Día 3 – Cortados de Villalba, Embalse de la Toba, Nacimiento del río Tajo, Cascada del Molino de la Chorrera, Nacimiento del río Júcar y Nacimiento del río Cuervo

Para el tercer y último día, nuestro plan era volver hacia la Serranía de Cuenca, y además aprovechar para darnos un baño. Para ello, habíamos visto que en la zona conocida como los Cortados de Villalba, había varias pozas y piscinas naturales en el río Júcar que ofrecían esta posibilidad, habiendo incluso varias empresas que ofertan actividades de aventura en esta zona del cañón del río, situada justo en la zona baja del Ventano del Diablo, que ya habíamos visitado dos días antes, entrando al camino en un desvío a la derecha en la carretera algo más abajo del aparcamiento para el mirador.
En nuestro caso íbamos por libre, así que el aparcamiento está bastante limitado, porque al sendero que lleva al inicio de la ruta, solo pueden acceder los coches de las empresas de turismo de aventura autorizadas, así que, aunque cuando llegamos la barrera para pasar al camino estaba levantada, es mejor no arriesgarse a pasarla para ahorrarse diez minutos a pie, ya que a la vuelta, pudimos ver a la Guardia Civil multando a los coches que habían accedido sin autorización hasta el aparcamiento que hay algo más adelante.
Una vez pasado este aparcamiento, que como decimos se encuentra tras andar por una pista forestal unos diez minutos, entramos en lo que sería la ruta en sí de los Cortados de Villalba, en la que deberemos atravesar varios túneles, por lo que no está de más llevar linternas, porque son bastante largos y tienen agua en el interior. Estos túneles se hicieron en su día para transportar el agua del Manantial de los Baños hasta la ciudad de Cuenca, y es necesario cruzar al menos dos de ellos para llegar a la zona en la que podemos buscar puntos para bañarnos. En nuestro caso, atravesamos tres, siendo el último el que contaba con más agua en el interior, pero teniendo en cuenta eso y el llevar algo de luz, el camino es relativamente cómodo.
El acceso al río luego para bañarse no está señalizado, más bien tiene que ser un poco por intuición, al menos así hicimos nosotros, de buscar una zona en la que poder acomodarte. No hay grandes espacios para extender toallas y demás, pero merece la pena buscar un poco tu rincón para disfrutar del río Júcar, porque las vistas y la experiencia de bañarse en ese entorno resulta espectacular. El agua, como buen río de montaña, está algo fría, pero aún así se disfruta, más en meses de verano cuando el sol aprieta fuera del agua. Por lo demás, hay que tener algo de cuidado con las rocas y la corriente del agua, pero en general, si se tiene una buena autonomía en el agua, no tiene por qué haber problema para disfrutar de un buen baño en este entorno incomparable.




Nosotros estuvimos hasta después de comer, pero bien podíamos haber pasado allí todo el día, porque la verdad que nos encantó el entorno. Pero teníamos que seguir la ruta, porque aún teníamos muchas cosas marcadas para ver, así que nos tocaba ponernos otra vez en carretera, en dirección hacia Uña, pero esta vez siguiendo el camino, para llegar a la siguiente parada, el Embalse de la Toba. Este lugar es una de las reservas más importantes de agua de la Serranía de Cuenca, y en él se desarrollan varias actividades de turismo activo. En nuestro caso, viniendo ya de darnos un baño, solo paramos para contemplar el paisaje y hacer unas fotos, pero es otra buena opción para aquellos que quieran disfrutar de sus aguas para aliviar los calores del verano.




Una vez hecha esta parada, la próxima nos iba a llevar fuera de la provincia de Cuenca, y es que aprovechamos la cercanía del Nacimiento del río Tajo para dar un ‘salto’ al vecino Aragón y visitar este enclave, situado en la provincia de Teruel. En plena Sierra de Albarracín nace el que es el río más largo de la península, atravesándola hacia el oeste para verter sus aguas al Océano Atlántico en Lisboa. El lugar señalizado como el nacimiento no es especialmente destacado, con una pequeña laguna desde la que mana un riachuelo, pero a su lado, se erige una enorme estatua que simboliza el río, con otras figuras más pequeñas de un toro con una estrella, un caballero y un cáliz, que acompañan a la mayor y simbolizan a las provincias de Teruel, Guadalajara y Cuenca, provincias de las que se nutren las aguas del río Tajo en su nacimiento.


Como siguiente parada, nos dirigimos al Nacimiento del río Júcar, pero de camino se encuentra la Cascada del Molino de la Chorrera, y la verdad que es una parada casi obligada, porque es una ruta que se hace rápido, en unos diez minutos, y que te lleva a ver un salto de agua realmente espectacular. La verdad que siendo verano, no esperábamos gran cosa de la cascada, pensando que el flujo de agua podía no ser muy abundante, pero nos sorprendió gratamente y nos maravilló poder acercarnos a esa cascada y sentir el agua vaporizada. La verdad que merece la pena acercarse porque es realmente bonita.



Pero había que seguir hacia el destino original, el Nacimiento del río Júcar, al que en principio se puede llegar en coche, pero que en nuestro caso, nos encontramos con un reguero de agua cruzando el camino, y aunque no llevaba demasiado caudal, decidimos aparcar y continuar a pie. Eso nos retrasó un poco de nuestros planes, pero a cambio disfrutamos desde la mitad del trayecto de la compañía de un rebaño de ovejas que pastaba por la zona y que hizo más llevadera la caminata hasta el Estrecho del Infierno, un lugar en el que la montaña se cierra, dejando un estrecho camino por el que fluye el río Júcar en sus primeros pasos.


No pudimos quedarnos mucho, porque aún teníamos una última parada y el tiempo se nos echaba encima. Ese último destino era el Nacimiento del río Cuervo, al que finalmente llegamos algo justos de hora, teniendo que cancelar la visita completa. Solamente fuimos hasta las cascadas, que se encuentran muy próximas al aparcamiento habilitado, y que son además accesibles a personas con movilidad reducida. El salto de agua es menos espectacular que el que habíamos visto anteriormente, y tampoco permite acercarse tanto, pero aún así tiene gran belleza y la verdad que fue el epílogo perfecto para acabar el día y el fin de semana, que resultó en una gran experiencia por una provincia que nos dejó maravillados y con ganas de poder volver a seguir descubriendo sus secretos.



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