Tras haber contado ya en la anterior entrada nuestra primera parte del viaje, con los dos primeros días en Alsacia, ahora nos toca completar con el recorrido durante el domingo y lunes de este viaje del que teníamos tantas ganas en la previa y que, como ya habéis visto en el anterior post, no nos defraudó para nada, y que como podréis ver también aquí, mantuvo el nivel de magia navideña hasta el último momento.

Así que vamos a ponernos ya con el relato, recordando primero otra vez el recorrido completo que hicimos durante los cuatro días, con el mapa en el que se puede ver la localización de todos los lugares que visitamos, recordando que optamos por alquilar un coche para poder movernos libremente y así llegar al mayor número de sitios posibles.

Riquewihr

La primera visita del domingo fue a Riquewihr, uno de esos pequeños pueblos alsacianos que rebosan encanto en todos sus rincones. Contábamos con que siendo domingo encontraríamos bastante gente, como ya nos había pasado el día anterior sobre todo en Estrasburgo, pero nada más llegar allí vimos que al ser un sitio pequeño, eso iba a multiplicar los problemas para poder aparcar. La parte central del pueblo estaba cortada al tráfico y las pocas calles restantes ya estaban completamente llenas, así que no nos quedó más remedio que optar por aparcar en la cuneta de alguna de las carreteras que salían de Riquewihr, que por otro lado ya estaban también bastante ocupadas. Al final, dentro de lo malo, al ir relativamente pronto, pudimos aparcar no excesivamente lejos, porque de haber llegado un poco más tarde, nos habría tocado empezar la visita con una buena caminata, viendo el ritmo al que llegaba gente.

 Pero bueno, tras esta primera peripecia, emprendimos camino hacia el centro histórico, al que entramos pasando bajo el arco del antiguo Ayuntamiento. Una vez ahí, siguiendo de frente, está la calle principal, la rue du Général de Gaulle, que estaba completamente llena de gente ya a esas horas. Poco a poco fuimos subiendo esta calle atravesando multitud de puestos navideños y puestos de diferentes tipos de comida, pero destacando sobre todo esas casas alsacianas con su entramado de madera, decoradas especialmente en estas fechas en un pueblo que parecía vivir por y para la navidad, ya que todo lo que se podía ver estaba preparado para recibir visitantes en esta época, tanto las casas como los comercios.

Pese a la gran cantidad de gente, la verdad que mereció mucho la pena esta visita, ya que fue uno de los sitios que más nos gustó y en el que más ambiente vimos, con mucha variedad en todos los puestos y con un pueblo que ya de por sí es un espectáculo, acrecentado por la navidad.

Subiendo por esta calle principal se podían ver diferentes edificios destacados del siglo XVI y del XVII, encontrando a mitad de camino, desviándonos a la derecha la Place des Trois Églises. Volviendo al camino original, al llegar a la parte más alta de esta calle, encontramos finalmente el punto más característico de Riquewihr, no es ni más ni menos que The Dolder, una torre de 25 metros que fue un campanario y que es también la puerta alta de la ciudad, siendo erigido en 1291.

Cruzando bajo The Dolder bajaba ya bastante la densidad de gente y se podía callejear algo más tranquilamente por otras calles algo más alejadas de la principal, aunque también perdían algo de encanto al estar algo menos cuidadas y adornadas. Aún así, el pueblo en general nos pareció muy bonito, emprendiendo tras esa corta exploración el camino de vuelta bajando en esta ocasión por la rue du Général de Gaulle, parando en esta ocasión para aprovechar y hacer algunas compras y también para comer algo y tomar el primer Vin Chaud del día.

Otra vez en la parte baja, antes de cruzar de nuevo la puerta de entrada a la zona antigua bajo el antiguo ayuntamiento, girando a la derecha se abría una zona más específica de mercadillo navideño, llena de pequeños puestos, ya algo fuera de la zona de casas, un recorrido perfecto para terminar nuestra visita antes de dirigirnos hacia el coche, ya que aún teníamos mucha jornada por delante y viendo la cantidad de gente, ya podréis imaginar que el tráfico no era muy fluido.

