Qué decir de Florencia, una ciudad de esas de la que todo el mundo tiene alguna imagen en su mente. En nuestro caso, tras varios viajes por Italia, era una asignatura pendiente que teníamos, y coincidiendo con unas fechas especiales para nosotros, consideramos que era una gran oportunidad para conocerla. Y la verdad que es un acierto siempre ir hasta la capital de la Toscana, aunque eso sí, prepárate también para sumergirte en el turismo de masas, porque la ciudad siempre está repleta de visitantes.
Pese a esta masificación, la visita a Florencia es imprescindible, no en vano es la cuna del Renacimiento, y son innumerables los puntos de interés que se pueden visitar, aunque por suerte, se puede hacer todo a pie por su centro histórico, ya que las distancias no son excesivas, eso sí, al final del día es verdad que te darás cuenta de que has recorrido una buena distancia.
Nosotros disponíamos de tres días casi completos, ya que el primero de ellos llegamos a mediodía, y este es tiempo suficiente para ver los imprescindibles, y dejarte a lo mejor alguna cosa para una futura visita, porque es uno de los lugares a los que merece la pena volver. Además, si dispones de más días, son varias las opciones para visitar otros puntos de interés cercano, como la propia región en sí de la Toscana, o ciudades como Pisa o Siena.
A continuación os dejamos día a día el recorrido que nosotros hicimos, basándonos un poco en cosas que habíamos leído previamente, pero también improvisando un poco, porque los días que estuvimos allí, también tuvimos algo de lluvia. Además, hay que tener en cuenta que como se va a andar bastante de un lado a otro del centro histórico, varios de sus puntos destacados los podrás ver en diferentes momentos del día durante las caminatas. En definitiva, nuestra ruta de tres días quedó así.
- Primer día: Piazza Santo Spirito, Ponte Santa Trinita, Piazza del Duomo, Piazza della Signoria, Palazzo Vecchio, Piazza del Mercato Nuovo y Fontana del Porcellino, Piazzale Michelangelo.
- Segundo día: Palazzo Pitti, Ponte Vecchio, Cattedrale di Santa Maria dei Fiore, Farmacia di Santa Maria Novella, Basilica di Santa Maria Novella, Galleria degli Uffizi, Palazzo Medici Ricardi, Basilica di San Lorenzo.
- Tercer día: Piazza y Basilica di Santa Croce, Piazza della Santissima Annunziata, Galleria dell’Accademia, Mercato Centrale, Iglesia de Orsanmichele, Piazza della Republica, Cinema Odeon.
Primer día en Florencia:
Marcado ya el itinerario que seguimos, vamos a comenzar a narrar un poco nuestra experiencia. Nuestro alojamiento se situaba al otro lado del río Arno, muy cerca de la Piazza Santo Spirito, así que una vez hecho el check in y dejado las cosas en el hotel, fue allí a donde nos dirigimos. Esta plaza cuenta con muchos establecimientos de hosteleria, ya sean cafés o restaurantes, y la verdad que siempre estaba bastante animada, así que fue una gran opción para empezar con calma nuestra estancia en la ciudad, tomando una cerveza tranquila para reposar un poco tras el viaje.
Después, siendo ya la hora de comer, aprovechamos que allí al lado se encontraba la Pizzería Gustapizza, que la habíamos visto recomendada en varios sitios. Fue nuestra primera cola en Florencia, ya que estaba todo ocupado al llegar y no aceptan reservas, pero bueno, en unos quince minutos conseguimos mesa, y la verdad que no está nada mal, sin ser una maravilla como habíamos leído en algún sitio, pero se puede comer a buen precio y tiene buena variedad de pizzas.



A partir de ahí tocaba emprender camino hacia el centro, y lo hicimos cruzando por el Ponte Santa Trinita, desde donde se pueden disfrutar de unas vistas preciosas del Ponte Vecchio, así que la parada para hacer unas fotos es obligatoria.


A partir de ahí, te adentras en pleno centro histórico, atravesando varias calles con tiendas de marcas de lujo, dirigiéndonos en nuestro caso a la Piazza del Duomo, un lugar que se va vislumbrando ya desde algunas calles antes y que no defrauda, ya que el conjunto formado por el Duomo, el Campanile di Giotto y el Battisterio di San Giovanni es de los lugares que se quedan en la memoria para siempre, con una gran belleza.




