Este pasado 5 de junio se celebraba el Día Mundial del Medio Ambiente, y para nosotros, tras casi tres meses confinados sin haber traspasado los límites de nuestro municipio, eso significaba que era el momento de volver a ‘perdernos’ en la naturaleza. Esa desconexión que ofrece el encontrarte lejos de los signos de la civilización era algo que echábamos de menos, así que, evaluando las posibilidades que teníamos, decidimos volver a visitar el Pozo de los Humos, un lugar que ya conocíamos, pero del que nos faltaba conocer algún secreto, como conocer el margen derecho, que corresponde a Pereña de la Ribera.
En este lado, la cascada no se puede disfrutar desde tan cerca, pero el mirador deja unas vistas espectaculares, y además, como ‘regalo’ extra, tiene muy cercano otro lugar de esos que son irrepetibles, el Pozo Airón, algo menos conocido, pero al que merece la pena acercarse y conocerlo. Así que con ese itinerario, completado con la tradicional bajada desde Masueco de la Ribera al Pozo de los Humos, planificamos nuestra jornada de vuelta al medio natural, una oportunidad de oro además para inaugurar esta nueva sección de Rutas dentro del Blog.
Pero bueno, toca empezar ya hablar sobre el desarrollo de la jornada, y lo primero era llegar hasta este enclave, situado en el noroeste de la provincia de Salamanca, bordeando el límite con Zamora al norte y con Portugal hacia el oeste, dentro del Parque Natural de Arribes del Duero. Cogiendo la carretera en dirección hacia Vitigudino, una vez llegados a esta localidad, nos desvíamos hacia Aldeadávila de la Ribera, en cuyo camino, bien señalizado, encontraremos primero el desvío hacia Pereña de la Ribera, si queremos ver el margen derecho del río Uces, y posteriormente nos encontramos con Masueco de la Ribera, situado en el margen izquierdo del río.
Como ya hemos contado antes, en nuestro caso, la visita iba a comenzar por Pereña de la Ribera, lugar en el que fácilmente veremos señales que nos indican el camino hacia el Pozo de los Humos, que se puede realizar en parte en coche, a través de una pista de tierra por donde se puede circular bien, llegando a una zona de merendero en la que se puede aparcar e incluso hay disponibles varias mesas y bancos de piedra por si se quiere comer allí mismo.
A partir de ahí, la pista de tierra continúa, pero nosotros hicimos el resto del camino a pie, con aproximadamente dos kilómetros de sendero cómodo en bajada, que solo se complica ligeramente en los últimos 400 metros, en donde la pista se convierte en un camino más de piedras, aunque sin gran dificultad, para acceder al mirador, donde se puede contemplar esa magnífica caída de agua de 50 metros que forma el Pozo de los Humos, llamado así por la nube de vapor de agua que se forma en su base.
En este caso, metidos ya en el mes de junio, el caudal de agua que formaba la cascada no tenía la misma intensidad que se puede ver durante los meses de invierno o a inicios de la primavera, pero aún así, merece la pena venir hasta aquí para contemplar estas vistas, donde no solo se puede ver el Pozo de los Humos. Un poco más a la derecha, se puede contemplar también la Cascada del regato de la Cribera, con una caída de unos 100 metros para incorporarse al río Uces, poco antes de que este vierta sus aguas en el Duero.
Además, desde este lugar se contemplan de manera excepcional las grandes masas y bloques graníticos, erosionados a través del paso de miles de años, que conforman el entorno y también es fácil percibir la presencia de buitres leonados en la zona, así que este es un buen sitio para pasar tranquilamente un rato de observación en el que no quedarse únicamente con lo más llamativo.
Nosotros aprovechamos para comer y obviamente para inmortalizar el momento con unas cuantas fotos, pero tocaba volver hacia el coche, porque había que explorar el siguiente lugar. Y es que, tras volver a Pereña de la Ribera, y siguiendo también las indicaciones que hay por el pueblo, nos dirigimos hacia el Pozo Airón, otro de los rincones que esconde la zona.
También a través de un camino de tierra, acercamos el coche hasta donde nos fue posible, continuando a partir de ahí a pie por un sendero algo peor y más estrecho que en el caso del mirador del Pozo de los Humos, pero que en principio no tiene tampoco una dificultad excesivamente alta. Y ponemos que en principio, porque probablemente debido a los tres meses en los que estos caminos no han sido muy transitados por visitantes, el sendero estaba bastante invadido por ramas, arbustos y naturaleza al fin y al cabo, haciendo algo más complicado el paseo, que dura unos veinte minutos, aunque en este caso nos llevó algo más por las circunstancias en que se encontraba.
