Una vez rotos los límites de la provincia con la visita a Cuenca, el siguiente paso era traspasar las fronteras tras el confinamiento, y para eso, qué mejor que el vecino Portugal, al que además nos unen tantas cosas. Con este objetivo nos pusimos a buscar destino en el país luso, y con las ganas que teníamos de un poco de playa, no había mejor opción que el Algarve, que además en este particular 2020 se encuentra menos masificado, así que podríamos aprovechar para verlo con algo más de tranquilidad que en otros veranos.
El inconveniente era que solo disponíamos de tres días para disfrutar en nuestro destino, así que una visita por toda esta región del sur era inviable, por lo que delimitamos nuestro área de movimientos a la zona situada entre Albufeira y Portimão, y a partir de ahí, ya solo nos queda contaros cómo resultó nuestra experiencia, con un montón de visitas, como siempre, y la sensación de que nos quedaron otro montón más, porque el Algarve portugués tiene mucho que ofrecer.

Como ya apuntamos antes, la zona por la que nos movimos fue la parte central del Algarve, teniendo el alojamiento en Pêra, concretamente en Villas Barrocal, un complejo turístico en el que encontramos una buena oferta a través de Booking, saliéndonos los tres días por 151,86 euros, y estando bien situados para movernos en coche hacia los destinos que queríamos visitar.
Sin ser algo espectacular, el apartamento contaba con una habitación, baño, cocina y sala de estar, además de una pequeña terraza a la entrada, así que en esta ocasión, para el tema de las comidas, decidimos ir al supermercado para aprovisionarnos y así poder preparar algo para llevar durante el día en las visitas a las playas, y hacer los desayunos y cenas en el propio apartamento aprovechando la terraza.






Dia 1: Albufeira, Praia de Galé y Praia da Coelha
Entrando ya en las visitas, el primer día quisimos acercarnos por la mañana hasta Albufeira, una localidad que como tantas otras de costa, vivió un pasado ligado a las actividades pesqueras, pero que en las últimas décadas se ha visto convertida en un destino turístico. Durante nuestro paseo pudimos comprobar que en este caso, es el turista inglés el principal visitante en esta ciudad, con la mayoría de comercios y establecimientos hosteleros adaptados a este mercado anglosajón, lo que le quita algo de encanto, pero al final en los lugares turísticos masificados, todo se adapta al cliente y se pierde un poco la esencia local.



Pese a todo, el paseo por el centro histórico no está mal, con una plaza central llena de terrazas de bares y pubs, y varias calles comerciales con tiendas, terminando una de ellas en el acceso a la playa, que se hace a través de un túnel. El arenal es amplio, ocupado en parte por tumbonas, y con la posibilidad de contratar todo tipo de actividades en el mar.


Pero en nuestro caso, nuestra visita a la localidad terminó aquí, ya que no somos mucho de playas urbanas, así que pusimos rumbo hacia nuestro próximo destino.
Que no era otro que la Praia de Galé, situada cerca de Albufeira en una zona ocupada por urbanizaciones y distintas zonas de alojamientos turísticos, que cuentan con esta playa y la Praia dos Salgados como principales lugares de baño. Se trata de un arenal bastante amplio, dividido en dos zonas, este y oeste, y que es bastante tranquila. Es ideal para acudir en familia, para dar largos paseos por la orilla o para poder ver la puesta de sol a última hora, algo que pudimos hacer ya el día anterior a nuestra llegada a la zona.




Pero no fue nuestra única playa del día, ya que a mitad de tarde cambiamos para conocer la Praia da Coelha, un lugar más típico de esta zona del Algarve, rodeada de acantilados y formaciones rocosas que le dan un encanto especial, pudiendo acceder a través de un arco formado bajo la roca a una zona más pedregosa en el extremo más alejado de la entrada. Además, se puede pasear por la parte superior de los acantilados, con algunos miradores que dejan buenos lugares para hacer fotos, una manera perfecta para acabar nuestro primer día por la zona, ya que desde ahí nos dirigimos de vuelta al apartamento.





