Este 2021 ha comenzado bastante agitado, ya no solo por la pandemia, que aquí sigue con nosotros, sino por la famosa borrasca Filomena, que tiño de blanco buena parte de España a principios de enero. Precisamente en esas fechas, unos días bastante señalados para la Bússola, teníamos prevista una pequeña escapada de fin de semana, pero que tuvimos que cancelar en el último momento, así que nos tocó improvisar un plan alternativo, y dado que estábamos en Asturias, aprovechamos para ir a la nieve, como muchas otras personas ese fin de semana y posteriores, pero también para hacer una ruta que llevábamos tiempo queriendo visitarla, la ruta del Desfiladero de Las Xanas, que además, dadas las circunstancias esos días, nos dejó imágenes diferentes, ya que tras un primer tramo libre sin complicaciones meteorológicas, ya en la última parte de la subida comenzaba a nevar, y durante la bajada subía la intensidad de la nevada sobre nosotros, haciendo que pudiéramos vivir una experiencia diferente en una ruta ya de por sí muy bonita.

El Desfiladero de las Xanas se ubica entre los concejos de Santo Adriano, Quirós y Proaza, a aproximadamente media hora de camino desde Oviedo hasta el aparcamiento habilitado para dejar los coches, poco antes de llegar a Villanueva, donde está marcado el inicio de la ruta. Haciendo la ruta circular, son unos 9 kilómetros de camino que se hacen bien, siendo necesario únicamente un calzado adecuado. En nuestro caso, tardamos algo más de tres horas, pero se podría hacer incluso algo más rápido, ya que las condiciones suelen ser mejores que las que encontramos.

Tras dejar el coche, hay que dirigirse a las escaleras al fondo del aparcamiento, que te llevan a la carretera, por donde transcurre ese primer tramo, hasta llegar tras unos trescientos metros al acceso de la ruta en sí, bien señalizado, cruzando al lado derecho de la calzada. A partir de ahí comienza el sendero, que rápidamente nos lleva al desfiladero excavado por el arroyo Viescas o de Las Xanas, en su descenso hacia el río Trubia.

El camino transcurre mucho más arriba que el arroyo, que en esta parte inicial solo se deja intuir por su sonido, con imágenes espectaculares del valle a nuestra espalda. La senda se hizo en su día para unir localidades de los tres concejos que hay en la zona, aunque con el pasar de los años acabó transformándose en un reclamo turístico, ya que los parajes que recorre son de gran belleza, con esta primera zona más pedregosa y con algunas galerías excavadas en la roca para poder continuar.
Hay varios tramos en los que existen cuerdas para utilizar como pasamanos, aunque en principio no hay problemas para caminar bien, teniendo cuidado porque también es una zona de posibles desprendimientos. En nuestro caso, nos tocó un día con algo de llovizna, pero pudimos atravesar y disfrutar de esta primera parte sin ningún percance.




Pasados estos primeros dos kilómetros de desfiladero, pasamos a otra zona más boscosa en la que ya sí, vemos de cerca el arroyo, y en la que empezamos a ver los primeros rastros de nieve. En este entorno, es fácil descubrir el por qué se llama arroyo de Las Xanas, ya que no es difícil imaginar a estos seres de la mitología asturiana, mujeres de gran belleza y larga cabellera que se entretienen junto al agua, que utilizan muchas veces como espejo.




El camino sigue cruzando por un puente que te traslada al otro margen del arroyo, adentrándote cada vez más en la zona boscosa, con escalones tallados en el camino para facilitar el caminar, siempre en ascenso, que termina al llegar a la ermita de San Antonio.




La ermita, situada en una zona más abierta ya, fuera de la arboleda, se divisa desde lejos, y cuando llegamos, había varios asturcones descansando junto al camino mientras los copos de nieve empezaban a caer de nuevo, una imagen auténticamente de postal para finalizar la parte más dura del camino.


A partir de aquí, ya en la localidad de Pedroveya, lugar donde se puede escoger cómo seguir el camino para volver al inicio. Volviendo por el camino ya recorrido, o enlazando con la ruta de Valdolayés, que permite hacer la ruta circular y es la opción que escogimos.
Pese a que en nuestro camino de ida no habíamos tenido mucho problema, por esta otra vertiente, sí que había bastante más nieve, lo que ralentizó algo nuestra marcha, pero sin que llegara a haber excesivos problemas para continuar.



El camino se hace entre la carretera y pistas, en un sube y baja hasta el pueblo de Dosango, a partir del cual, ya sí que el camino se hace cuesta abajo continuamente, primero atravesando pistas, que encontramos completamente nevadas, y luego ya llegando a la carretera, girando a la izquierda para encarar el último tramo de la ruta, que ya estaba sin nieve, pero donde nos tocó sufrir una persistente lluvia que empañó un poco el final de nuestro camino, aunque pese a todo, la verdad que fue una gran jornada descubriendo un paraje espectacular, con el añadido de disfrutarlo con unas condiciones difíciles de poder repetir de nuevo.
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