Siguiendo con nuestro periplo por tierras portuguesas, tras comenzar agosto en el Algarve y viajar a mitad de mes para conocer Trancoso y el municipio de Arouca, la siguiente parada para la Bússola fue en Aveiro, a donde llegamos un jueves, a primera hora de la noche, tras haber pasado ese día recorriendo los Passadiços do Paiva.
Esta ciudad portuguesa, situada algo más al sur que Porto, es uno de los destinos de moda del país luso. A orillas de la ría de Aveiro, está atravesada por varios canales, lo que le ha valido el sobrenombre de ‘la Venecia portuguesa’, algo que hay que entender simplemente como un gancho para atraer turistas, sin tomárselo al pie de la letra, ya que si vas esperando encontrar una copia de la ciudad italiana, te vas a decepcionar.
Aveiro es diferente, pese a tener como hemos dicho sus canales, e incluso sus ‘góndolas’, en este caso llamados moliceiros y que son a motor. Es una antigua villa marinera con bastante encanto, con una costa muy cercana, al otro lado de la ría, que merece mucho la pena, y de la que también os vamos a hablar aquí en el blog, así que, en definitiva, se trata de un atractivo destino turístico para pasar un buen fin de semana, a solo tres horas en coche de la frontera española por la provincia de Salamanca.
Pero bueno, os vamos a ir desgranando paso a paso nuestro viaje, así que toca empezar por la llegada, que como podréis imaginar, hicimos cansados y con ganas de darnos una ducha. Por tanto, lo primero fue instalarnos en nuestro alojamiento, en el Aveiro Rossio Lodge, un pequeño hostal situado en pleno centro histórico, en el barrio de Beira Mar, entre el Canal Central y el Canal de São Roque.

La habitación no era muy espaciosa, pero la verdad que no tuvimos ninguna queja durante las tres noches que pasamos allí, teniendo además una situación privilegiada que nos permitía movernos a pie por la ciudad. Para el coche teníamos a poco más de cinco minutos, al otro lado del Canal de São Roque, un aparcamiento gratuito en la rua dos Remadores Olímpicos, ya que en las calles donde estaba el hostal o estaba prohibido aparcar, o eran de pago. En definitiva, el alojamiento era sencillo, pero cumplía a la perfección lo que necesitábamos, saliéndonos las tres noches por 147 euros, sin que pudiéramos encontrar nada parecido en ese rango de precios en la zona, así que nuestra experiencia fue bastante satisfactoria, teniendo en cuenta que no habíamos reservado con demasiada antelación.
Una vez instalados, pese al cansancio con el que llegamos, quisimos salir a dar un primer paseo tranquilo, aprovechando también para cenar. Nos dirigimos hacia la Praça do Peixe, una zona que habíamos leído que concentra un gran número de restaurantes y locales donde tomar algo, y la verdad que nada más llegar pudimos ver que es así. Íbamos algo tarde, así que tampoco pudimos escoger mucho donde cenar, en un par de restaurantes nos dijeron que ya no podíamos sentarnos, pero finalmente en Necas’ House no había problema con la hora, y encontramos mesa, resultando, pese a la premura con la que buscamos, una buena elección.

Nuestra idea era tirar hacia platos de pescado, así que nos decidimos por un Arroz Tamboril para compartir, y una sangría de vino blanco para beber. Este plato de arroz caldoso con tamboril (rape en España) es una de nuestras opciones habituales cuando optamos por pescado, y aunque no fue el mejor que hemos probado por Portugal, sí que estaba bastante bien, sabiendo incluso mejor tras el largo día que habíamos pasado. Así que al final, pese a las prisas con las que habíamos salido del hostal, la cena salió bastante bien y por 44 euros en total.
Por lo demás, esa primera noche no exploramos mucho más, volviendo a nuestra habitación por el Canal que acaba en la propia Praça do Peixe, esperando descansar para comenzar el viernes ya con la exploración de la ciudad.
En nuestro primer día completo en Aveiro, lo primero era desayunar, y la verdad que en ese sentido, en Portugal es habitual encontrar muchas pastelerías donde tomar café y algo para acompañar, así que eso fue lo que hicimos, cruzando por una Praça do Peixe donde el Mercado vive una actividad muy diferente a la de la noche, abierto y con los puestos en plena ebullición vendiendo el material recién llegado directamente del océano. Desde ahí fuimos hasta el Canal Central de la ciudad, desayunando en una de las pastelerías situada al lado del Museu da Cidade, al que fuimos después ya que hay una oficina de turismo que utilizamos para coger un plano que nos ayudara a movernos y a encontrar mejor los sitios más destacados.


