarde noche en Colonia, disfrutando de este mercadillo, casi hasta la hora de cierre, que es a las 22:00, y paseando un poco por las calles del centro histórico, en donde se pueden encontrar algunos puntos bastante fotogénicos y algunas fuentes destacadas.


Después, decidimos buscar alguna cervecería para cerrar la noche ya tranquilamente, y tras indagar un poco por google, optamos por ir hasta el Craftbeer Corner Coeln, un sitio que no es muy tradicional, pero que resultó todo un hallazgo, ya que tiene una buena carta de cervezas y la verdad que cuenta con un ambiente que nos gustó bastante para pasar el sábado noche degustando cervezas alemanas antes de irnos ya definitivamente al hotel a descansar.




Nos quedaba nuestro segundo día, ya completo en la ciudad, que iba a ser muy largo y cansado, pero muy bien aprovechado. Comenzamos a primera hora de la mañana, aparcando cerca del Museo del Chocolate, uno de los lugares destacados de Colonia y el sitio por el que íbamos a comenzar nuestra visita.
Situado a orillas del Rin, aquí se instala además el Kölner Hafen Weihnachtsmarkt. En este mercadillo los puestos se instalan en carpas blancas que simulan las velas de los barcos que surcaban el río, y destaca también la gran noria. La verdad que nos pareció el mercadillo más flojo de los que vimos en la ciudad, pero también es cierto que lo vimos un poco a medio gas, ya que no todos los puestos estaban aún abiertos, al acudir a primera hora.

También cuenta con el atractivo del Museo del Chocolate al lado, una visita interesante sobre todo si vas con niños, aunque nosotros lo consideramos algo caro (17 euros si vas en fin de semana) y que nos iba a llevar mucho tiempo, así que lo dejamos para otra ocasión, aunque sí aprovechamos para entrar a la tienda, que se puede ver sin entrar al museo, y llevarnos algún recuerdo.
Desde ahí, emprendimos camino andando por la orilla del río, pudiendo así disfrutar de las vistas durante el paseo, hasta llegar al Puente Hohenzollern o Hohenzollernbrücke, otro de los lugares más destacados de la ciudad. Este puente sobre el Rin fue construido inicialmente a inicios del siglo XX, pero durante la Segunda Guerra Mundial fue destruido por los propios alemanes para dificultar la entrada de los aliados en la ciudad, siendo posteriormente reconstruido.



Se trata de un puente ferroviario, que se puede atravesar también caminando, y se ha convertido en uno de los símbolos de la ciudad, mereciendo mucho la pena atravesarlo para que, desde la otra orilla del río, podamos disfrutar de la vista con el Puente y la Catedral de fondo. Además, como ha ocurrido en otros puentes y lugares, los candados colocados por las parejas de enamorados se han convertido en los últimos años en protagonistas, pudiendo verse miles de ellos en la valla que separa la parte peatonal de las vías del tren.


Cruzando de nuevo hacia el otro margen del río, en dirección al centro histórico, nuestra siguiente parada fue la Gran Iglesia de San Martín o Gross St. Martin, un templo de estilo románico que destaca a orillas del Rin y en el que se puede entrar de forma gratuita.


Cabe resaltar también, en la plaza donde se ubica, la estatuta de Tünnes und Schäl, dos personajes ficticios de la cultura popular de la ciudad, que han entretenido a los locales y visitantes desde su aparición en el teatro de marionetas tradicional de Colonia, y de los que supimos de casualidad, ya que no conocíamos previamente nada de su historia, pero al salir de la Iglesia, vimos un grupo de turistas junto a la estatua haciéndose fotos, y a partir de ahí indagamos por internet y conocimos su historia.

Otro lugar muy cercano a este punto, junto al Rin, y que no te puedes perder es la Fischmarkt, una antigua plaza de la época medieval en la que se vendía el pescado fresco que llegaba a través del río. Aquí destacan las coloridas casas, muy al estilo de las que se pueden ver también en Amsterdam a orillas de los canales, con los sistemas de poleas en sus fachadas.


Desde ahí nos dirigimos hacia Altermarkt, en donde se ubica el mercado de navidad que más gustó de Colonia, el Heinzels Wintermärchen, que se extiende por esta céntrica plaza y la cercana Heumarkt. Éste es el mercadillo de los enanitos, unos personajes que cuentan con su propia leyenda en la ciudad, según la cual, hubo un tiempo en el que los habitantes de Colonia no tenían que trabajar, viviendo felices y sin precupaciones, ya que eran los enanitos los que por la noche, cuando la población dormía, hacían todas las tareas. Pero si alguno de esos enanitos era descubierto, desaparecía; y así, una noche, la curiosidad de la mujer del sastre la llevó a descubrirlos, haciendo que todos se desvanecieran, lo que obligó a los habitantes de la ciudad a tener que trabajar de nuevo.
Ahora los enanitos son los protagonistas en este mercadillo, estando presentes entre los puestos, y también en la gran pista de hielo que se extiende por , alrededor de la gran estatua ecuestre de Friedrich Wilhelm III, con pista de curling incluida e incluso telesilla para los enanitos, como si de una estación de esquí se tratara. La verdad que toda esta zona es una pasada, con actuaciones de coros navideños durante el día e infinidad de puestos en los que tomar algo, hacer compras o incluso mandar una postal a tu lugar de origen para tener un recuerdo.