Desde allí, nos dirigimos a otra de las grandes plazas de la ciudad, la Piazza della Signoria, donde destacan las estatuas de la Fuente de Neptuno o la figura ecuestre de Cosme I, a un lado del Palazzo Vecchio, en cuyo frente hay más figuras escultóricas, como una réplica del David de Miguel Ángel. Además, destaca la presencia de la Logia dei Lanzi, una galería porticada con diversas esculturas en su interior. Además, no sólo el Palazzo Vecchio destaca entre las construcciones de una plaza que alberga también el Tribunal de las Mercancías o el Palazzo Ugocioni. Todo ésto, convierte la plaza en una especie de museo al aire libre que le da gran belleza y un ambiente especial. En nuestro caso, exploramos un poco el interior del Palazzo Vecchio, pero si estás interesado en verlo más en profundidad, es una de las visitas que se puede hacer en la ciudad.





Siguiendo con nuestro camino, muy cerca de la anterior plaza, podemos encontrar la Piazza del Mercato Nuovo, en donde destaca la presencia de la Fontana del Porcellino, una figura en bronce de un jabalí al que es tradición frotar el hocico y luego introducirle una moneda en la boca y dejarla caer, diciendo la superstición que si se cuela en la rejilla que hay debajo, tendrás buena suerte. La verdad que este lugar está bien para visitarlo, pero la tradición crea grandes aglomeraciones de gente, y algunas prácticas poco éticas, por decirlo así, ya que cuando estuvimos, una de las personas que estaba pidiendo por la calles cercanas, se acerco y sin más recogió todas las monedas que no se habían colado por la rejilla.


A esas horas, la tarde iba avanzando, así que de cara a la puesta de sol, quisimos acercarnos a Piazzale Michelangelo, algo apartado del centro histórico, al otro lado del río y a unos veinte minutos caminando, con la parte final de bastante subida, pero que ofrece unas vistas panorámicas de toda la ciudad que merecen mucho la pena, más si van acompañadas de la caída del sol, dejando una estampa muy bonita. Eso sí, no penséis que es un lugar de esos secretos, ya que es el lugar al que gran número de turistas acuden, con su botella de vino o sus cervezas, para disfrutar de este momento del día, por lo que está completamente lleno, y no es sencillo coger un sitio para sacar buenas fotos, aunque con paciencia se pueden hacer. Pese a todo, y admitiendo que el lugar en precioso, nos quedó una sensación agridulce por ver la saturación que tenía.



Tras esto, y con bastante cansancio acumulado, después de haber comenzado el día muy temprano, nos dirigimos a hacer algunas compras en un supermercado, y fuimos hasta el hotel a descansar un poco, saliendo después al principio de la noche para ver el ambiente en torno a la Piazza Santo Spirito y tomar algo, destacando el descubrimiento de un sitio que nos encantó, la Gelateria Sbrino, donde comimos el mejor helado del viaje. Además, esta heladería, muy cercana a la plaza, tiene al lado un fotomatón antiguo, que últimamente se ha puesto tan de moda. Así que con este plan tranquilo de helado y fotos terminamos nuestro primer e intenso día por Florencia.


Segundo día en Florencia:
Con fuerzas renovadas, comenzamos nuestro segundo día explorando el barrio de nuestro alojamiento, para pasear frente al Palazzo Pitti, un imponente edificio que fue construido en el siglo XV bajo encargo del comerciante florentino Luca Pitti, y que posteriormente fue comprado por la familia Medici. Hoy en día alberga importantes colecciones artísticas, y cuenta también tras él con el Giardino di Boboli, un área extensísima que hoy es el parque más famoso de la ciudad, pero que en su día fueron los jardines de la residencia de los grandes duques de la Toscana.

El palacio se encuentra muy cercano al río, que en este punto se atraviesa a través del Ponte Vecchio, un puente medieval sobre el río Arno que se ha convertido en uno de los símbolos de Florencia y en uno de los puentes más conocidos del mundo, que fue además el único de la ciudad que no fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial. Además, como curiosidad, es uno de los pocos puentes habitados del mundo, y cuenta con actividad comercial, que desde finales del siglo XVI protagoniza el gremio de joyeros. También cuenta en uno de sus lados con el llamado Corredor Vasariano, un pasaje elevado que conecta el Palazzo Vecchio, sede del gobierno de la ciudad, con el Palazzo Pitti, residencia de los gobernantes, que así tenían un camino directo entre ambos lugares sin tener que pasar entre la gente.