Este propio edificio del museo es un ejemplo del Art Nouveau o Arte Nova que se puede ver por toda la ciudad, con construcciones de finales del siglo XIX y principios del XX creadas por los burgueses de la época que enriquecieron el patrimonio de Aveiro y que son todo un atractivo para los amantes de la arquitectura. Son casi 30 los ejemplos de este estilo salpicados por toda la ciudad, contando con un museo dedicado a este tema.
La siguiente parada fue el puente principal que cruza el Canal Central, en la Praça General Humberto Delgado. Este puente tiene la curiosidad de que en cada una de sus cuatro esquinas tiene una estatua que representa y homenajea a los antiguos oficios tradicionales que se daban en Aveiro, con la Salineira (la mujer que transportaba la sal) y el Marnoto (trabajadores de las salinas); y a dos figuras características de los días de fiesta, la Parceira do Ramo y el Fogueteiro.




Además, desde el puente, se ve el edificio de la Asamblea Municipal, antigua capitanía marítima del puerto, también conocida como Casa de los Arcos, siendo además otro de los ejemplos de Art Nouveau.

Continuamos el paseo hacia el Forum Aveiro, un gran centro comercial situado junto al Canal do Cojo, que la verdad está bastante bien integrado en la ciudad, con galerías al aire libre y un último piso en donde hay jardines y se puede divisar el Canal desde las alturas.


Junto a una de las entradas del centro comercial, se sitúa el llamado Ponte Laços da Amizade. Este puente para cruzar sobre el canal, está completamente cubierto de lazos de colores que simbolizan la amistad y el amor, y la verdad que le da un aire diferente, siendo el punto predilecto para hacerse fotografías para mucha gente.



Ya por la tarde, tras pasar el día en la playa, aunque eso os lo contaremos más específicamente en otra entrada, continuamos con el paseo, acercándonos hasta la Sé de Aveiro (Catedral). No tuvimos suerte, porque cuando llegamos, vimos que estaba celebrándose una misa, así que obviamente no entramos al interior, que habíamos leído que era lo más destacado, teniendo que conformarnos con ojear un poco desde la puerta. El exterior realmente no es demasiado vistoso, ya que, pese a ser una Catedral consagrada originalmente en 1464, posteriormente sufrió varias remodelaciones que hacen que de esa construcción original solamente sobreviva una pared.


Terminamos el día visitando el Lago da Fonte Nova, un pequeño lago donde finaliza el Canal do Cojo, en donde se puede contemplar la Fábrica de Jerónymo Pereira Campos, una antigua factoría especializada en la cerámica que se fundó a finales del siglo XIX, símbolo de lo pujante que fue esta industria en la zona. Con el tiempo fue abandonada, pero en los años noventa se comenzó con su recuperación, demoliendo casi todo el interior, pero conservando las fachadas y la chimenea de ladrillo, así como arreglando el entorno para albergar actualmente el Centro Cultural y de Congresos de Aveiro y un restaurante.

Muy cerca también de este pequeño lago, podemos encontrar las escaleras más famosas de la ciudad. Con un gran ‘I Love Aveiro’ pintado sobre los escalones, es uno de esos puntos imperdibles para inmortalizar como recuerdo.
Por último, también junto a la laguna, se sitúa el Monumento a los Ovos Moles, el dulce típico de Aveiro. Presentes en todas las pastelerías de la ciudad, se trata simplemente de yemas de huevo con azúcar, recubiertas con oblea, siendo todo un símbolo de la ciudad, como muestra el hecho de tener su propio monumento. Nosotros no somos demasiado aficionados a este tipo de dulce, pero la verdad que en Aveiro los encuentras por todas partes, así que obviamente, no se puede dejar de mencionarlos.