Kaysersberg

Nuestra siguiente parada, ya hacia la hora de comer fue en Kaysersberg, otro de esos pequeños pueblos alsacianos con mucho encanto. Cruzado por el río Weiss y con las ruinas de un antiguo Castillo, que se pueden ver en lo alto de una colina junto al pueblo, son varios los rincones auténticamente de postal, con sus calles empedradas y sus casas con entramado de madera, merece la pena dedicarle un tiempo a este lugar.

Nosotros dejamos el coche en uno de los aparcamientos señalizados del pueblo, teniendo un poco de paciencia, ya que había bastante gente, pero al final iban saliendo coches, así que pudimos aparcar relativamente rápido, aunque teniendo que pagar 2 euros. A partir de ahí fuimos introduciéndonos hacia el centro por la Grand Rue, llegando en primera instancia al puente fortificado que cruza el río y desde el que también se divisa el Castillo en lo alto.

En Kaysersberg encontramos también mucha gente, pero sin llegar a la densidad en las calles como lo que vimos en Riquewihr, así que se podía caminar tranquilamente, pudiendo disfrutar primero en esta zona sobre el río de unas espectaculares vistas con las casas alsacianas de fondo, y con los primeros puestos navideños.

Después giramos a la derecha para ir caminando hacia la Place Jean Ittel, en cuyas inmediaciones se situaba el mercadillo navideño más grande de la localidad, atravesando antes multitud de comercios y casas decoradas, sin perder la ocasión para calentar el cuerpo con otro Vin Chaud.

Este mercadillo de Kaysersberg la verdad que no fue de los que más nos gustó, destacando más el pueblo en sí que esta zona de mercado, aunque la Iglesia de l’Invention de la Sainte-Croix, situada en las inmediaciones y que data del 1227, le daba un aire muy bonito a esta plaza, teniendo además en su interior destacadas obras artísticas, aunque en nuestro caso no entramos a visitarla ya que en el momento que estuvimos allí no estaba abierta.

Además tampoco nos entretuvimos demasiado en Kaysersberg, ya que nos quedaba aún llegar a la última parada del día, en la que pasaríamos ya el resto de la tarde, ya que se trataba de otro de los puntos estrellas de esta ruta navideña por Alsacia.

Colmar

Y esa siguiente parada del día no era otra que Colmar, a donde llegamos a primera hora de la tarde, aún de día, pudiendo aparcar en una calle relativamente cercana del centro sin tener que pagar, al ser domingo. Como apuntamos antes, esta es una de esas localidades especialmente destacadas en toda ruta por Alsacia en cualquier época del año, pero señalada especialmente en esta de Navidad en la que la mezcla arquitectónica de estilos, con muestras de gótico alemán, de estilo renacentista o barroco destaca aún más.

Nosotros empezamos nuestro recorrido por el mercadillo situado en Place des Dominicains, con la iglesia homónima y los puestos situados en todo el perímetro de esta construcción fechada entre finales del siglo XIII e inicios del XIV.

Fue un buen prólogo antes de seguir camino hacia la Place de la Cathédrale, donde se erige la catedral gótica de Colmar, un bonito templo a cuyos pies se situaban varias atracciones para niños y un mercado gastronómico.

Hasta ahí el paseo ya estaba siendo bastante espectacular, pero nos quedaba lo que más nos gustó, porque el camino seguía hacia el barrio de La Petite Venice, pasando primero por la Place de l’Ancienne Douane, donde se situaba otro mercadillo ya muy cerca de los canales del río, y con bastante animación y varios edificios que destacaban especialmente por su decoración.

Pero era solo la antesala a la zona de los puentes sobre el canal que atraviesa la ciudad, que son un auténtico espectáculo por la vista que ofrecen, pero que además en esta época del año multiplican su encanto por la decoración navideña. Llegamos aún de día y ya quedamos fascinados en el primero de los puentes junto al Mercado Cubierto, con una gran vista de las casas típicas alsacianas de fondo y las barcas pasando por el canal.

Pero es que un poco más adelante, en el puente junto al mercadillo navideño de este barrio de La Petite Venice, la gran concentración de gente que vimos, ya nos anticipaba que algo bueno se podía ver desde ahí, y vaya si era bueno, una espectacular vista con las casas decoradas y reflejadas sobre el agua, que de vez en cuando surcaba alguna de las barcas que recorren el canal. Un espectáculo de vista que nadie se quería perder, haciendo un poco agobiante el tratar de conseguir un hueco para sacar una buena foto, para lo que había que tener algo de paciencia, pero obteniendo a cambio una gran recompensa.