Esto provocó que tuviéramos que extremar la atención, y que acabáramos con algunos arañazos por brazos y piernas, inevitables al tener que abrirnos paso literalmente entre estos elementos naturales que, sobre todo en algunas zonas, invadían un camino que transcurría cercano al arroyo de los Cuernos, cuyo sonido nos acompañaba hasta poder ver la parte alta del salto de agua que forma el Pozo Airón.
A partir de ahí el camino se bifurca, girando a la izquierda para emprender una bajada más pronunciada de unos 100 metros hacia la cueva natural que se forma con esta cascada, donde contemplaremos en todo su esplendor esta maravilla escondida, pudiendo verla tanto desde el frente como metiéndonos por detrás de la caída de agua, lo que aumenta aún más si cabe el atractivo del lugar.
Volviendo atrás al punto en el que se bifurcaba el camino, si continuamos 400 metros más, podemos llegar a un mirador en el que se contempla el río Duero, ofreciendo unas magníficas vistas de esta zona de Arribes para rematar una bonita ruta que en este caso se nos complicó un poco por el estado del camino, pero que una vez desbrozado, no tiene por qué tener una gran dificultad.
De vuelta ya al coche, nos quedaba completar la jornada cruzando al otro lado del río Uces para llegar a Masueco de la Ribera, donde seguimos las indicaciones para llegar al Pozo de los Humos, al que se accede conduciendo por una pista forestal que te deja a poco más de un kilómetro. A partir de ahí, el resto de la bajada se hace a pie por una pista pedregosa y con bastante pendiente, pero que con calma, son como mucho unos veinte minutos de camino para llegar a la cascada.
Llegados allí, las posibilidades de ver la caída de agua son varias, destacando el mirador habilitado con una pasarela que casi literalmente te coloca en lo alto de la cascada, no apta para gente que sufra de vértigo. No tienes la perspectiva amplia que se disfruta desde el lado de Pereña, pero en cambio, aquí sí tienes más esa sensación de altura y puedes ver y oír de cerca el fluir del agua, lo que hace la experiencia altamente recomendable.
Pero no solo es bonito contemplar el salto de agua, también la zona alta de la cascada, por donde llega el río Uces, deja una bonita imagen, unas aguas que a estas alturas del año llegan en calma, antes de precipitarse al vacío. En esa zona, es posible, con las debidas precauciones, sentarse en las piedras tranquilamente a descansar, algo que hicimos, tras las caminatas que habíamos realizado previamente, sumergiendo incluso los pies en las frías aguas para refrescarnos.
Una manera inmejorable de acabar la jornada en la que pudimos retomar el contacto con la naturaleza en un lugar que ya atrapó en su momento con su encanto a Miguel de Unamuno, haciendo que incluso hoy en día se recuerde esta ruta desde Masueco de la Ribera como la Senda de Unamuno, tras su visita a la zona a finales del siglo XIX, que le dejaría impresionado hasta el punto de dejarnos esta bonita descripción de lo que allí pudo ver en la revista bilbaína ‘Ecos Literarios’:
Estaríase uno las horas muertas contemplándola fluir, dejándose ganar el espíritu por la sensación purísima que su constante curso nos produce. El agua es acaso la que mejor imagen nos ofrece de la quietud en el movimiento, del solemne reposo supremo que del concierto de las carreras de los seres todos surge. En el estanque duerme el agua reflejando al cielo, pero con no menos pureza lo refleja en el cristal de un sosegado río, cuyas aguas, siempre distintas, ofrecen la misma superficie siempre. Y en la cascada misma, por donde se despeña bramando, preséntanos una vena compacta, una columna que acaba por parecer sólida. ¡Enorme fuerza la que sin aparato alguno, con la sencillez del coloso, despliega!… Es una de las más hermosas caídas de agua que pueden verse entre aquellos tajos adustos. Divídese la cascada mayor en dos cuerpos debido a un saliente de la roca, y va a perderse en un remanso de donde surge el vapor que ha valido al paraje el nombre de los Humos. Junto a la inmensa vena líquida, a su abrigo, en las quebraduras y resquicios de la roca, anidan palomas que revolotean en torno del coloso. Este irá desgastando poco apoco el desnivel que le produce, y es seguro que cada año se achica la cascada, aunque sólo sea en un milímetro o en fracción de él. ¡Los siglos que habría necesitado el agua para excavar tales tajos y reducir análogas cascadas!
Descubre más desde A Bússola
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

