Una vez ya en pleno centro histórico, nos dirigimos hacia la Piazza del Duomo, para visitar la Cattedrale di Santa Maria dei Fiore, a la que se puede acceder de forma gratuita, aunque toca hacer cola para pasar el control de seguridad, y en nuestro caso, fueron cuarenta minutos de espera hasta entrar. La catedral, fue proyectada a finales del siglo XIII para potenciar la imagen pujante que estaba cogiendo la ciudad de Florencia, y en el momento de su construcción se convirtió en la más grande de Europa, culminada además con una de las grandes obras de ingeniería del Renacimiento, la cúpula diseñada por Brunelleschi en el siglo XV. Destaca también su fachada, diseñada en mármoles rosas, blancos y verdes, en armonía con el campanario de Giotto y el baptisterio, siendo el interior mucho más austero, sin grandes alardes decorativos, y que puede decepcionar un poco, aunque es cierto que se pueden ver elementos destacados como los frescos que representan El Juicio Final en el interior de la cúpula.



Nosotros hicimos sólo la visita del interior de la Catedral, pero se pueden visitar también tanto la cúpula de la propia Catedral, como el Campanario o el Baptisterio, habiendo diversas opciones para hacerlo combinando todos los espacios visitables.
En nuestro caso, continuamos camino, para dirigirnos hacia la Farmacia di Santa Maria Novella, situada muy cerca de la basílica, y considerada la más antigua de Europa, con orígenes que se remontan al siglo XVIII. Aún hoy ofrece sus servicios como farmacia, y lo hace en un espacio que merece la pena conocer, bastante singular e histórico.




Y como indicamos ya antes, muy próxima se encuentra la Basilica di Santa Maria Novella, otra de las iglesias más importantes de la ciudad, ubicada en la plaza del mismo nombre. Con fachada también en mármol, está considerada Patrimonio de la Humanidad y tiene sus orígenes ya en el siglo XI, además, en su interior, que es posible visitar, cuenta también con importantes pinturas del Renacimiento.



Se acababa ya la mañana y empezaba a llover un poco, así que en ese momento, decidimos que lo mejor era estar a cubierto, y qué mejor sitio para eso que la Galleria degli Uffici, el museo más importante de Italia, que cuenta con una de las colecciones de arte más antiguas y famosas del mundo. Pagamos 25€ por cada entrada, y en ella se te asigna la hora en la que debes dirigirte al acceso. Ahí tienes que hacer algo de cola, pero en seguida, tras el paso por el control de seguridad pudimos entrar, y empezar a disfrutar de este maravilloso espacio. Merece la pena visitarlo con calma, aunque no seas un gran experto ni entendedor sobre arte, como es nuestro caso, dedicándole tiempo para observar toda la colección de obras expuestas. El espacio fue creado en el siglo XVI, más como espacio privado en principio para disfrute de los gobernantes de la ciudad. Pero en el siglo XVIII abrió ya oficialmente sus puertas como museo, y hoy en día es una de las atracciones turísticas más visitadas no sólo de Florencia, sino de toda Italia.






El museo cuenta con obras maestras de muchas épocas, destacando el Prerrenacimiento, el Renacimiento o el Barroco, con piezas de autores tan reputados como Giotto, Fra Angelico, Piero della Francesca, Sandro Boticelli, Rafael, Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci o Caravaggio, entre otros muchos. Un espacio para el deleite de los amantes del arte y para que los menos expertos aprendamos algo más sobre él, en el que se te va el tiempo paseando entre sus salas y admirando todos sus espacios.





Y es que pasamos algunas horas en el Museo, y al salir, ya mediada la tarde, el hambre apretaba, así que, dada la cercanía, decidimos probar a ver qué tal estaba uno de los locales más famosos de la ciudad, All´Antico Vinaio. Allí se pueden probar los famosos Schiacciate, unos bocadillos hechos de focaccia y con gran variedad de ingredientes para elegir en su contenido, destacando los embutidos de la región de la Toscana. Habitualmente, en las horas punta, las colas para pedir tu comida son bastante largas, aunque leímos que suele ir rápido. En nuestro caso, como fuimos a una hora menos habitual para comer, no había prácticamente cola, así que pudimos elegir con calma entre la gran variedad de opciones que hay, y disfrutar viendo la preparación, pudiendo incluso hasta sentarnos en el interior del local, que cuenta con un pequeño espacio con sillas altas, para degustar nuestros pedidos. La verdad que el veredicto es muy bueno, siendo un tipo de comida que nos gusta mucho, y que además es económica. No llegó al nivel, para nuestro gusto, de los bocadillos que comimos en Sicilia, pero aún así, la nota es muy alta y merece mucho la pena.


