Completados los seis días de viaje por Sicilia, ya resumidos en cuatro etapas (I, II, III y IV) en este mismo blog, aún nos quedaba una última experiencia en Italia, porque al reservar nuestro viaje, la mejor opción que encontramos para la vuelta fue hacer escala en Milán, teniendo la llegada a esta ciudad cerca de la media noche y la salida a primera hora de la tarde, lo que nos dejaba una mañana para realizar una visita exprés, que seguramente no fue la mejor manera de conocer el lugar, pero que ya puestos a ello tratamos de aprovechar al máximo, exprimiendo cada momento que pasamos allí.

Y a la capital lombarda llegamos bien entrada la noche, lo que unido a la lejanía del aeropuerto de Malpensa de la ciudad, nos hizo que nuestro primer destino fuera directamente el hotel para descansar, aunque también es cierto que, al estar en la zona de la Estación Central de Milán, donde nos dejaba el autobús procedente del aeropuerto, pudimos contemplar de noche este imponente edificio.

Un buen comienzo antes de llegar al Hotel Siena, un sencillo alojamiento con baño compartido, aunque con ducha en la propia habitación, que escogimos por ser barato y cercano a la estación, que la verdad que nos sorprendió gratamente, ya que esperábamos algo un poco peor y la habitación estaba bastante bien, teniendo también un buen desayuno. Aunque al final el punto negativo fue el mal carácter del dueño, que a pesar de que el establecimiento tenía recepción las 24 horas, no nos recibió de buen agrado cuando llegamos pasada la media noche.

Pero bueno, ya bien descansados, a la mañana siguiente tocaba madrugar para dar un paseo por el centro de Milán, intentando optimizar nuestras pocas horas allí. Así que bien temprano nos pusimos en marcha, cruzando por el Parque Indro Montanelli para dirigirnos hacia el Teatro de La Scala, con la estatua de Leonardo Da Vinci justo enfrente.

Esto fue simplemente un bonito prólogo antes de adentrarnos en la imponente Galleria Vittorio Emanuele II, un pasaje comercial que tuvimos la suerte de atravesar temprano, antes de que se llenara de gente, pudiendo admirar sus techos acristalados o los mosaicos que decoran sus suelos, un lugar de esos que no deja indiferente, más aún si cabe cuando al salir por el lado opuesto te enfrentas al Duomo de Milán, una catedral simplemente impresionante.

Esta catedral gótica es todo un símbolo de Milán, y probablemente casi todo el mundo haya podido ver muchas imágenes de ella, pero poder estar allí in situ en la plaza, admirándola, hace que entiendas todos esos elogios que recibe por su belleza, porque merece la pena la visita a Milán solo por poder pasar un rato allí contemplándola. En nuestro caso, la pena fue que, dado lo corto de nuestra visita, no pudimos entrar a verla por dentro, algo que nos queda en la lista de tareas pendientes, porque seguro que completar la visita con la vista del interior hará que, sino quedamos ya enamorados de su grandiosidad, lo hagamos entonces.

Tras las pertinentes fotos frente al Duomo, nos dirigimos por la Piazza Mercanti y la Via Dante hacia el Castello Sforzesco, una fortaleza que cuenta con varios museos en su interior y que es la antesala para llegar al Parque Sempione, un bonito espacio verde que alberga el Arco della Pace, un gran arco del triunfo.

Desde allí nos dirigimos hacia el convento de Santa Maria delle Grazie, un antiguo convento de los dominicos que por fuera no destaca especialmente, pero que dentro de sus paredes alberga ‘La Última Cena’, la fantástica obra de Leonardo da Vinci que tampoco pudimos contemplar por la premura de nuestra visita, aunque además en este caso se hace imprescindible la reserva de las entradas con mucha antelación, dada la limitación de visitantes que tiene el lugar.

A partir de ahí, emprendimos camino de vuelta hacia el hotel para recoger nuestras maletas y dirigirnos hacia la Estación Central, que visitamos rápidamente por su interior antes de coger el autobús que nos llevaba hacia el aeropuerto de Malpensa, para ahora sí, emprender definitivamente el regreso a España, con pocas fuerzas ya, pero con una gran cantidad de recuerdos en nuestras mentes acerca de una intensa semana por Italia que exprimimos y disfrutamos al máximo.


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