Un ‘Paradiso’ de postal en Cefalú

Tras esta segunda noche en Palermo, despertábamos para afrontar el que iba a ser el último día completo en Sicilia, un día que íbamos a pasar en Cefalú, una pequeña localidad costera cerca de la capital, a la que se llegaba tras un cómodo trayecto por autopista.

Eso sí, tras el viaje, el tráfico una vez en Cefalú se volvía bastante denso, dada la gran cantidad de turistas y el pequeño tamaño del lugar, lo que unido a que la mayoría de aparcamiento en sus calles era de pago, nos hizo tomar la decisión de dejar nuestro coche justo antes de entrar propiamente en la localidad, en algunos espacios a los lados de la carretera en los que ya había otros vehículos aparcados, por lo que tuvimos que caminar un poco para llegar al centro histórico, pero que nos permitió despreocuparnos de recargar la hora cada cierto tiempo.

El recorrido por el centro histórico de Cefalú es bastante sencillo, ya que son dos calles principales, la Via Vittorio Emanuele y el Corso Ruggero las que hacen un recorrido casi circular y en donde se concentran gran cantidad de tiendas, locales donde comprar comida o restaurantes. Además, hay otras callecitas más pequeñas entre las dos principales por si se quiere profundizar en la exploración, pudiendo así encontrar pequeños rincones con encanto en un pueblo que la verdad que nos encantó.

En nuestro paseo, la primera parada obligada fue para admirar el Duomo de Cefalú, que junto a Palermo y a la Catedral de Monreale forman un conjunto histórico-artístico declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. En este caso, el Duomo de Cefalú se puede visitar gratuitamente, y está situado en un lugar idílico, con una bonita plaza llena de terrazas delante y la imponente Rocca a su espalda, dejando una estampa digna de recordar, porque además, la catedral, de estilo arabe-normando, tiene una gran belleza, tanto es su exterior, como en el interior, con un Pantocrátor similar al que ya habíamos visto en el Duomo de Monreale.

La siguiente parada en nuestro recorrido fue en la zona del puerto viejo, un lugar de postal, con sus casas prácticamente metidas en el mar y su pequeña playa de arena, en donde no faltaban las barquitas esperando a que los marineros las llevaran al mar. Para los más cinéfilos, este lugar es conocido por su aparición en la película ‘Cinema Paradiso’, ya que ahí se rodaron las escenas del cine al aire libre, con la gente viendo incluso desde pequeñas barcas las películas que el joven Salvatore proyectaba.

Además, en esa misma parte del puerto viejo, atravesando una pequeña puerta en el muro, pasamos a una zona de rocas en las que hay unas bonitas vistas al mar.

Volviendo atrás para reemprender el camino principal y tras reponer fuerzas con un brioche con helado, llegamos a la salida del centro histórico, pasando a la zona del paseo marítimo, un bonito sitio por el que caminar y que, transcurridos unos metros, permite ver una recomendable perspectiva de la zona histórica de Cefalú, lo que hace que este sea un sitio ideal para los amantes de las fotos, ya que se captura la imagen de la playa con el fondo del centro histórico de la localidad.

Para completar la mañana, decidimos subir a La Rocca, la montaña a la vera de la que se sitúa Cefalú, y que supone un paseo de algo menos de una hora, algo duro por lo empinado del terreno, pero que merece la pena hacer, a pesar de la sorpresa negativa que supuso el tener que pagar para subir caminando. En lo alto de este lugar encontramos las ruinas de un antiguo Castillo, viendo luego en la bajada otras ruinas, en este caso del Templo de Diana. Estos dos emplazamientos la verdad que no son especialmente destacables, siendo lo más impresionante de La Rocca las vistas sobre Cefalú, con diferentes ángulos para admirar la bonita localidad desde las alturas, incluyendo la vista aérea prácticamente desde encima del propio Duomo.

De vuelta a las calles del centro histórico, tocaba ya descansar y refrescarse tras el esfuerzo de la subida en la playa, optando primero por un chapuzón en la zona del paseo marítimo, para luego más tarde desplazarnos hasta la playa en la zona del puerto antiguo, atravesando la Porta Pescara, un lugar ideal para las fotos. Allí volvimos a aprovechar para darnos otro baño, mientras el sol iba bajando sobre el mar, dejando un atardecer para guardar en la memoria.

Con estas últimas luces del día, emprendimos camino de vuelta al coche para ir a la búsqueda de nuestro alojamiento, que se encontraba a unos 7 kilómetros de Cefalú, en Sant’Ambrogio. Se trataba de Case Saponara, un B&B situado en un entorno natural con encanto, que nos había gustado mucho en las fotos, pero que luego tenía un acceso no demasiado sencillo, más llegando de noche como nos sucedió. Pese a todo, la habitación estaba bastante bien, y por la mañana, el desayuno, pese a algunos detalles mejorables, también estuvo bien.