El resto de la tarde, lo dedicamos ya a un paseo tranquilo por el centro histórico, acercándonos a ver el Palazzo Medici Riccardi, que encontramos cubierto por una lona en su exterior, ya que está sufriendo reformas. Este palacio fue mandado construir a mediados del siglo XV por Cosme de Medici, y vendido posteriormente a la familia Riccardi, y hoy en día se puede visitar para conocer sus espacios y las obras artísticas que alberga. Muy cerca, se encuentra la Basilica di San Lorenzo, mandada construir también por Cosme de Medici, y que alberga las Cappelle Medicee, lugar de sepultura de los representantes de esta familia que gobernó Florencia durante varios siglos, y que también es posible visitar.


Culminamos así otro intenso día de visitas por la ciudad, que rematamos ya de forma más tranquila de vuelta a la zona de nuestro alojamiento tomando unos vinos de la región. Allí encontramos ‘Il Santino’ una enoteca que estaba bastante animada y donde probamos tanto el Chianti como el Chianti Classico, las dos Denominaciones de Origen de vino tinto más características de esta región de la Toscana, y una perfecta manera para terminar el día.
Tercer día en Florencia:
Nos quedaba nuestro último día completo en la ciudad, y coincidía que era domingo, así que había mercado con productos de la región en la Piazza Santo Spirito, una excusa perfecta para poder coger algo de desayuno y sentarnos a iniciar la jornada tomando algo tranquilamente en una de las terrazas, aprovechando que tras el día anterior de lluvias, lucía de nuevo el sol. Tras este momento de calma, emprendimos de nuevo camino hacia el centro histórico, y de nuevo pasando por el Palazzo Pitti y el Ponte Vecchio, para adentrarnos en unas calles que tenían más gente, aún si cabe que el día anterior, en busca de un lugar en el que tomarnos otra de las cosas que se han puesto de moda en los últimos tiempos gracias a las redes sociales, el famoso Affogato de Florencia, un café con helado de vainilla que tomamos en Vivoli, uno de los sitios más típicos para hacerlo.

Tras ésto, fuimos hasta la Piazza Santa Croce, donde se encuentra la Basilica di Santa Croce, un destacado templo gótico que se comenzó a construir a finales del siglo XIII sobre las ruinas de una pequeña iglesia franciscana, buscando esta orden competir y superar en el tamaño de su templo a Santa Maria Novella, iniciada unos años antes por los dominicos. A mediados del siglo XV fue consagrada y desde el primer momento se convirtió en un símbolo de la ciudad, ganando importancia hasta llegar a ser definida como el Panteón de las glorias italianas, ya que en su interior se encuentran las sepulturas de personajes tan importantes como Miguel Ángel, Maquiavelo o Galileo Galilei, contando también con una sepultura de Dante Alighieri, aunque en este caso está vacía, ya que sus restos están en Ravenna, donde falleció.
Como curiosidad, cabe destacar, como muestra de la belleza de esta basílica, la reacción sufrida allí por el escritor francés Henry Beyle, más conocido por el pseudónimo de Stendhal, que a principios del siglo XIX sufrió durante su visita vértido, palpitaciones, confusión… abrumado por la belleza de las obras artísticas que allí se podían ver, lo que décadas después fue descrito como Síndrome de Stendahl en su honor, al ser la primera persona que describía estos síntomas.


Volviendo a nuestro recorrido por Florencia, la mañana continuó simplemente callejeando y explorando, y así terminamos en la Piazza della Santissima Annunziata, en cuyo centro se encuentra la estatua ecuestre de Ferdinando I de Medici, y desde donde se tienen unas vistas muy fotogénicas con la cúpula de la catedral de fondo.