Camino ya de vuelta hacia Beira Mar, desde el Lago, solo hay que seguir el Canal do Cojo y en unos diez minutos se llega a la parte histórica, pasando de nuevo por el Ponte Laços da Amizade, atravesando primero, junto al lago la parte más moderna de Aveiro, para llegar al final otra vez a la Praça do Peixe, donde ya teníamos reserva para cenar en el restaurante Porta 36.



Una vez más, fuimos directos a la parte de pescados y mariscos de la carta, eligiendo en este caso Caril (Curry) de gambas con arroz basmati y Dourada (Lubina) caldeirada con batata doce, combinándolo en esta ocasión con un Vino Rosé, y acabando con una Mousse de chocolate, almendras y caramelo salado. Fueron 46 euros en total y de nuevo, sin ser algo espectacular, quedamos satisfechos con la cena, y preparados para disfrutar un poco más de la noche de Aveiro, ya que en la misma plaza, había música en directo, que podías escuchar mientras tomabas algo en una de las múltiples terrazas que inundaban todo el espacio, así que aprovechamos para beber un par de cervezas antes de regresar al hostal y terminar así el día.


De cara al sábado, nuestro segundo día completo en Aveiro, gran parte del día lo pasamos en la costa, y como ya pusimos antes, ese apartado de las playas lo explicaremos ampliamente en otra entrada, pero regresamos justo a última hora de la tarde para poder vivir el atardecer desde las Salinas, ya que habíamos leído que merecía la pena, y la verdad que podemos corroborar que así es. Nosotros fuimos a las salinas donde se encuentra el Ecomuseu Marinha da Troncolhada, al final del Canal das Pirámides, justo en el punto donde se encuentran las esclusas que regulan el nivel de agua de los canales. Allí se puede andar entre las salinas y a esa hora de la tarde, con esa luz, la verdad que queda una estampa muy bonita y que nos gustó mucho vivir el atardecer así.
Tras ese atardecer, de nuevo, de cara a la noche, repetimos cena fuera, aunque cambiando ligeramente de zona, al desplazarnos hacia la Praça 14 de Julho. Se trata de otra zona cercana a la Praça do Peixe con varias terrazas, aunque en este caso para cenar más en plan de tapas, o como se dice a la portuguesa, petiscar, una manera más económica y que permite también probar cosas diferentes.


Encontramos sitio en la Taberna Portuguesa Zeca, y optamos por una tabla de cinco petiscos, bolos de bacalhau, pica-pau de porco, pota em salada, paté do mar caseiro y bacalhau lascado. Eso, junto a unas cervezas, fueron solo 20’50 euros, dirigiéndonos luego de nuevo, como la noche anterior, a las terrazas de la Praça do Peixe, donde había una noche más, música en directo.
Nos quedaba ya únicamente rematar con nuestro último día en Aveiro, un domingo que amaneció bien con sol, pero que poco a poco fue nublándose, así que en este caso no pudimos aprovechar para playa. Por la mañana, tras el pertinente desayuno, nos tocaba hacer el paseo en Moliceiro por los canales de la ciudad, obviamente no podíamos irnos sin subirnos a esta típica embarcación, llamada así porque antiguamente se usaba para recoger y transportar el moliço, una especie de alga que se encuentra en el fondo de la ría que luego era usada para la agricultura como abono.
El precio habitual del paseo es de 13 euros por persona, aunque en nuestro caso, sacando el billete en la recepción del hostal donde nos alojamos, teníamos un descuento de un euro, así que en total fueron 24 euros para los dos.
La mayoría de moliceiros salen desde el Canal Central, cerca del Jardim do Rossio. A partir de ahí, empieza un paseo de poco menos de una hora, recorriendo ese Canal Central hacia el Canal das Pirámides, llegando hasta las esclusas que dan acceso a la ría, junto a las Salinas. Ahí se da la vuelta para girar hacia el Canal de São Roque, que marcha paralelo al Cais de São Roque, donde se situaban muchas naves, hoy abandonadas en su gran mayoría, donde se almacenaba la sal. También se cruzan el moderno Ponte dos Botirões, que da acceso al pequeño Canal que lleva a la Praça do Peixe, y el Ponte dos Carcavelos, el más antiguo de la ciudad.




