En esta ocasión, nuestra actividad senderista nos llevó a la provincia de León, un territorio muy querido por nosotros y que nos trae muy buenos recuerdos, pero al que las circunstancias nos han llevado a no poder volver en los últimos años. En este caso, visitamos su parte más oriental, en el Parque Regional de la Montaña de Riaño y Mampodre, y lo hacemos para subir a uno de sus picos más icónicos, el Pico Gilbo. No es una de las cimas de mayor altitud en la zona, pero sí que esta ruta se ha hecho bastante conocida gracias a las increíbles vistas que nos ofrece del embalse de Riaño y de todo el terreno alrededor, desde la presa hasta las diferentes cumbres que lo rodean.

Se trata de una ruta que se puede hacer circular y que no es excesivamente larga. En nuestro caso, finalizamos con casi 9 kilómetros recorridos, pero la dificultad viene por el desnivel que se salva, ya que son 600 metros de ascensión concentrados en alrededor de 2 kilómetros, con zonas en las que hay que ayudarse con las manos para superar las rocas, por lo que el esfuerzo es importante, de la misma manera que se debe ir con precaución, ya que se atraviesan zonas algo expuestas, y que pueden tener un poco de peligro, tanto para la subida, como en la bajada.

En nuestro caso, además, hicimos la ruta a primeros de noviembre, pudiendo disfrutar así de los espectaculares colores del otoño en la zona, pero como contrapartida, es importante también llevar ropa de abrigo y calzado adecuado, ya que en esta época el frío es importante ya, y se pasan algunas zonas sombrías y que pueden tener humedad y barro. Dejamos el enlace al track de Wikiloc, por si puede resultar útil.

Pero vamos poco a poco, y comenzando desde el inicio. La ruta se puede empezar desde distintos lugares, pero nosotros optamos por el comienzo junto al puente que cruza el embalse, en la carretera por la que se llega a Riaño desde León. Antes de cruzar el puente hay una zona para dejar el coche, y luego, cruzando a pie la carretera, se accede a una pista que bordea el embalse y por la que comenzamos la caminata.

Durante un kilómetro aproximadamente vamos por esta zona, hasta llegar a un cruce en el que giraremos a la izquierda, comenzando ya una parte de subida con mayor pendiente. Comenzamos aquí a adentrarnos en un bosque de hayas, que en época otoñal luce muy bonito, aunque las hojas en el suelo complican un poco a veces el seguir el camino marcado. No es demasiado extenso el paso por el hayedo, pero deja algunos rincones perfectos para hacer fotos, y es el preludio perfecto para lo que nos espera a continuación.

Saliendo ya del bosque comenzamos a ver el pico al que nos dirigimos, con una silueta que según la perspectiva desde donde la veas puede traerte a la mente el famoso Cervino. En esta primera zona abierta atravesamos algunas zonas de pastos y empezamos ya a disfrutar de vistas sobre el embalse y el pueblo de Riaño, dirigiéndonos hacia la parte más dura y complicada de la ruta, cuando entramos en zona de roca caliza, debiendo subir algunos riscos.

Sin ser una parte muy técnica, sí que en alguna zona debemos hacer pequeñas trepadas por la roca en algún canal, y hay partes algo expuestas en la ladera de la montaña. Además se trata de la zona sombría del pico, por lo que el frío aprieta, y la piedra tenía algo de humedad, así que es necesario extremar precauciones y no tomar más confianzas de las debidas. 

Pero todo esfuerzo tiene su recompensa, y esa no es otra que la llegada a la cima del Pico Gilbo, a 1.674 metros de altitud, marcada con una pequeña placa y con unas impresionantes vistas de 360º con las que deleitarse y contemplar toda la grandeza de esta zona.

La cima no es demasiado grande, pero nosotros coincidimos con otros dos grupos de personas allí y más o menos te puedes arreglar bien, tanto para hacer fotos como para sentarte un poco y disfrutar del momento, reponiendo fuerzas para la bajada. En este punto se puede contemplar toda la extensión del embalse, desde el propio puente de Riaño, donde hemos dejado el coche, hasta la presa, pero también los distintos picos que rodean al Gilbo, muchos de ellos por encima de los dos mil metros de altitud.

Y toca empezar la bajada, que en nuestra opinión es incluso un poco más delicada que la subida, dado que la roca tenía algo de humedad, y hay que tener cuidado con los resbalones. La primera parte se hace por el mismo camino por el que hemos subido, hasta llegar a la zona en la que dejas algo atrás la parte de roca y vuelves a la parte más abierta, donde hay pastos y puedes encontrar ganado. Ahí, en esta ocasión giramos a la izquierda, por un sendero que está marcado, hasta volver a la zona del bosque, que cruzamos por un lugar diferente.

Una vez atravesado el hayedo, volvemos al sendero junto al borde del embalse, y llegamos hasta el Mirador de Las Biescas, un lugar para otro pequeño descanso disfrutando las vistas haciendo algunas fotos.

Siguiendo un poco más, encontraremos un cartel que nos indica una pequeña desviación para ver la Cueva de La Vieja del Monte, un personaje de la mitología popular leonesa que vive en una cueva situada aquí, y amasa y cocina pan en su horno, que luego entrega a los padres para que lo den a sus hijos al llegar a casa tras la jornada de trabajo. Solo los mayores pueden verla, aunque ella conoce a todos los niños de la zona, pero únicamente se la puede ver durante la época navideña, por lo que nosotros no tuvimos la suerte de encontrarla y solo vimos la cueva.

Tras el pequeño desvío, volvemos al camino y seguimos la ruta, ya de forma tranquila afrontando el tramo final, llegando primero al cruce por el que iniciamos la subida anteriormente, y continuando por el camino inicial hasta regresar de nuevo al puente. En nuestro caso fueron algo más de 5 horas en total, pero de ellas, 3 horas y media caminando, un tiempo razonable para hacer el camino tranquilamente, disfrutando el entorno y las vistas del camino.

Un bonus con la visita a Riaño

Una vez concluida la ruta, y dado que estábamos allí al lado, aprovechamos para visitar el pueblo de Riaño, situado al otro lado del puente, en un pequeño alto sobre el embalse. Hay que recordar que precisamente el embalse resituó a Riaño donde lo encontramos actualmente, ya que antes se encontraba en la zona que ahora está inundada por el agua, siendo bastante polémica la construcción de esta presa en los años 80 del pasado siglo, algo muy recordado aún por los habitantes de la provincia leonesa.

En Riaño, actualmente podemos disfrutar de algunos atractivos turísticos, como el Museo Etnográfico de la Montaña de Riaño, o la Iglesia de San Martín, trasladada piedra a piedra desde Pedrosa del Rey, uno de los pueblos que quedó bajo las aguas del embalse, que ahora se puede recorrer en un barco que permite acercarse a los ‘fiordos leoneses’, denominación con la que se publicita esta zona. Además, en esta época en la que las fotos y las redes sociales han cobrado tanta importancia, hay dos lugares destacados en este sentido en Riaño, por un lado el denominado como el banco más bonito de León, junto a la Iglesia de San Martín, y el columpio que en su momento fue el más grande de España, aunque ya ha sido superado, situado en el Mirador de Las Hazas, un lugar con unas bonitas vistas, que además pudimos disfrutar ya al atardecer, dejando una postal increíble para despedirnos a la perfección de una gran jornada en la montaña leonesa.


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