Desde ahí nos dirigimos hacia la Galleria dell’Accademia, el segundo museo más importante de Florencia, y que cuenta como obra más destacada con la escultura del David, de Miguel Ángel. En nuestro caso, siendo ya casi hora de comer, y ante las grandes colas que había, decidimos no entrar, dejándolo para futuras visitas de vuelta en la capital de la Toscana, planificándolo con algo más de antelación, ya que la espera, en caso de haber querido entrar, hubiera sido bastante larga, por lo que parecía.
Fuimos por tanto a comer, y en esta ocasión nos dirigimos al Mercato Centrale di Firenze, un espacio dividido en dos plantas, aunque al ser domingo, la parte de abajo, donde se ubican los puestos de venta de productos alimentarios estaba cerrada, así que sólo pudimos ver la primera planta, en donde hay gran variedad de restaurantes con oferta gastronómica de todo tipo para comer. Optamos por tomar algo de pasta, y así probar los Pappardelle alla Lepre, típicos en la región, con ragú de liebre, que la verdad que no están nada mal.



Como postre, ya de vuelta hacia la Piazza del Duomo, pasamos junto a otra de las heladerías más conocidas de la ciudad, La Strega Nocciola, y no pudimos resistirnos a coger un helado como postre. La verdad que también estaban muy buenos, y tenían mucha variedad para escoger, así que es otro de los lugares imprescindibles para los amantes de los helados.



De ahí, fuimos hasta la Piazza della Republica, un espacio que antes estaba ocupado por el mercado viejo, y que con el nombramiento, durante unos años, a mediados del siglo XIX de Florencia como capital de Italia, fue rediseñada, eliminando las edificaciones anteriores, y dejando un espacio abierto, donde se mantuvo la Columna de la Abundancia, y que se rodeó de una zona porticada, con un arco triunfal.



Muy cerca de esta plaza se encuentra la Iglesia de Orsanmichele, que también se puede visitar, y la que fue nuestra última parada de la tarde, y uno de los sitios que más de moda se ha puesto en los últimos tiempos, el Cinema Odeon, un curioso espacio que es a la vez librería y cine. Se trata de un antiguo cine y teatro, construido en el interior del Palazzo dello Strozzino, renovado en los últimos años y abierto también como librería, que ocupa lo que sería la entrada y el patio de butacas, manteniéndose la zona del escenario, en donde se realizan presentaciones o actos y en donde se ubica la pantalla de cine, ya que la parte alta sigue contando con butacas. Es un curioso espacio que merece la pena visitar, y que además, en días de caminata para visitar la ciudad, viene bien para tomar un pequeño descanso y sentarse con calma durante un rato.



El resto de la tarde, lo aprovechamos para hacer fotos por la ciudad, y en tomar algo probando otra de las cosas típicas de Florencia, las Buchetta del Vino, o Ventanas del vino, pequeños agujeros en la pared a los que llamar para pedir tu vino, y poder degustarlo en las inmediaciones, una manera de beber recuperada en los últimos años en la ciudad.


Estos planes tranquilos los hicimos hasta llegar a la hora de la cena, en la que, celebrando un evento especial, nos dimos un pequeño capricho, reservando en la Degusteria Italiana, un restaurante situado muy cerca de la Galleria degli Uffizi, y que fue el colofón perfecto para tres intensos días en una ciudad con un encanto inigualable como Florencia, en un viaje que completamos con un día en Pisa.