Además, ya saliendo del mercadillo en sí, en Altermarkt puedes encontrar varias cafeterías en las que tomarte un descanso, algo que aprovechamos a hacer para así también degustar la Kölsch, una variedad de cerveza propia de Colonia, servida en vasos de 20cl para que puedas tomártela siempre fresca.

Muy cerca también, encontramos el Ayuntamiento o Kölner Rathaus, otro de los lugares destacados de la ciudad, siendo el ayuntamiento más antiguo de Alemania, al tener más de 900 años de historia. Aunque tuvo que ser restaurado por los graves daños que sufrió después de la Segunda Guerra Mundial, y de hecho nosotros también encontramos en obras la plaza en la que se encuentra, lo que deslucía algo el entorno del edificio.


Se acercaba ya la hora de comer, y nos dirigimos hacia el mercadillo junto a la Catedral, que ofrece muchas opciones para escoger, siendo nuestra elección una raclette suiza de queso.


Nuestra intención después era entrar a la Catedral, que puede visitarse de forma gratuita, pero al intentarlo nos encontramos con un imprevisto, y es que ese día tenía lugar un concierto de Navidad en el templo, por lo que las visitas se restringían a poder verlo únicamente desde la parte de atrás, sin poder moverte libremente por toda la iglesia. La verdad que no habíamos mirado nada y de hecho dejamos la visita para esa hora central del día pensando que habría menos gente, al ser hora de comer, pero se nos vino abajo el plan y supuso una pequeña desilusión, por qué no admitirlo, aunque hemos de decir también que poder disfrutar un rato del concierto de navidad también fue una buena experiencia, que en parte compensó nuestro error.







La Catedral es el auténtico símbolo de Colonia, y probablemente uno de los monumentos más visitados de toda Alemania. Se trata de un templo católico de estilo gótico que comenzó a construirse en el siglo XIII, tardando más de seiscientos años en terminarse. Sus casi 160 metros de altura hicieron que fuera el edificio más alto del mundo durante muchos años y está declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Durante la Segunda Guerra Mundial sufrió importantes daños, pero por suerte, la estructura se mantuvo intacta, pudiendo después restaurarse para mostrar todo su esplendor. Actualmente se puede visitar de forma gratuita, pero si quieres subir a sus torres sí que debes pagar una entrada. Entre los tesoros que alberga hay que destacar el relicario de los Reyes Magos, un gran sarcófago triple que se sitúa tras el altar y que se supone que contiene los huesos de los Reyes Magos.


Después de este rato en la Catedral, continuamos nuestra visita por la ciudad, y nos dirigimos por Schildergasse, la principal calle comercial de Colonia, hacia otro de los mercadillos, aunque pasando antes por la bonita Basílica de los Santos Apóstoles o Basilika St. Aposteln, otra de las iglesias románicas de la ciudad.



Pero sólo era una parada intermedia, ya que como decíamos, íbamos hacia otro de los mercadillos navideños, el que se sitúa junto a Hahnentor, una de las puertas de la antigua muralla defensiva con la que contaba Colonia en la época medieval. Aquí, en Rudolfplatz, se sitúa el Mercado de Nikolausdorf, más pequeño que los otros mercados, pero con bastante encanto, simulando un pueblo navideño con casetas de entramado de madera.











Y quedaba aún un último mercadillo de navidad que visitar, en el camino de vuelta hacia el centro histórico, situado en la plaza Neumarkt, con un ambiente más tradicional y sobrio, con casetas de madera blanca, se trata del Mercado del Ángel o Markt der Engel. Aquí llegamos cuando ya había caído la noche, y creo que fue el momento ideal, porque la iluminación le daba un toque bastante bonito para pasear entre los puestos.












La verdad que merece mucho la pena visitar todos los mercadillos posibles, ya que todos son bastante diferentes entre sí y aunque tampoco están al lado unos de otros, las distancias no son insalvables. Nosotros, por ejemplo, hicimos todos los recorridos caminando, y a última hora de la tarde se va notando el cansancio, pero se puede aguantar bien, y mientras recorres también puntos destacados de la ciudad, así que la visita se hace muy amena.
Para acabar la tarde, decidimos volver al Heinzels Wintermärchen, que fue el que más nos gustó, y la verdad que acertamos, porque llegamos justo cuando un coro local comenzaba a cantar villancicos, poniendo así el broche de oro a una intensa jornada navideña, pero no con la jornada turística.





