Este verano el calor está apretando fuerte, y si, como nos pasa a nosotros, no tienes una playa cerca, toca buscar alternativas para buscar un lugar en el que darse un baño y refrescarse. En ese sentido, siguiendo con nuestros fines de semana activos, decidimos acercarnos hasta Candeleda, una localidad situada en la zona sur de la Sierra de Gredos, en pleno Valle del Tiétar en la provincia de Ávila, que teníamos apuntada ya hace tiempo, tanto por sus piscinas naturales, una gran opción para pasar el día, como por el atractivo en sí del lugar, calificado como uno de los pueblos abulenses más destacados, además de estar situado en un entorno incomparable.

A poco más de dos horas de Salamanca, nos tocó ponernos pronto en camino para poder aprovechar el día, atravesando la Sierra de Gredos de norte a sur por el camino, con una carretera un poco movida por las curvas, pero con lugares que dejaban unas vistas espectaculares.

A nuestra llegada a Candeleda, nos dirigimos directamente a la zona de piscinas naturales, bien señalizada, pero que cuenta con aparcamiento de pago, aunque en este verano el acceso está limitado únicamente a residentes o personas que cuenten con reservas para los establecimientos hosteleros que hay en el entorno de los charcos. En nuestro caso, aparcamos en el núcleo urbano, desplazándonos luego caminando tranquilamente en un paseo no demasiado largo.

Optamos primero por quedarnos en el Charco Carreras, que es el primero con el que te encuentras al entrar en la zona delimitada. En este punto, se aprovecha el cauce de la Garganta de Santa María, poniendo una presa artificial para crear una ‘piscina’ muy amplia que suele estar bastante animada.

Los márgenes del charco no cuentan con zonas demasiado amplias para extender toallas o estar tranquilamente tumbados, pero siempre se puede encontrar tu pequeño espacio en el que quedarte y disfrutar del lugar.

El agua no está excesivamente fría para ser una piscina fluvial en la sierra, pero es recomendable usar algún tipo de calzado, ya que el suelo está cubierto completamente de piedras, pero la verdad que merece la pena bañarse y disfrutar de este lugar, porque el entorno es realmente bonito.

Además de la zona de baño en sí, hay varios establecimientos en los que se puede tomar algo o incluso comer, así que el lugar está bastante bien montado para pasar un día tranquilo de verano dándose un baño y admirando el entorno.

Eso sí, al final estás en la sierra, así que el tiempo puede ser algo cambiante, como nos pasó a nosotros, pasando de un gran día de sol o que se nublara e incluso cayeran algunas gotas de lluvia, para que posteriormente volviera el sol después de un rato.

Pese a todo, aprovechamos ese intervalo en el que el tiempo invitaba menos a estar en la zona de baño para explorar un poco la Garganta de Santa María, caminando río arriba por el paseo que hay al margen, encontrando el Charco Palomas, un poco más pequeño que el anterior y algo más alejado.

A partir de ahí, no hay en principio más zonas en las que se pueda acceder al río, indicando varios carteles que está prohibido el baño, ya que el agua se utiliza para el consumo del pueblo, pero merece la pena caminar hasta el final del sendero, que no es demasiado largo.

Cuando volvió a salir el sol regresamos hasta el Charco Carreras de nuevo para aprovechar y darnos otro baño en ese último tramo de la tarde, emprendiendo luego la vuelta hacia el coche para dejar las cosas y dar un paseo para conocer el pueblo antes de irnos.

Candeleda no es un pueblo excesivamente grande, así que se visita rápido y cómodamente caminando, y en nuestro caso, este paseo al final de la tarde fue una gran manera para acabar el día. Lo primero que hicimos fue acercarnos hasta la Plaza Mayor, donde se encuentra el Ayuntamiento de la localidad, pero sobre todo, la llamada Casa de las Flores, uno de los sitios más fotografiados en este lugar. Este edificio con balcones de madera y repleto de macetas con sus flores alberga el Museo del Juguete de Hojalata, y la verdad que hace honor a su fama, porque resulta muy bonito.

A partir de este punto, nos dirigimos por la calle Domingo Labajo, que los vecinos han decorado colgando varios paraguas para dar sombras en los días soleados, hacia la Plaza del Castillo, verdadero centro neurálgico de Candeleda. Allí realmente no hay ningún castillo, aunque en su día se alzaba la Fortaleza de los Condes de Miranda. Hoy, el lugar está repleto de terrazas de establecimientos hosteleros y cuenta también con una fuente franqueada por cuatro grandes palmeras. Además, ya en la carretera se puede ver presidiendo una rotonda la escultura a la cabra montesa, un animal muy habitual en la Sierra de Gredos.

Seguimos caminando por las callejuelas y ahí se pueden ir descubriendo algunas casas entramadas y rincones con mucho encanto, como la calle que a través de sus escalones lleva hasta la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, que data del siglo XV y que según pudimos leer cuenta con muchos detalles en el interior, aunque no pudimos verlos ya que cuando pasamos por allí se estaba celebrando una misa.

Nuestro paseo terminó de nuevo en la Plaza del Castillo tomando algo antes de volver hacia el coche para emprender el camino de vuelta, marchándonos con una gran sensación de Candeleda, que seguro que será la primera de nuestras incursiones por esta zona, porque muy cerca hay otros muchos ‘charcos’ y parajes naturales para conocer.


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