Pero bueno, volviendo a la llegada, después de instalarnos y de una ducha, retornamos a Cefalú, ya que para esta última noche siciliana, habíamos decidido cenar en un bonito restaurante que vimos durante nuestro paseo por la mañana, la Taverna Tinchite’, que la verdad, supuso todo un acierto, pasando una agradable velada en la que disfrutamos de una Caponata di Melanzane para abrir apetito y pasta para continuar, bien regado con un sabroso vino y con un limoncello para rematar.

Todo antes de un paseo para admirar de nuevo, esta vez con las luces de la noche, una localidad de la que enamorarse.

Un breve paso por Enna, en el corazón de Sicilia

Metidos ya en la última jornada en Sicilia, tocaba emprender el viaje de vuelta hacia el aeropuerto de Fontanarosa en Catania, pero como teníamos el vuelo a primera hora de la noche, aún podíamos aprovechar bien ese día, con las últimas visitas por la isla.

En el viaje, la primera parada fue en Enna, situada en pleno centro de Sicilia, la verdad es que no nos dejó tanta huella como otros sitios que habíamos visitado previamente, ya que es una ciudad pequeña, que tampoco cuenta con gran cantidad de atractivos, coincidiendo además que la Catedral estaba en obras, por lo que la fachada estaba tapada con andamios, perdiendo así todo su encanto.

Aparte, pudimos dar un paseo para ver algunas iglesias y edificios destacados en torno a la calle principal, y el Castillo en lo alto de la ciudad, pero lo que más destacaríamos realmente es la vista que ofrece a otra ciudad cercana, Calascibetta, situada sobre una elevación, como es el caso de la propia Enna, lo que permite una bonita panorámica de la zona.

El sorprendente encanto de la bella Catania

Pero no había tiempo que perder, así que continuamos nuestro viaje para llegar a Catania, que dejamos para el último día en una visita rápida, ya que habíamos leído que no tenía mucho que ofrecer, aunque puede que por tener las expectativas bajas, nos sorprendió y nos pareció bastante bonita.

Lo primero que encontramos en nuestro paseo fue el Anfiteatro Romano, situado en plena calle, al que se podía acceder para pasear por sus ruinas, en una estampa bastante curiosa de un lugar con tantos años a sus espaldas, rodeado y casi cercado por la modernidad de las ciudades actuales.

Desde ahí, continuamos camino por la Vía Etnea, cruzándonos con varias iglesias, pero sin parar hasta llegar a la Piazza del Duomo, que la verdad resulta impresionante con la bonita Catedral de Santa Ágata y enfrente, la Fontana dell’Elefante, uno de los símbolos de la ciudad.

Nosotros aprovechamos que la entrada a la Catedral es gratuita para visitar el interior, que no ofrecía grandes alardes, pero sí resultaba bonito, destacando un impresionante órgano.

Tras esta visita, tocaba reponer fuerzas, no pudiendo despedirnos de Sicilia sin comer nuestros últimos arancini, antes de visitar la zona del Mercato de la Pescheria, que al ser ya por la tarde cuando llegamos no tenía casi puestos funcionando, ni mucha gente por sus calles, pero sí se podían contemplar los paraguas de colores que adornaban lo alto de sus calles, protegiendo del sol a los comerciantes y a los visitantes, pero también dejando una muy bonita instantánea.

La vuelta hacia donde habíamos aparcado el coche la hicimos por otra de las calles principales del centro histórico de Catania, la Vía Crociferi, donde se concentra un gran número de iglesias, dejándonos finalmente con ganas de haberle podido dedicar un poco más de tiempo a esta ciudad.

Aci Trezza y la leyenda de sus Faraglioni

Pero teníamos que llegar al coche porque ahora ya sí, quedaba la última parada en la isla, que iba a ser en Aci Trezza, a unos 12 kilómetros de Catania, para contemplar los Faraglioni dei Ciclopi, enormes piedras de origen volcánico situadas en el mar frente a esta pequeña localidad, que provienen de la actividad submarina del Etna hace miles de años, que han dejado estas curiosas formaciones, a las que además envuelve la mística con una interesante historia sobre el mito de Ulises y los cíclopes.

Ese fue nuestro perfecto broche final a la intensa visita de seis días por Sicilia, ya que de ahí fuimos al aeropuerto de Fontanarosa para coger un vuelo que nos haría abandonar la isla, pero no Italia aún, porque al viaje le quedaba aún su epílogo, media jornada de escala en Milán.


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