Ese fue nuestro primer recorrido por Colmar para ver de día todo lo más destacado en la ciudad, tomándonos ahí un pequeño descanso para un nuevo Vin Chaud y para empezar a ver los puestos navideños con calma, mientras la noche empezaba ya a caer.

Y es que una vez que la luz del día había desaparecido, empezaba un nuevo espectáculo, volver a recorrer los mismos lugares, pero esta vez bajo la iluminación navideña nocturna, que en el caso de los puentes sobre el canal, multiplicaban su belleza. Primero en el situado junto al Mercado Cubierto, un edificio que también contaba con iluminación nocturna que iba cambiando su color y le daba un toque con mucho encanto, pero es que desde el puente, se proyectaba luz sobre las casas con entramado de madera, dándoles diferentes colores que iban variando, en un espectáculo que te dejaba absorto durante unos minutos disfrutando de su belleza.

Tampoco era menos el otro puente, que ahora de noche iba teniendo poco a poco menor densidad de gente, por lo que se podía disfrutar con calma una espectacular vista con las luces ahora reflejadas sobre el agua, dando igual el lado del puente que escogieras para mirar, porque en ambos la estampa era muy bonita, igual que en el cercano mercadillo.

A partir de aquí, nos dirigimos de nuevo hacia la Place de l’Ancienne Douane, pudiendo disfrutar en ese camino entre los dos mercadillos de la preciosa proyección de un calendario de adviento animado sobre uno de los edificios, o con la bonita Maison Pfister, que pese a no estar decorada con motivos de navidad, destacaba entre los edificios cercanos.

En esta nueva zona, eran también varios los edificios especialmente iluminados, haciendo que la vista fuera continuamente aquí y allí, porque si algo hay que destacar de Colmar es su iluminación nocturna, que no dejaba de sorprendernos y fascinarnos en casi cualquier lugar.

Nuestra intención era ya ir a cenar algo en el Mercado Gastronómico que habíamos visto anteriormente en la Place de la Cathédrale, pero durante el camino hacia allí, en la calle en la que ya podíamos ver la Catedral por su parte trasera, nos tuvimos que parar a inmortalizar esa imagen, ya que la luz interior del templo permitía ver las figuras de las vidrieras, y la verdad que al menos a nosotros nos pareció una imagen preciosa, aunque fuese desde la parte de atrás de la Catedral.

Al fin conseguimos llegar al Mercado Gastronómico y allí encontramos bastante variedad para elegir, aunque no arriesgamos mucho y optamos por dos hamburguesas, que junto a dos Vin Chaud nos costaron 23’50 euros, no siendo especialmente barato, pero al menos destacando que eran de bastante buena calidad.

Cuando terminamos de cenar, los puestos ya iban cerrando, pero aún así, aprovechando que dada la hora ya había poca gente por las calles, decidimos dar un último paseo por las calles de La Petite Venice y sus puentes, realizando el recorrido que ya habíamos hecho un par de veces antes, pero ahora en muchos momentos casi solos, lo que nos permitió hacer fotos con más calma o contemplar los lugares que ya nos habían fascinado antes con tranquilidad antes de emprender el último paseo por Colmar para volver al coche y así poner fin a la visita, aunque aún no a la jornada, porque aún nos quedaban un par detalles para completar este domingo.

El primero, y a modo de curiosidad, parar un momento a las afueras de Colmar en la Estatua de la Libertad, porque sí, existe una réplica, y de un tamaño considerable, de este famoso monumento neoyorquino. Y es que la estatua fue un regalo de los franceses a Estados Unidos, y esa original fue obra del escultor alsaciano Frédéric Auguste Bartholdi, originario de la ciudad de Colmar, que decidió homenajearle instalando esta réplica, que tampoco es que esté situada en un lugar muy destacado, pero que no quisimos perdernos.