Día 2: Praia da Marinha, Praia do Carvalho, Praia de Benagil y Praia de Albandeira
Para el segundo día, teníamos una intensa agenda de playas que visitar por delante, todas desplazándonos algo hacia el oeste desde nuestro alojamiento, siendo la primera parada la Praia da Marinha. Para esta playa, nos tocó caminar un poco, ya que el acceso en coche estaba cortado por la policía, debido a obras de acondicionamiento en el camino y en el parking, por lo que había que caminar algo más de un kilómetro para llegar.
Pese a todo, el camino se hacía de forma cómoda, y merecía la pena, porque nada más llegar, desde la parte superior, las vistas de la playa dejaban ya adivinar lo espectacular del lugar, algo que se confirmaba al bajar. En este caso, con la marea alta, la zona de arena quedaba algo estrecha, pero tampoco llegamos a vernos agobiados por la gente, pudiendo disfrutar nuestro tiempo allí. Aquí, se repiten las caprichosas formaciones rocosas típicas de esta zona, lo que deja un entorno incomparable, pudiendo caminar también por la zona alta para acceder a algunos miradores.



La segunda parada del día fue en la Praia do Carvalho, que en este caso tiene la particularidad de contar con un acceso ‘escondido’, a través de unas escaleras por las que cruzas la roca para llegar a la arena. Esta playa es más pequeña y está más encajonada entre los acantilados, lo que permite a los más intrépidos saltar desde las alturas al agua, aprovechando también que no cuenta con servicio de socorristas. Nosotros no fuimos tan osados y nos limitamos a disfrutar nuestro rato allí, aprovechando para comer y coger fuerzas, porque en nuestro próximo destino las íbamos a necesitar.




Y es que desde allí nos dirigimos hacia la Praia de Benagil, una playa que no es muy destacada por sí misma, pero que sí se encuentra enclavada en un lugar estratégico que hace que sea un auténtico hervidero de gente que busca el alquiler de kayaks u otro tipo de embarcaciones para poder recorrer sus alrededores. Eso hace que pueda ser algo complicado el aparcar, pero bueno, cuenta con un aparcamiento amplio desde el que luego bajar a la playa en sí, donde directamente se ven las casetas de las diferentes empresas que ofrecen embarcaciones en alquiler.
Nosotros optamos por el kayak, que tiene un coste de 15 euros por persona durante una hora, más otros 20 euros de fianza si quieres coger una bolsa estanca para llevar cosas. El objetivo era llegar hasta la Gruta de Benagil, muy cercana a la playa, pero solo accesible desde el mar, entrando por uno de los dos arcos que dan acceso a una cueva que cuenta con una abertura en su parte superior, y que se ha convertido en el símbolo de toda la zona.


La verdad que el lugar está siempre bastante lleno de gente, que llegan en kayak, moto acuática o incluso a nado desde la playa, y también llegan de forma continua pequeños barcos o lanchas, que en este caso no pueden desembarcar, por lo que pierde algo de encanto, pero aún así es espectacular verse metido en esa gruta, con ese techo abierto, así que en definitiva, pudiendo ser mejor, aún así merece la pena disfrutar de la experiencia, porque además de esta visita estrella, con el kayak puedes seguir explorando la línea de costa, accediendo a otras playas escondidas o a pequeñas grutas.

Además, una vez acabada esta ruta por el mar, es imprescindible caminar por la zona alta de la playa, no solo por ver los acantilados, sino por acceder a pie a la parte superior de la Gruta de Benagil, acercándote a la abertura del techo desde donde se ve la cueva desde las alturas.
Con esta experiencia casi se nos iba el día, pero aún nos dio tiempo a llegar a una última visita, dirigiéndonos hacia la Praia da Albandeira, que cuenta con un arenal no muy grande, metido entre acantilados, pero con el atractivo de acceder desde su parte derecha, a través de una pequeña cueva a otra parte más rocosa desde la que contemplar un majestuoso arco, que además, una vez que se regresa a la parte alta, también se puede recorrer por arriba.





