Son muchos los atractivos que nos ofrece Portugal, país vecino, pero a la vez tan olvidado a veces a este lado de la frontera. Precisamente estas tierras lusas próximas a ‘La Raya’ esconden una serie de pueblos que guardan mucha historia y mucho patrimonio, siendo, por su tamaño, rápidos de visitar, pero no por ello carentes de interés. Porque si te detienes un poco e indagas en el pasado de estas tierras, serán muchas las historias que podrás encontrar y que le darán un toque especial a cada visita, para adornar los ya de por sí bonitos rincones que ofrecen.
Estos pueblos son las conocidas como Aldeias Históricas de Portugal, doce localidades que por momentos parece que se han quedado ancladas en tiempos pasados, transportándonos a otras épocas de tensiones fronterizas en las que sus castillos, murallas o fortalezas estaban a pleno rendimiento y protegían a sus habitantes en las habituales disputas territoriales que se daban en la zona.

Hoy Almeida, Belmonte, Castelo Mendo, Castelo Novo, Castelo Rodrigo, Idanha-A-Velha, Linhares da Beira, Marialva, Monsanto, Piódão, Sortelha y Trancoso viven ya más tranquilamente, e incluso sufren también los problemas de la despoblación, como ocurre en tantos lugares del interior en España. Pero a la vez, lucen sus mejores galas para recibir a los visitantes que llegan atraídos por todo lo que ofrecen, y están unidos desde 2007 en esta asociación que ha conseguido volver a hacerlas un poco más visibles.
Para nosotros, estos pueblos son ideales como complemento a otras visitas, ya que al ser localidades pequeñas, se recorren de forma rápida. En ese sentido, aprovechando uno de nuestros viajes, por el camino teníamos que cruzar por Trancoso, así que era una gran oportunidad para iniciar las visitas a estas Aldeias Históricas, y por tanto, esta será la primera de la que os vamos a hablar.
Nada más llegar en coche, a la entrada se encuentra un gran parking, así que en ese sentido, esta localidad tiene la ventaja de poder despreocuparte del tema del aparcamiento. Además, allí mismo, antes de entrar en la parte histórica, podemos ver la pequeña Capela de São Bartolomeu, que nos recuerda que fue en esta villa donde, en 1282, tuvo lugar la Boda Real entre el rey Don Diniz I y la reina Santa Isabel, heredera del Reino de Aragón, lo que nos da una idea de la importancia que tenía esta ciudad fronteriza en la época. Dos bonitas estatuas junto a la capilla nos recuerdan este casamiento, y son el preámbulo perfecto para adentrarnos en la zona principal de la villa.



A esta parte histórica se accede cruzando por las majestuosas Portas d’El Rei, que atraviesan una Muralla cuya construcción se remonta al menos al siglo XII, aunque en siglos posteriores se fue reformando ampliamente durante distintos reinados, manteniéndose hoy en pie tres de las cuatro puertas principales, la ya mencionada del rey, las Portas do Prado y las Portas do Carvalho.

Una vez dentro del recinto amurallado, lo primero que veremos, girando a la izquierda será una plaza presidida por la estatua de Bandarra, en memoria de Gonçalo Anes Bandarra, famoso poeta, profeta y zapatero que nació y vivió en Trancoso durante el siglo XVI, y que es conocido por algunos como ‘el Nostradamus portugués’, algo que le hizo tener que vérselas con la Inquisición del país luso.
Volviendo de nuevo a la calle principal, avanzamos hasta una gran plaza en la que destacan a la derecha el Pelourinho, justo delante de la Igreja de São Pedro, un templo fundado en la Edad Media, pero que luego fue reconstruido durante el siglo XVIII, con arquitectura del barroco tardío, que guarda en su interior los restos del profeta Bandarra, que fue enterrado aquí en 1545, aunque en nuestro caso, solo pudimos ver el exterior, ya que se encontraba cerrada.


A partir de este punto, nosotros nos dedicamos a callejear un poco, explorando para poder llegar hacia el Castillo, situado en la parte alta de la villa. La primera referencia de su construcción data del año 936, siendo escenario a partir de ahí de diversas batallas, convirtiéndose así en una de las principales fortificaciones de la región. Conserva aún la Torre del Homenaje, además de cinco torreones rectangulares que se distribuyen por la cerca rectangular. Nosotros llegamos justo cuando cerraba, así que nos quedamos con las ganas de poder explorar el interior, pero al final así tenemos un motivo más para volver.



Pasear por el perímetro del Castillo merece la pena, contemplando el bonito paisaje que rodea a Trancoso, y pudiendo encontrar otros accesos a la muralla, como las Portas da Traição, por la que cruzamos para recorrer el paseo que existe hasta llegar al Olhinho do Sol, por el que volvimos a acceder hasta los exteriores del Castillo.




A partir de ahí, ya nos dedicamos a explorar diferentes rincones por el centro histórico, con muchas calles donde las hortensias dan un colorido especial, sumando atractivo a las diversas iglesias, palacios, la Casa do Gato Preto o el Centro de Cultura Judaica Isaac Cardoso, dedicado al pasado judío en la ciudad, que completan las opciones de visitas en Trancoso.




Nosotros quedamos encantados con la visita, aunque siempre con ganas de haber podido ver un poco más, pero al final pasamos allí en Trancoso poco más de dos horas, y por el horario en que llegamos, más las limitaciones que impone la situación actual con la pandemia, la mayoría de sitios en los que se podía entrar, estaban cerrados, así que seguro que volveremos para seguir explorando y completando esta guía, porque la opción de las Aldeias Históricas de Portugal nos gusta y tenemos intención de ir conociéndolas todas poco a poco.
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