Porque para la cena, en esta ocasión decidimos ir a una cervecería tradicional, que siempre nos gusta hacerlo al menos una vez en nuestros viajes para degustar la gastronomía local. No teníamos reserva, así que buscamos alguna buena opción por google y escogimos la Brauerei zur Malzmühle, que resultó bastante bien, con una carta con bastantes opciones, entre las que escogimos cerdo asado y codillo, con guarniciones típicas, todo acompañado de la cerveza local Kölsch, pagando en total 48,10 euros, lo que no resultó excesivamente caro. Eso sí, cuidado con los camareros que se quieren pasar de listos con los turistas, porque ya teníamos calculado antes de que nos trajeran la factura el total, y el camarero nos indicó que era un 10% porque había sumado una propina sin consultarnos y esperaba que no nos diéramos cuenta, pero se lo dijimos y finalmente nos trajo la cuenta que sí era, y obviamente se quedó sin propina.





Fue el broche final a nuestra estancia en Colonia, una ciudad que nos dejó muy buena sensación, no sólo por los mercadillos navideños, que nos encantaron, sino por toda la ciudad en sí, porque la verdad, merece mucho la pena la visita, para ver los lugares en los que estuvimos, pero también otros que nos dejamos por falta de tiempo.

Y es que Colonia cuenta con una gran oferta cultural, con lugares como el Museo Ludwig, con una importante colección de arte contemporáneo, el Museo Romano-Germánico para entender mejor la historia de la ciudad, el Museo del Chocolate o el Museo del Perfume, ya que aquí fue donde se creo el famoso Eau de Cologne en el siglo XVIII. También es muy destacada la celebración del Carnaval, y existen lugares singulares como el mirador del Koelntriangle, que ofrece unas grandes vistas de la Catedral y el Puente Hohenzollern.
En definitiva, una ciudad con mucho que ofrecer a los visitantes y que no deja indiferente, así que un gran plan viajero para incluir dentro de tus planes si tienes pensado visitar Alemania.
Plan de viaje
Nuestra visita a Colonia formó parte de una ruta por la región de Renania que hicimos en Alemania, habiendo llegado en avión primero a Luxemburgo, donde alquilamos un coche. El vuelo, de ida y vuelta, fue entre Porto y Luxemburgo, y las fechas entre el 4 y el 9 de diciembre, volando con Ryanair. Pagamos el suplemento para poder viajar con maleta de cabina y mochila, por lo que el precio final de cada billete de ida y vuelta fue de 99,48 euros.
En cuanto al coche, alquilamos en el mismo aeropuerto de Luxemburgo, y por los seis días que tuvo el viaje, pagamos un total de 245’62€. Alquilamos con Hertz un Ford Puma, que resultó bastante cómodo para hacer toda la ruta planeada.
Por tanto, tras un primer día en la ciudad de Luxemburgo, luego emprendimos camino al segundo día hasta Münster, dirigiéndonos a continuación hasta Aquisgrán, trasladándonos después hacia Colonia. Todos los detalles sobre alguna localidad más que visitamos, las distancias, tiempos y carreteras de los viajes estarán en la entrada sobre la Ruta completa por Renania que realizamos.
Dónde alojarse
El mes de diciembre es uno de los más solicitados para visitar la ciudad de Colonia, y nosotros no pudimos planificar el viaje en cuanto a hoteles con demasiada antelación, así que el resultado de eso fue que no pudimos hacernos con una opción demasiado buena. Los precios estaban ya bastante altos cuando buscamos, si queríamos estar en plena ciudad y poder tener un sitio para dejar el coche, así que tuvimos que irnos hacia las afueras, donde ya había más opciones.
Al final, nosotros nos decantamos por el Hotel zum Jägerhof, que estaba a unos veinte minutos en coche del centro de Colonia, y era el que más se ajustaba a lo que queríamos en precio, saliendo las dos noches por 217,35 euros. Aún así, fue el precio más caro de nuestra ruta por la zona, pese a tener que irnos fuera de la ciudad, lo que habla de la demanda que hay aquí en estas fechas.
Había opción de ir desde el alojamiento al centro de la ciudad en transporte público, pero no era ni muy cómodo, ni demasiado rápido, así que nosotros optamos por movernos en coche y utilizar aparcamiento en el centro el primer día, y aparcar en la calle el segundo, que nos coincidió en domingo y no se pagaba. En el hotel había un mini aparcamiento para los huéspedes, con sólo tres espacios, pero en las calles aledañas al hotel se podía aparcar bien, así que no tuvimos problema en ese sentido.
En cuanto a la habitación, seguía un poco la línea de lo que hemos conocido habitualmente en Alemania, con un espacio bastante correcto, igual que la limpieza, sin grandes lujos, pero perfectamente funcional y permitiéndonos descansar con tranquilidad, que era lo que queríamos.


El hotel tenía otra parte de restaurante, pero al pasar el tiempo más en la ciudad esa zona ni la llegamos a conocer, porque además tampoco teníamos desayuno incluido, así que lo que nos importaba era más que no hubiera demasiado ruido, y en ese sentido no tuvimos ningún problema.
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