Cómo llegar, plan de viaje
Son varias las opciones para volar desde España hasta la capital de la Toscana, que posee aeropuerto propio, pero tiene cerca también otras opciones como Pisa o Bolonia. En nuestro caso, analizando precios y horarios que nos venían mejor, optamos por llegar al aeropuerto de Pisa, con vuelo desde Madrid a primera hora de la mañana, haciendo una escala de una hora en Ibiza. Para la vuelta, ya sí cogimos vuelo directo desde Pisa a Madrid, llegando a última hora de la noche.
No cogimos el vuelo con demasiada antelación, así que nos quedó como mejor opción ésta, que era algo arriesgada, ya que la parada en Ibiza no era una escala en sí, sino que eran vuelos independientes, y si el vuelo de Madrid se retrasaba, podíamos perder el siguiente hacia Pisa. Por suerte, todo salió bien, y a las 10:10, en el horario previsto aterrizamos en Pisa.
En cuanto a precios, como dijimos antes, no lo cogimos con demasiada antelación, así que finalmente nos salieron los dos billetes, ida y vuelta, por 412€, siendo los vuelos con Ryanair, excepto el primero hasta Ibiza, que era con Iberia Express. En este precio, optamos por un upgrade en uno de los billetes para llevar una maleta de cabina y mochila, mientras que el otro billete fue sólo con mochila.
Una vez en Pisa, hay varias opciones para llegar hasta Florencia. Nosotros optamos a la ida por coger el autobús, que sale justo desde enfrente de la puerta de la terminal de llegadas, y que se sacan los billetes en un mostrador justo al lado de la puerta antes de salir, se ve todo bastante bien. La compañía es Caronna Tour y el precio del trayecto son 14,99€ por persona. Tuvimos suerte y el autobús salió nada más llegar nosotros, pero en general hay bastantes frecuencias y no es problema tener que esperar demasiado.
El trayecto dura aproximadamente una hora, y el punto negativo, es que te deja en una parada muy alejada del centro al llegar a Florencia, teniendo luego que coger tranvía para continuar trayecto, algo que explicó bastante bien la conductora del autobús en nuestro caso, a la vez que durante el trayecto te iba contando algunos datos sobre la región de la Toscana. El billete de tranvía son 1,70€ por persona, y te deja ya a las puertas del centro de la ciudad, muy cerca de la estación de tren Santa Maria Novella, en un trayecto de unos veinte minutos, que eso sí, al menos en nuestro caso fue con el tranvía a tope de gente, por lo que no es demasiado cómodo al tener que ir de pie.
Para la vuelta a Pisa y al aeropuerto, optamos por otra manera, y en este caso la hicimos en tren, desde la estación Santa Maria Novella en Florencia, hasta la estación de Pisa Centrale, con los billetes a 9,30€ por persona, que se sacan bien sin problemas en las máquinas de Trenitalia que hay en la entrada de la estación. El viaje es cómodo, y en nuestro caso llegamos en unos cincuenta minutos a Pisa. Luego ahí, en la misma estación hay que buscar el andén del PisaMover, que es el shuttle que lleva hasta el aeropuerto. El billete cuesta 6,50€ por persona, y en menos de diez minutos estas en la terminal para acceder al aeropuerto y ya esperar por tu vuelo.
Dónde alojarse
Hay que destacar que Florencia es una de las ciudades más turísticas de Europa seguramente, y eso quiere decir que no es el sitio más barato para alojarse. Nosotros miramos con bastantes meses de antelación nuestro alojamiento, cogiéndolo con cancelación gratuita, ya que en ese entonces no era del todo seguro poder hacer el viaje. Posteriormente volvimos a ir mirando periódicamente por si surgiera una mejor opción, pero fue imposible, así que finalmente confirmamos nuestra reserva en Althea Rooms, y la verdad que resultó todo un acierto.
Sin grandes lujos, la habitación era amplia y completamente equipada, y nos gustó bastante el emplazamiento. Sin estar en pleno centro histórico, se encontraba en el barrio de Santo Spirito, al otro lado del río Arno, pero que resultó ser bastante animado, con mucha oferta de restauración y a cinco minutos del Palazzo Pitti, diez del Ponte Vecchio o veinte de la Piazza del Duomo.
Quedamos bastante contentos en ese sentido, porque era muy cómodo para moverse por la ciudad, y porque, dados los precios en todo lo que vimos, no fue tan excesivo en este caso. Las tres noches fueron 279€, aunque eso sí, hay que sumar otros 33€ de tasa turística, porque en Florencia es de 5,50€ por persona y día.

Presupuesto total
Como es normal, este apartado está basado únicamente en nuestra experiencia y en nuestro viaje, ya que puede variar mucho en función de cuántas visitas turísticas de pago quieras hacer, dónde quieras comer o cenar, o cuánto te gastes en recuerdos o compras.
Para nosotros, en total, estos tres días nos salieron por 600 euros por persona, pero bueno, como decimos, es un presupuesto que se puede bajar si se cogen vuelos y alojamiento con bastante antelación, y se opta por hacer pocas visitas turísticas de pago o por comer en alguna de las muchas opciones que hay en la ciudad por buen precio.
En definitiva, Florencia es una ciudad de esas que al menos una vez en la vida hay que conocer, y que ofrece opciones para todos los gustos, así que se trata de un gran viaje en plan escapada cerca, sea cual sea tu presupuesto.
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