Siguiendo con las salidas por nuestro entorno más cercano, en esta ocasión nos decidimos por conocer las Arribes del Águeda, una parte de la provincia de Salamanca que no conocíamos por ahora y que vimos como buena opción para pasar el día. Este enclave, situado en la zona noroeste de la provincia, muy cercano a la frontera portuguesa, y justo al sur de las Arribes del Duero, ofrece bellos parajes naturales, pero también datos históricos interesantes de sucesos ocurridos tiempo atrás en estas tierras, así que dispuestos a impregnarnos un poco de todo esto, nos dispusimos a disfrutar la jornada, tomando como epicentro de operaciones la localidad de San Felices de los Gallegos.
Hasta allí se llega en coche sin problema, ya sea por carretera autonómica a través de Vitigudino, continuando hacia Lumbrales para llegar finalmente a San Felices de los Gallegos; o a través de la autopista en dirección a la frontera con Portugal, desviándonos en Ciudad Rodrigo para coger ahí la carretera hacia Lumbrales, en cuyo camino encontraremos San Felices de los Gallegos.
Una vez en la localidad, en nuestro caso decidimos empezar por las excursiones en el entorno, y en ese sentido, nuestro objetivo era acercarnos hasta el Mirador de la Mesa del Conde y conocer el Puente de los Franceses. Para ambas rutas, el inicio del camino es el mismo, y se puede comenzar directamente desde el mismo pueblo, a través de una senda de tierra que sale desde el Museo del Aceite, ‘Lagar del mudo’, ahora cerrado. En nuestro caso, preferimos ahorrarnos la caminata en ese primer tramo, ya que también se puede hacer en coche, siendo de unos dos kilómetros hasta llegar a un cruce en el que vemos una señal que indica a la derecha hacia el Mirador y a la izquierda hacia el Puente.
En primer lugar fuimos hasta el Mirador de la Mesa del Conde, avanzando algo más de dos kilómetros hasta una zona donde hay unas mesas de piedra, lugar donde dejamos el coche, aunque tampoco había un espacio específico para hacerlo.
A partir de ahí, se comienza un camino, siempre en bajada hacia el Mirador, sin que tenga mucha dificultad, aunque como ya nos pasó en la anterior ruta, los caminos aún no están desbrozados tras el confinamiento de tres meses, lo que hace algo más incómodo transitar por ellos.
Pese a todo, es una bajada corta, para llegar a nuestro destino, un Mirador natural sobre una piedra que no cuenta con barreras de protección, así que hay que tener cierto cuidado al asomarse al precipicio para ver el discurrir del arroyo de Rodávila en su camino para unirse al río Águeda.
En esta época, el arroyo no lleva un gran caudal de agua, lo que resta algo de espectacularidad al lugar, pero aún así merece la pena contemplar las vistas que ofrece, con el curso de agua encajonado entre las dos laderas, pudiendo avistar además desde esta atalaya natural la gran variedad de especies de aves que habita este entorno, con alimoches, águilas perdiceras, buitres negros o milanos reales entre otros habitantes de estos parajes.
De vuelta ya en el coche, regresamos hasta el cruce de caminos que habíamos encontrado anteriormente, desviándonos en esta ocasión hacia la izquierda, para llegar a las inmediaciones del Puente de los Franceses, recorriendo unos tres kilómetros hasta que se llega a una explanada donde aparcar, y desde donde emprenderemos el camino de bajada hasta el puente.
En aproximadamente veinte minutos se llega hasta este paso sobre el río Águeda, pero ya durante algunos tramos de la sinuosa bajada puede contemplarse desde las alturas, tanto el puente como la Central Hidroeléctrica que se encuentra próxima a él, y que data de 1905, siendo en su momento pionera en la provincia salmantina, aunque actualmente ya no se encuentre en uso.
Este enclave tiene su rincón dentro de la historia, allá por inicios del siglo XIX, cuando fue escenario de batallas entre ingleses y franceses, usándolo estos últimos como vía de escape en su huida desde Portugal en 1811, cuando el ejército británico, apoyado por los portugueses, iban tras ellos. Debido a este episodio histórico, a partir de ese momento se empezó a conocer a esta construcción como Puente de los Franceses, a pesar de que alguno de sus tres arcos terminó destruido y tuvo que ser reconstruido años después.
Actualmente ya solo es transitado por visitantes como nosotros, formando parte del sendero GR 14.1 que une Hinojosa del Duero con La Bouza, ofreciendo unas bonitas vistas del río entre las dos laderas, pero es interesante conocer estas historias que años atrás sucedían en estos mismos parajes, algo que complementa y le da más encanto si cabe a un bello lugar.
Si se quiere alargar un poco la ruta, se puede continuar el camino por la ladera opuesta a la que hemos llegado, llevándonos el camino hasta Puerto Seguro, en una empinada subida en zig zag que es algo dura, pero que merece la pena realizar para obtener unas excepcionales vistas del puente.
Son algo más de treinta minutos de subida hasta alcanzar la ermita del Humilladero, punto en el que decidimos emprender la vuelta hacia el coche, aunque el camino, como indicamos antes, puede prolongarse hasta La Bouza.
Concluidas las excursiones, nos tocaba volver hacia San Felices de los Gallegos para, esta vez sí, dar un paseo tranquilamente por sus calles. La localidad está declarada Conjunto Histórico-Artístico desde 1965, con varios lugares destacados para visitar, aunque, debido a la situación actual, las visitas a sitios de interés como el Museo del Aceite, el Centro de Interpretación de la Cantería o a la Torre del Homenaje del Castillo no era posible realizarlas, así que nos limitamos a caminar un poco por sus calles y conocer este bello y tranquilo pueblo.
Partiendo desde el ayuntamiento, junto a él se puede ver la Iglesia de Nuestra Señora de Entre Dos Álamos, del siglo XVI, desde donde nos dirigimos hacia el Castillo, pasando bajo la Torre de las Campanas.
Por allí, se puede caminar alrededor de la Cerca Vieja, hasta llegar a la Torre del Homenaje, que preside imponente la localidad, y que seguro que ofrece unas vistas espectaculares de todo el pueblo, aunque en nuestro caso, nos quedamos con las ganas de poder disfrutarlas.
A la vuelta, pasamos bajo el Arco del Puerto y volvimos hacia el inicio del camino para bajar ahora en dirección contraria, hacia el Convento de La Pasión, que en su puerta anuncia que se venden dulces y productos elaborados por las monjas, aunque, una vez más, dada la situación actual, ahora mismo no están vendiendo.
Era nuestra penúltima parada en San Felices, porque ya saliendo con el coche, pasamos junto a la Ermita del Cordero, un perfecto epílogo para un gran día explorando un nuevo rincón de la provincia de Salamanca.
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