Posteriormente, se emprende camino de vuelta hacia el Canal Central, cruzando ahora bajo la Praça General Humberto Delgado para pasar junto al edificio de la Asamblea Municipal y encarar el Canal do Cojo hasta el Lago de Fonte Nova, pasando junto al Forum Aveiro y bajo el Ponte Laços da Amizade, retornando finalmente hasta el punto de partida, finalizando así un viaje que merece la pena, ya que se ve la ciudad desde otro punto de vista y además un guía va explicando todo lo que se puede ver durante el recorrido.


Tras la travesía en moliceiro, nos quedaba completar la visita a Aveiro con otro paseo, en este caso hacia la Praça da Republica, muy cercana al Canal Central, subiendo por la rua de Coimbra. En esta elegante plaza destaca el edificio de la Câmara Municipal, del siglo XVIII y que cuenta con el escudo de armas de la ciudad grabado en su fachada. Además, la plaza cuenta también con una estatua a José Estêvão Coelho de Magalhães en el centro, y a un lado se puede ver la Igreja da Misericórdia, lo que en conjunto deja una imagen muy bonita. Completa la plaza, en el otro lado, el Teatro Aveirense.


A partir de ahí, continuamos el paseo subiendo por la rua Combatentes da Grande Guerra, llegando hasta la Praça Marquês de Pombal, donde sobresale la casa de Santa Zita, cubierta de azulejos. Además, todas estas calles están pavimentadas con la denominada Calçada Portuguesa, y aquí en la plaza, por todo su perímetro, se pueden ver representados todos los signos del zodiaco, estando también pintados los bancos con motivos locales, lo que deja una agradable estampa en este lugar.


La penúltima parada antes de marcharnos de Aveiro fue de nuevo por la parte histórica, callejeando por las calles del barrio de Beira Mar, por donde se puede ver la Igreja de Nossa Senhora da Apresentação, o más cercano a la Praça do Peixe, la Capela de São Gonçalinho, de principios del siglo XVIII, que cuenta con una planta hexagonal y con un interior que por lo que pudimos leer merece la pena ver también, aunque en nuestro caso la encontramos cerrada, así que nos fue imposible.





La última visita, ya sí, fue una vuelta a las salinas, donde ya habíamos estado el día anterior al atardecer, pero que quisimos visitar con más calma para recorrerlas tranquilamente y leer un poco sobre su historia. En el Ecomuseo Marinha da Troncolhada puedes pasear entre las salinas, e incluso, según el momento en el que vayas, encontrar gente trabajando para amontonar la sal. Además cuenta con varios carteles informativos en el que se puede leer acerca de las tareas que allí se realizan, así como de la historia de este trabajo tan relacionado con Aveiro, así que merece la pena acercarse y conocer un poco más sobre estas labores.




Fue el epílogo perfecto antes de decir adiós a la ciudad, aunque no nuestra última visita en la zona, ya que, viendo que el día no invitaba mucho a ir por la costa, aprovechamos la cercanía de la fábrica de porcelana portuguesa de Vista Alegre, muy conocida en el país luso y con casi 200 años de historia a sus espaldas, situada en Ílhavo. Fundada en 1824, el complejo cuenta con un suntuoso Palacio, donde vivió la familia fundadora de la fábrica, con la Capela de Nossa Senhora da Penha de França, un barrio construido para los obreros, o un Teatro para el ocio de los habitantes de este complejo.

Se puede visitar el Museo, incluyendo también el taller de pintura manual de la cerámica y la capilla, por seis euros cada entrada de adultos, teniendo además en el propio complejo tanto tienda con los productos de Vista Alegre como outlet, así que siempre es interesante para los amantes de la cerámica.
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