Turckheim

Y el segundo de los detalles antes de dar por terminado este domingo, era una visita rápida a Turckheim para conocer su calendario de adviento gigante, formado por tres coloridas casas con 24 ventanas en total que, desde el día 1 de diciembre al día 24 van abriéndose, una cada día, en una ceremonia en la que participan pequeños y mayores del pueblo.

Nosotros obviamente no llegamos a ver esta ceremonia, que se celebra a las 17:00 cada tarde, pero sí teníamos ganas de ver al menos este famoso calendario de adviento. Llegamos allí ya con el mercadillo cerrado y prácticamente nadie por las calles, pero el calendario estaba ahí con algunas de sus ventanas ya abiertas y luciendo perfecto en la solitaria noche de Turckheim.

La plaza en la que se situaba, junto al mercadillo, cerrado a esas horas, lucía bastante bonita y nos dejó con ganas de haber conocido más todo el pueblo, pero era ya algo tarde y el día había sido muy largo, así que nos tocaba volver al hotel y descansar para afrontar nuestro último día por Alsacia.

Eguisheim

Y ese lunes la verdad que no amaneció con el mejor tiempo, ya que estaba lloviendo de forma continua, a veces incluso bastante. Aún así no íbamos a desaprovechar el tiempo, y tras dejar el hotel, nos dirigimos a Eguisheim. Ya habíamos visitado esta localidad tres días antes, pero habíamos llegado allí ya de noche y con poco tiempo de ver los mercadillos con plena actividad, así que dado lo que los había gustado cuando estuvimos, quisimos repetir la visita, ahora de día.

En esta ocasión, ya que había más movimiento que el viernes cuando llegamos a última hora de la tarde, nos costó algo más aparcar, optando finalmente por un aparcamiento que nos costó 3 euros, en la parte alta del pueblo.

Desde allí entramos por la Rue du Rempart, bajando hasta encontrar Le Pigeonnier, que encontramos en un primer momento con poca gente, pero que en seguida empezó a llenarse de turistas que querían su foto con este símbolo de Eguisheim.

Nosotros también hicimos nuestras fotos y seguimos nuestro camino, parando en la Place du Château, que seguía espectacular, con la animación ahora de los puestos navideños, que se extendían también por la vecina Place du Marché, donde hicimos una parada, ya que comenzó a llover con más fuerza, así que debimos quedarnos un rato resguardados tomando un Vin Chaud.

Cuando pasó un poco la lluvia, seguimos el camino por la Grand’ Rue, desviándonos para ver el Castillo o la Capilla de Bruno de Eguisheim, que fue nombrado Papa en el 1049 con el nombre León IX y que se hace muy presente en esta su localidad natal.

Una vez vistos estos lugares más destacados del núcleo central de Eguisheim, volvimos hacia las calles concéntricas que se van abriendo en círculos hasta regresar a la Rue du Rempart, que nos devolvía al coche para partir hacia el siguiente destino.

Mulhouse

Nuestra última parada antes de ir hacia el aeropuerto iba a ser en Mulhouse, una ciudad muy cercana a la frontera con Suiza que es la segunda más grande de Alsacia tras Estrasburgo. Teníamos ganas de aprovechar hasta el último momento nuestra estancia en la región, pero el tiempo no nos ayudó en este lunes, con lluvia continua, unido a que aún era por la mañana, cuando llegamos al mercadillo navideño situado en la Place de la Réunion, la mitad de los puestos aún no estaban abiertos, y tampoco estaba en funcionamiento la gran noria que se ubicaba en medio de la plaza, ni se podía visitar la Catedral de Saint-Ettiénne, así que terminamos por tener que tomarnos nuestra estancia allí con más calma de lo que nos hubiera gustado.

Nos sentamos a comer algo en uno de los puestos del mercado y estuvimos viendo con tranquilidad los que ya estaban abiertos, haciendo las últimas compras ya del viaje, porque eran nuestros últimos instantes por Alsacia, ya que a mitad de tarde teníamos nuestro vuelo de vuelta hacia Porto desde el EuroAeropuerto de Basilea-Mulhouse-Friburgo, poniendo fin a cuatro maravillosos días que no solo colmaron nuestras expectativas previas, sino que nos llenaron de recuerdos bonitos y de ganas de seguir repitiendo este tipo de viajes navideños.


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