Para nosotros fue el final del día, con la pena de que los acantilados te impiden poder contemplar la puesta del sol sobre el mar, pero aún así, disfrutando de un último baño mientras caía la tarde, además de poder hacer fotos en un entorno espectacular antes de emprender la vuelta para nuestra última noche en el apartamento.
Día 3: Algar Seco, Carvoeiro, Praia do Vau y Praia de João de Arens
El último día, tras hacer el correspondiente check-out, seguimos dirigiéndonos hacia el oeste, teniendo nuestra primera parada en el Algar Seco, situado en Carvoeiro. Este lugar, moldeado por la acción del mar a lo largo de miles de años, deja unas grandes vistas, caminando por sus acantilados o descendiendo hacia la Gruta de A Boneca, una pequeña cueva con dos ‘ventanas’ hacia el océano que la convierten en un lugar idílico, ideal para los amantes de las fotografías.


Esta pequeña gruta se sitúa tras atravesar una terraza de un bar, que en nuestro caso encontramos cerrado, no sabemos si por la situación actual por el coronavirus o por el horario en el que fuimos. Además, la cueva cuenta con dimensiones pequeñas, así que toca esperar un poco para acceder, pero a cambio, se puede hacer en solitario, lo que es una gran ventaja para las fotos.





En otra de las zonas de este Algar Seco, bajando por otras escaleras, se puede acceder a una piscina natural, con agua del mar que se cuela entre las rocas y permite darte un baño rodeado de las paredes de roca, aunque el oleaje provocado por la entrada del agua en este paraje, hace que ese baño no sea demasiado tranquilo.

Tras la visita, y ya que estábamos en Carvoeiro, dimos un rápido paseo por esta pequeña localidad, acercándonos hasta la playa y haciendo alguna compra, pero sin entretenernos demasiado antes de ponernos en camino hacia Portimão, para conocer la siguiente de las playas de nuestro viaje.
En este caso fue la Praia do Vau, que escogimos por estar situada junto a otras como la Praia do Alemão, la Praia dos Careanos o la Praia dos Tres Castelos, a las que se puede acceder a pie caminando por la orilla.


Situada en Portimão, esta Praia do Vau es un extenso arenal rodeado de acantilados rocosos que dividen las diferentes playas. En el caso de la Praia do Alemão, situada en la parte oeste, se puede llegar a través del mar caminando, sin que llegue a cubrir demasiado, o adentrándose por una grieta en la roca, en un estrecho paso en el que estás algo metido en el mar, pero que se puede hacer sin problema.


En cuanto al paso a la zona este, hacia las playas de Careanos y de los Tres Castelos, nosotros pudimos hacerlo caminando por la orilla, ya que la marea estaba bajando, pudiendo atravesar también alguna pequeña cueva, pero es probable que con marea más alta este paso no sea tan sencillo.




El tiempo por el Algarve ya se nos iba acabando, pero aún pudimos hacer una última visita, en la Praia de João de Arens, situada en las afueras de Portimão, en un pequeño saliente en los acantilados que recorren la costa. Para llegar a este enclave, hay que dejar el coche como a un kilómetro de distancia de la línea de costa, caminando desde allí hasta el acceso, que no es demasiado sencillo, por una bajada algo pronunciada hasta llegar a la playa en sí.
Se trata de una playa naturista, situada en un entorno paradisiaco y dividida en dos por una roca que cuenta con un paso de un lado a otro por una cueva. Su situación, completamente encajada entre los acantilados dan una sensación de intimidad y crean un entorno único, que supuso el epílogo ideal a tres intensos días para conocer una zona espectacular como es el Algarve, que siempre deja con ganas de más.





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